Federico es un santafesino que viajó hace unos meses a España junto a su mujer y sus dos hijos, de seis y tres años, por cuestiones académicas y laborales. Pero en pocos días la pandemia del coronavirus cambió todo el escenario.
La odisea de un santafesino para volver de España
Por Hipólito Ruiz
El domingo pasado Federico esperaba a sus padres, con quienes iban a pasar un mes en España antes de regresar todos juntos al país. Pero en la semana previa el coronavirus fue avanzando a pasos agigantados.
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"El martes de la semana pasada fue el primer día que charlamos con ellos para ver si era prudente que viajaran. Ese día empezamos a dudar acerca de que fueran. En España solo había 200 casos, pero en Italia eran 4.000. Hasta ese momento nos parecía que Italia no había sabido manejar el problema y que en España había pocos casos y en Barcelona, donde nosotros estábamos, practicamente no había casos de coronavirus. La mayoría estaban en Madrid. Pensamos que si nos cuidábamos y ellos no viajaban tanto por España, iba a estar todo bien. A ellos les interesaba más estar con nosotros que hacer turismo", contó Federico a UNO Santa Fe.
Luego continuó: "El miércoles volvimos a hablar y ya no estábamos seguros de que vayan. Pero como era su primer viaje a Europa y había mucha carga emotiva, acordamos que viajaran, pero que no iban a ir a Madrid porque ya era un lugar peligroso".
"El jueves a la mañana lo primero que decidimos fue que no vayan y que después veíamos cómo hacíamos para que no perdieran los pasajes. Paralelamente decidimos que nosotros nos quedábamos para hacer lo que habíamos ido a hacer y que no habíamos aún terminado. Pero por la tarde, Madrid anuncia que cerraba la ciudad. Eso significaba que el problema ya había escalado tanto que decidieron que la gente no se pueda mover de sus casas y que las calles iban a estar intervenidas por militares", relató.
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"El jueves a la noche –continuó– nos quedamos escuchando el anuncio de Alberto Fernández donde dice que Argentina iba a cerrar las fronteras con Europa. A partir de esa decisión de Argentina entendimos que teníamos que volver porque después ya no íbamos a tener cómo hacerlo. Ahora dicen que el cierre es por 15 días, pero después pueden decir que es por un mes y en realidad, no se sabe por cuánto tiempo va a ser".
El viernes a la mañana Federico se fue al consulado argentino en Barcelona para que los asesoren en cómo volver al país luego del anuncio sobre que iban a repatriar a todos los argentinos que estuvieran en el exterior.
"Al mismo tiempo mi mujer llamó a Iberia, que fue la empresa con la que habíamos viajado, para que nos cambien el pasaje. Obviamente habíamos comprado el pasaje más barato que no tenía posibilidades de cambio. Pero nos cambiaron el pasaje sin ningún problema. Desde el primer segundo asumieron todos los costos de todo, no nos cobraron nada. El único inconveniente que tuvimos fue que nos atendieran el teléfono. Estuvimos horas colgados al teléfono. Pero una vez que nos atendieron fue automático el cambio de pasajes", aseguró.
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En el Consulado argentino en Barcelona era otro el panorama. El lugar estaba atestado de gente y no les abrieron las puertas. Al respecto dijo: "Nos atendieron en la escalera, porque el Consulado es una oficina que queda en el segundo piso de un edificio. Había un salón de espera para trámites muy amplio, pero nos atendieron de la puerta para afuera. Ni siquiera pasaron las embarazadas, ni las familias con bebés, ni las personas mayores. Todos afuera. Nos dieron un formulario donde teníamos que poner el nombre, apellido, número de vuelo con el que habíamos viajado y un número de contacto en España. Nadie tenía un número de contacto en España".
Y añadió: "La única respuesta era: «Ustedes pongan un número de teléfono de España que nosotros los llamamos en la semana y les decimos qué hacemos». Esa era la solución para repatriar gente. Podrían haber hecho un formulario por internet y se ahorraban que la gente vaya hasta allá".
El mismo viernes todas las universidades y centros educativos cerraron sus puertas. Federico había ido a hacer un doctorado en inteligencia artificial y su mujer, investigadora del Conicet, fue a trabajar en un instituto de investigación. Ambos tuvieron que iniciar gestiones contrarreloj para sacar sus cosas de las universidades donde estaban desarrollando sus tareas. No había tiempo. El pasaje era para el domingo por la mañana y el lunes ya no se iba a permitir más vuelos.
El sábado tuvieron que armar la mudanza. Como no podían traer valijas extras, todo lo que no entraba en el equipaje lo tuvieron que dejar. "Los alimentos que teníamos comprados se los dejamos a un vecino porque ya nadie podía salir de su casa", cuenta.
Luego contó cómo fue llegar al aeropuerto de una ciudad paralizada. "El vuelo salía a las 9 del domingo y pensamos que con llamar un taxi dos horas antes alcanzaba. Pero el sábado por la noche anunciaron que a partir de las cero del domingo se cerraban las calles y nadie se iba a poder mover sin autorización del gobierno. No iba a haber disponibilidad de taxis, escaso funcionamiento del transporte público. Ahí nos dimos cuenta que no íbamos a tener cómo llegar al aeropuerto. Conseguimos que un amigo nos busque en auto para ir esquivando los controles y poder llegar al aeropuerto. Adelantamos la salida y nos fuimos a las 3 de la mañana para evitar los controles militares. Fuimos por lugares no tan transitados y llegamos sin problemas".
"En el aeropuerto estaba todo muy bien organizado", afirmó y dijo que los problemas se presentaron una vez que el avión despegó: "A la hora de salir una mujer empezó a toser y a gritar que tenía coronavirus. Si el vuelo retornaba a Barcelona nos íbamos a tener que quedar allá, porque ese era el último vuelo que salía. Por lo tanto todos los pasajeros que estaban cerca de la mujer se fueron a otros lugares del avión. Nosotros estábamos en la otra punta del avión y solo escuchábamos los gritos de la mujer, pero era una mujer que al subir al avión ya tuvo otros problemas".
"En Ezeiza –prosiguió– el control fue bastante prolijo. Le piden a la gente que complete una declaración jurada diciendo si tuvo o no síntomas; entran al avión antes de que la gente salga y lo desinfectan con un aerosol y buscan la declaración jurada donde hay que poner dónde se va a hacer la cuarentena. Cuando salimos del avión pasamos por un pasillo donde había cámaras térmicas donde nos medían la temperatura".
"Los que salieron de ahí tenían que cumplir con la cuarentena que prometieron. Eso queda en cada uno, no hay forma de controlarlo. Y cada uno se iba en los medios que tuviera. Nosotros nos tomamos un taxi y luego un colectivo. Ahí hay un hueco de seguridad, pero tampoco veo otras formas de solucionarlo", admitió el santafesino que desde hace más de 10 años está radicado en Ushuaia.
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"El gobierno cuando habla de repatriar a los argentinos, en realidad los lleva hasta Ezeiza. Nadie contempló qué se hace con la gente que llega a Ezeiza y que luego tiene que viajar a otro punto de la Argentina", se quejó.
"Teníamos que conseguir el vuelo a Ushuaia y Aerolíneas Argentinas no nos quiso cambiar el pasaje (que tenían para dentro de un mes) porque decían que no tenía cambio. Por eso nos querían cobrar cuatro pasajes nuevos, que de un día para el otro salen una fortuna. Por eso decidimos ir a Santa Fe donde tenemos un departamento donde parar. Aerolíneas nos dejó tirados. Por eso nos quedamos en Santa Fe hasta que sea la fecha del vuelo original, dentro de un mes".
"Todos los anuncios del gobierno son en futuro, como que «el gobierno va a repatriar a todos los argentinos en el exterior». Pero cuando estás del otro lado, todo es distinto. Ellos brindaron tres números de WhatsApp, dos de asistencia consular y uno de Aerolíneas. Todas las conversaciones son increíbles", aseveró.
Hoy el santafesino y su familia se encuentran en buen estado de salud y cumpliendo en Santa Fe con la cuarentena obligatoria. Desde el gobierno se comunicaron para preguntarles cómo estaban y para brindarle una serie de recomendaciones ante la posibilidad de que aparezca algún síntoma.
Federico asegura que en la Argentina y particularmente en Santa Fe, no ve que se haya tomado conciencia del riesgo. "El martes de la semana pasada en España había 200 casos y hoy ya son 12.000. Solo pasaron siete días. Acá yo me asomo al balcón y veo que la ciudad funciona con normalidad. El virus es muy contagioso y tiene síntomas muy leves por lo que nadie se da cuenta que lo tiene y cuando se da cuenta ya contagió a un montón de gente. Por eso España tuvo una explosión de los casos. Eso hay que saberlo para que no nos pase acá", concluyó.



















