Gisela Coratti hizo un viaje que le cambió la vida. Durante dos años estuvo viviendo en Bolivia y Perú, donde conoció a Jesús Dávila, su actual pareja. Esos días fuera de su Santa Fe le sirvieron para aprender a meditar y conocer diferentes formas de alimentación que hicieron que prácticamente deje de ingerir carne.
Un emprendimiento que lleva la huerta hasta la puerta de casa
En diciembre del año pasado volvió y se radicó nuevamente en la ciudad. Como diseñadora de indumentaria no consiguió un lugar donde trabajar y empezó a pensar alternativas. Su papá siempre tuvo quinta y llevó sus frutos al mercado, método de comercialización que mantiene hasta el día de hoy. Pero Gisela le propuso que deje de utilizar pesticidas y abonos químicos para trabajar la tierra y que se vuelque a una producción más orgánica.
Su papá aceptó el desafío y desde hace casi un año que dejó los aditivos artificiales; y Gisela empezó a buscar alternativas de comercialización. La primera idea fue poner una verdulería, pero eso significaba atender todo el día y no llegar a más gente que la que vive cerca del lugar donde está el negocio.
“Yo quería mostrarle esto a más gente y poder hacer un trabajo de concientización sobre la alimentación. En una verdulería la gente entra, compra lo que necesita y se va, no hay tiempo de contarle por qué debería comer palta, cuáles son todos los beneficios que eso tiene. Por eso pensamos en Facebook, porque a partir de esa página nosotros podemos contarle a la gente diferentes formas de cómo preparar los alimentos y que lo lea cuando quiera. Y nos decidimos a vender verduras y frutas a través de la red social”, le dijo a Diario UNO.
“En ese momento mi papá me preguntó cómo iba a hacer cuando me pidan un kilo de papa en una punta de la ciudad, así no iba a ser rentable el emprendimiento. Por eso se nos ocurrió hacerlo de esta manera, con bolsones. Tratamos que todos los que salen en la semana sean iguales, pero también intentamos ponerles algo diferente todas las semanas. Hay veces que conseguimos kiwi y hay personas que son alérgicas. En esos casos le podemos retirar algún producto y ponerle más de algún otro que compone el bolsón. Lo que ofrecemos es lo que tenemos en stock”, aclaró.
La variedad en la composición de los bolsones de una semana a la otra tiene que ver con que en los dos meses y medio que llevan con el delivery ya consiguieron una clientela fija. Aunque hay cosas que se repiten siempre porque son las que más se usan en la cocina, como las papas, pimiento, ajo, hay otras que varían para no “aburrir”.
“Cada semana, cuando le ponemos un producto nuevo, también colgamos recetas en el Facebook para que sepan cómo cocinarlos. Si la novedad es la remolacha, ponemos recetas de ñoquis de remolacha, ravioles o bombones de esa verdura. Y lo que conseguimos fue que la gente nos responda con un gran afecto, lo que nos sorprendió muchísimo. Nos mandan fotos, nos cuentan cómo les fue cocinando; otros nos contaron que nunca habían consumido frutas y ahora empezaron a incorporarlas”, dijo Gisela.
Luego agregó: “El bolsón hace que la gente se sienta más obligada a incorporar estos alimentos sanos porque cuando van a la verdulería buscan la papa y la cebolla y se vuelven a su casa. Con esto se encuentran con una variedad que los obliga a cocinar cosas diferentes. Además, también nos pueden pedir agregados como la palta, el aceite de oliva, entre otras cosas”.
“De Perú me vine muy entusiasmada por la forma en que comen la palta. Nosotros cuando estamos apurados entramos en un kiosco y nos compramos un alfajor; ellos tienen en todas las esquinas el puesto que te ofrece avena con leche, quinua, un sandwich de palta. Esa es una forma de alimentarse en la calle con un montón de nutrientes, cosa que a los argentinos nos cuesta mucho agregar a nuestras comidas. Esa es una de las ideas que traje desde el Perú, mostrarle a la gente que se puede alimentar mejor. Allá trabajé en un instituto de gastronomía y conocí otra forma de alimentarse”, explicó.
“Nunca me cerró –continuó– eso de vender algo. Yo tuve un negocio y cuando vendía me sentía vacía, algo me faltaba. Quería darle algo más a la gente. Hoy se está necesitando algo más que ser un pasamano o un eslabón más en la cadena”.
Gisela contó que en su viaje conoció a un chico y a una señora que eran de Suiza que le dijeron que habían salido a recorrer Latinoamérica porque en su país estaba todo tan perfecto que eran un eslabón más de la cadena. “Acá se sorprendían del afecto y la cantidad de cosas sin resolver que teníamos y de la creatividad que tiene el latinoamericano para encontrar soluciones. Eso es lo que hacemos con La Huerta Delivery, vender un producto que no tenga pesticidas ni abonos químicos. Que sea una alimentación saludable, con menos grasas, que busque cocinar en casa. Además le damos a la gente la idea de cómo congelar las comidas porque muchos no tienen tiempo, entonces cocinan el sábado y freezan para toda la semana”, expresó.
“Nuestra única manera de comercializar es a través de los bolsones, por lo tanto, todo es fresco. Además la diferencia está en el precio. En cualquier verdulería se paga el doble por lo que nosotros ofrecemos”, aseguró.
Los bolsones de verdura tienen 10 kilos; mientras que los de frutas tienen cinco kilos, con cinco productos. Los clientes pueden pedir solo uno de los bolsones o los dos. Además, los emprendedores intentan que tanto las frutas como las verduras sean de su propia quinta o de productores locales, regionales o del país. Uno de los pocos casos en los que deben importar es el de la banana, que la traen desde Bolivia. La idea es favorecer a productores chicos y poder ofrecer un mejor precio a los consumidores, para que el buen negocio sea para todos.
Hipólito Ruiz/[email protected]
















