“Yo diría que lo vi nacer al barrio”, dice Luciano Pitich. Su identificación le da la razón: tiene 83 años y hace 81 que vive en Ciudadela. “Cuando era chico, en Facundo Zuviría, delante de mi casa, a la altura del 5200, venían los del Regimiento a hacer maniobras, porque era todo campo. Desde acá se veía la puerta del Cementerio”, recordó con lucidez a Soy de.
Desde el viejo túnel de tipas a la pujante avenida Facundo Zuviría
La avenida Facundo Zuviría era muy distinta escasas décadas atrás y así lo describe Luciano: “Ahora parece un centro, pero antes estaba arbolada de ambos lados con tipas hasta Don Bosco. Se formaba un túnel, porque era una especie de ruta, de dos manos, que ocupaba la mitad de espacio que ahora. Por acá pasaban todos los autos de carreras cuando iban para alguna competición”.
—¿Cómo eran los servicios en la década del 40, por ejemplo?
—Teníamos una sola línea de colectivos, que era la 1 o la A, que pasaba por Facundo. Nunca pasó el tranvía por acá, sí por López y Planes, donde había dos líneas. Después pasaba el tren también. Pasaba el lechero, el carnicero con su carrito, el verdulero. Todos vendían en carritos, por la calle.
En una breve descripción de sus recuerdos de infancia, Luciano pinta con sus palabras sus primeros años: “Todo era quintas. En la esquina había un jardín de flores, como una quinta, pero cultivaban sólo flores. Y a todas las manzanas las abarcaba la primera quinta, hasta Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, que era la de Arlegui. Era todo del mismo dueño, que vendía todo para el barrio. El dueño era sastre y vendía por bolsa o por peso”.
—¿Cuándo se instalaron la mayoría de las casas en la zona?
—El crecimiento se dio primero del otro lado de la avenida, en el barrio Escalante; después de este lado. Antes no había luz eléctrica, por ejemplo. Fue lo primero que instalaron. Después vino el pavimento y el agua corriente. La avenida se ensanchó dos veces. En la primera etapa hicieron un cantero ancho en el medio y después lo cambiaron. El gas y las cloacas llegaron hace muy poquito.
—¿Había algún paseo o baile tradicional?
—No recuerdo dentro del barrio, pero íbamos a Fomento 9 de Julio por ejemplo o a la Tropicana, cerca de Don Bosco. Nosotros los domingos teníamos como costumbre visitar a los paisanos, pero hemos ido algunas veces al cine Rex, que estaba por López y Planes, cruzando todo el campo. También hubo una época de cine a cielo abierto en el Castellanos. En Carnaval, los corsos más cercanos eran los del Bulevar. Sólo un año se hicieron en Facundo Zuviría, hace mucho tiempo.
Buenos recuerdos
Elda Gainza, más conocida por sus vecinos como Lela, vive en el barrio desde 1945. No hay caminante que pase por la puerta de su casa y no la salude, cuando sale con su sillón a la vereda –como otros tantos en su cuadra– en las tardecitas de verano.
“Cuando yo era chica, en esta zona no había asfalto ni agua corriente. Sólo teníamos luz eléctrica. La única pavimentada era Facundo Zuviría, con sus dos hileras de tipas a ambos lados y zanjones. Hasta Diagonal Goyena era ruta. Muchos la llamaban Carbonilla, porque la rellenaban con eso. Era el paso que utilizaban todos para ir al Cementerio cuando llevaban los muertos, porque el resto estaba casi todo cerrado por las vías”, aportó con una memoria increíble.
—¿Cómo estaban pobladas estas primeras manzanas de Ciudadela?
—Había pocas casas por cuadra. Por manzana no había ni 10 casas. Con decir que desde calle Francia se veía perfecto el club Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, porque era todo baldío. Quintas había desde Agustín Delgado hacia el sur hasta la vía. Me acuerdo que, además de frutas y verduras, sembraban gladiolos. Negocios había pocos. Estaba el almacén de ramos generales Bauzara en la esquina de Facundo y Milenio de Polonia, que antes se llamaba Salvador del Carril.
Lela recordó también que la línea 1, la única que circulaba por Facundo Zuviría, “pertenecía a los tranviarios, por eso tenía el mismo color que los tranvías, y sus coches se guardaban en el mismo lugar, en la esquina de Mariano Comas y San Jerónimo, donde ahora funciona una concesionaria de autos”. “Los guardaban todas las noches, porque desde la 1 no había más servicios”, se acordó la simpática abuela –ahora bisabuela de tres niños ya–, en diálogo con Soy de.













