Economía

Economía feminista: "Las mujeres deberían invertir en organización social"

Las economistas Sofía Scasserra y Patricia Laterra analizaron para UNO Santa Fe el mercado laboral desde una perspectiva de género en el contexto nacional de la crisis económica

Sábado 27 de Octubre de 2018

Las economistas Sofía Scasserra (economista e investigadora) y Patricia Laterra (licenciada en Economía e integrante de Economía Feminista de la SEC) en diálogo con UNO Santa Fe analizaron desde una perspectiva de género la variedad de realidades que atraviesan las mujeres en los mercados laborales en el contexto de crisis nacional. Desde el emprendedurismo hasta estrategias de inversión, pasando por el cupo laboral, describen cómo pensar una economía feminista.

La visita a la ciudad de Santa Fe se dio en el marco de la presentación del documento Aportes de la Economía Feminista desde Argentina publicado por Fundación Friedrich Ebert en Santa Fe a través del Centro de Estudios Municipales y Provinciales. El texto es un análisis compuesto por 12 autoras y comprende debates del campo de estudio mencionado en el título en relación a la coyuntura nacional. "Rompiendo con las distinciones típicamente liberales entre lo público y lo privado, la economía feminista ofrece nuevas luces para comprender la reproducción social de la vida", anuncia la tapa del trabajo en el marco de la coyuntura argentina.

—¿Cómo se construye una economía feminista?
Patricia Laterra: Es fundamental la perspectiva de la economía feminista para empezar a trabajar la problemática de la desigualdad sobre el nudo de la producción y la reproducción. Es decir, desde las desigualdades de lo que hoy en día produce el mercado, y particularmente el del trabajo con las brechas de género. Apunta al componente fundamental que es el reproductor de la desigualdad: la organización social del cuidado. Hay una diferencia del uso del tiempo entre géneros de las tareas domésticas y de cuidado no remunerado. Si empezamos a pensar esa diferencia del uso del tiempo nos vamos a dar cuenta que es muy complicada la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo y que además es más precaria porque cargan sobre sus espaldas diferentes arreglos que deben hacer de acuerdo a la vida de cada uno. Por una determinada organización de la sociedad en que crecemos, la gente tiene hijos o hijas, y esa responsabilidad termina quedando en las mujeres. Pero no solo eso sino que se cuida en toda la trayectoria vital, no solamente a los niños y niñas, sino también a los adultos mayores. Todas las personas somos interdependientes. Desde aquí es fundamental que podamos pensar políticas públicas y sociales con una perspectiva de género tal que tenga esas sensibilidades para poder transformar las diferentes capas en donde trabajamos.

Sofía Scasserra: Creo que el vector de desigualdad que implica el trabajo de cuidado en la economía del cuidado o del amor, como se le llama, es fundamental y esencial, pero también entender hacia dónde está yendo la economía y los empleos del futuro para poder insertar luego a esas mujeres en el mercado de trabajo de una manera eficiente y que realmente signifique una reducción de la desigualdad entre hombres y mujeres. Entonces me parece importante no solamente tener en cuenta estas redes de cuidado sino ver hacia dónde está yendo la economía para poder entender qué políticas públicas necesito para acompañar esas redes de tal manera que cuando las mujeres puedan liberarse de esa carga horaria y de la doble o triple jornada de trabajo encuentren políticas públicas acordes que puedan hacer que se reinserte en lo laboral sin tener que optar por los empleos precarios que es lo que suele ocurrir.

—Cuándo se habla de futuro se tiende a pensar en tecnologías, ¿tenemos las mujeres igual acceso a ese mundo?
S. S.: Es importante tener en cuenta que el 60% de la humanidad aún al día de hoy está desconectado de internet. Y este es un dato realmente alarmante porque implica que muchas personas alrededor del mundo no se está pudiendo adaptar a lo que requiere la economía del futuro. De ese total la mayoría son mujeres. Pero no es solo eso, hay una desconexión digital de infraestructura de tener acceso a internet, y también en cuanto a países desarrollados y subdesarrollados. Por ejemplo, si el empleo del futuro me demanda trabajar desde mi casa a través de internet y yo tengo 24 o 48 horas sin luz aún en la ciudad de Buenos Aires o en San Pablo, va a ser muy difícil lograr que me pueda mantener en ese mercado de trabajo teniendo problemas estructurales tan grandes. En ese sentido las mujeres tienen mucho para perder porque son las que en promedio tienden a ese tipo de empleos porque les permite conciliar su vida personal con la laboral. El empleo remoto es una manera de inserción de las mujeres en el mercado de trabajo y si los problemas de estructuras de los Estados van a afectar ese empleo remoto, muy probablemente afecten aún más a las mujeres.

P. L.: También pensar que la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo es fundamentalmente en el área de servicios es para problematizar, pero también en el área del trabajo doméstico y cuidado siendo remunerado es muy difícil de reemplazar porque tiene que ver con las condiciones materiales y de contacto humano. La educación, la salud, los alimentos, son todas áreas muy feminizadas. También se genera ahí una tensión en el futuro de trabajo y los tipos de trabajo donde se pueden insertar. La trayectoria en la que vienen las mujeres incorporándose en los ámbitos de educación para poder acceder a esos trabajos, ahí sí es fundamental la brecha para poder tener una capacitación en ciencia y tecnología. Tenemos que saber de qué tipo de mujeres estamos hablando. Muchas veces las de clase media, o media alta pueden tener ese acceso, pero la brecha digital existe más en las personas más empobrecidas.

—¿Qué pasa en un contexto nacional donde hay una crisis económica con las mujeres?
P. L.: Hay dos frases que son muy interesantes: "Eso que llaman amor es trabajo no pago" y "lo que no cuida el Estado lo cuidan las mujeres". Cada vez que hay programas de ajuste estructural y achicamiento de las funciones del Estado, de la política, a veces no lo asociamos por ejemplo a la calidad en la salud pública o de educación pública con la vida de las mujeres. Y es fundamental, porque tener buen transporte público y camas en los hospitales es importante para que todo ese trabajo que es el de cuidado no recaiga en incrementar las horas de trabajo de las mujeres. Es para investigar de manera profunda qué pasa, pero sí tiene que ver también con todas estas cuestiones de que si el Estado desaparece ¿quién cuida? También qué políticas de fortalecimiento de los derechos laborales y condiciones se pueden tener cuando cada vez el desempleo se incrementa más y donde el ajuste tiene que ver con precarizar derechos laborales. Ahí indefectiblemente las mujeres son las más afectadas porque son quienes se insertan en los sectores más precarios.

S. S.: El contexto actual de la Argentina implica un desafío en todo sentido porque también a nivel mundial estamos viviendo un momento de incertidumbre económica nunca antes vista. Con un mundo que pasó de una estructura unipolar con Estados Unidos como primera potencia a una bipolar o multipolar. Con una economía en la que está cayendo el capitalismo neoliberalista claramente que se ve en temas monetarios, económicos y de seguridad, pasando a un capitalismo nuevo que no entendemos bien cómo funciona que es el asiático y chino. Está cambiando la estructura de trabajo, qué es lo que se demanda a los puestos de trabajo del futuro. La realidad es que la economía del cuidado está creciendo cada vez más con el aumento de la esperanza de vida de los adultos mayores, pero también esos puestos son en los que tenemos más participación masculina. Y con tasas de natalidad que van cayendo a nivel mundial ahí sí predominan las mujeres en esos empleos. Si bien el sector de la economía del cuidado está creciendo, lo hace donde los hombres tienen mayor participación. Por otro lado, en los empleos mejores pagos que demanda la economía tecnológica o capitalista vemos que la mayoría de puestos que se generan –que son altamente remunerados– son dentro de las ciencias duras: ingeniería, programación, informática, física. Y en estos sectores las mujeres representan nada más que el 16% de los profesionales. No solo eso sino que la economía de servicios en general está tendiendo a virtualizarse a través de empleos de plataformas, y son en los que las mujeres encuentran una oportunidad laboral muy importante, pero estos empleos son altamente precarios, están controlados por algoritmos que son dilapidarios a la hora de no cumplir alguna demanda que hagan las plataformas. En estos nuevos empleos la brecha salarial y la del tipo al que se insertan hombres y mujeres se va ampliando a menos que haya políticas públicas que orienten a esa inserción laboral en la economía del futuro.

—A partir del movimiento feminista, sobre todo este año, se han comenzado a crear algunas redes de comercio con emprendedoras. ¿Qué es lo que tienen que saber a la hora de hablar de economía?
P. L.: Desde el 2015 con las primeras marchas de Ni Una Menos, y la organización de los paros de mujeres, se puso bastante en consideración la noción de que eso que se hace dentro de las casas, en lo doméstico, también es trabajo. Se están organizando por ejemplo en plataformas de Facebook para contratar a mujeres que trabajan, o armar ferias de la economía popular feminista y con mucha reivindicación del discurso del emprendedurismo. Todo tiende a revalorizar ese discurso pero en el ejercicio de los emprendedurismos salen a flote las precariedades, como por ejemplo la de ser tu propia jefa. ¿Qué pasa si me enfermo y no puedo generar ingresos ese día? ¿qué pasa si sube el dólar y me suben los precios de los materiales con los que trabajo? Muchas feministas se vienen dando cuenta de que no es solamente pensar en la forma de deslindarse de un jefe o una oficina o un espacio de trabajo donde tenés un patrón. Hay tensión entre ser feminista y soportar violencias en el trabajo porque nadie habla de la violencia en los espacios laborales por los estereotipos de género y que es por lo cual muchas mujeres no quieren persistir en ámbitos que por una cultura empresarial es difícil de desaprender. Pienso que la marea verde trae una sensibilización importante. Creo que la economía feminista, más allá de hablar del trabajo doméstico, también implica en sensibilizar en que esto de ser vos tu emprendedora, y tiene que disparar la alarma de la protección, la seguridad social, de tratar de romper el discurso individual de la relación que tienen los individuos con el Estado y con cierta protección que va más allá del día siguiente. ¿Qué pasa si tenés hijas? ¿Qué pasa si necesitás una cobertura de salud que el monotributo social no puede contemplar? O si tenés un accidente laboral, que es algo que puede suceder y hay que empezar a hablar.

S. S.: Esta nueva cultura de trabajo emprendedor a nivel global se está permeando mucho en algunas redes feministas o de mujeres donde se vincula al empoderamiento de la mujer con el emprendedurismo. Se vincula a esta mujer empoderada con ser jefa de sí misma cuando en realidad no necesariamente tiene que ver con eso. La mujer empoderada tiene que ver con tener derechos, redes de contención, es una mujer con Estado presente, que tiene garantías, formas de sostener su vida y su familia, sin necesidad de tomar los riesgos que implican los negocios o un proyecto emprendedor. En este sentido esto es válido para hombres y mujeres. Este trabajo emprendedor que nos quieren vender como la nueva panacea de liberarse del jefe cuando sabemos que no es tal porque terminamos dependiendo de otra empresa más grande que vos o directamente de un algoritmo matemático que dicta las reglas y del cual no podés hacer mucho al respecto. Entonces, me parece que es importante reivindicar la figura del trabajador en general y entender que una mujer empoderada no necesariamente tiene que ser jefa de sí misma, sino que es aquella que logra tener igualdad de condiciones frente a hombres y mujeres y logra los mismos derechos y garantías que tiene cualquier otra persona dentro de una sociedad. Si logra ser jefa y tener un emprendimiento bienvenido sea, pero no es la mayoría de la población.

—Pensando en que estas redes de emprendedoras surgen en contexto de crisis, ¿en qué deberían invertir las mujeres?
P. L.: En organización social, diría yo. La verdad es que creo que hay un contexto muy complejo para la inversión autogestiva e inclusive para las pymes porque este es un proyecto económico con ganadores y perdedores muy claros. Los ganadores son el capital transnacional y concentrado. Entonces, hay muchas estrategias de supervivencia y es ahí donde se están desarrollando las mujeres. Y nadie mejor que las mujeres para hacerlo cuando tienen que cuidar. Hoy en día no me animaría a decir "invertir" en tal o cual lugar y creo que es muy rescatable que el empoderamiento tiene que ver con crear redes de cuidado y contención. Donde se puedan sentir contenidas cuando claramente sabemos que el Estado se está retirando cada vez más. Más que eso no me animaría a responder. Invertir hoy con una tasa al 75% es muy complicado en este país. Yo les diría que no tomen deuda. En lo único en lo que pueden invertir es en su fuerza de trabajo.

S. S.: Estoy de acuerdo con Patricia en invertir en redes. Me parecen importantes los espacios de información y concientización para que esas mujeres realmente se den cuenta de todos los derechos que han perdido durante los años y vayan por ellos. Y después creo que las mujeres en sí no tienen mucho más. Pienso que hay que reclamar las políticas públicas, eso es lo que hay que hacer en este momento. Políticas públicas de inserción laboral, educativas, de redes de cuidado, formación. Es ahí donde las mujeres tienen que invertir, si se quiere. Cada una es cada una y que cada una haga lo que quiera, justamente de eso se trata el feminismo. Qué cada una pueda ser libre de ser quien quiera ser y de autoconstruirse a sí misma como un ser humano libre, lleno de derechos y con igualdad de oportunidad con respecto al resto de la población. Qué decirle a las mujeres, en qué tienen que invertir, no sé. Pero sí decirle al feminismo que tienen que invertir en estas demandas de políticas públicas.

—Hace unos días una colectivera consiguió que se contrate un 30% de choferes mujeres en unas empresas, ¿el futuro del mercado laboral es que haya cupo para las mujeres?
S. S.: El cupo es un instrumento muy interesante mientras existan desigualdades, mientras el techo de cristal sea difícil de romper. Si hablamos de una sociedad ideal, la verdad es que me gustaría que no haya cupos, donde todos tengamos acceso a empleos simplemente por el hecho de querer, poder o tener condiciones para trabajar en eso sin importar si son hombres o mujeres. Pero la realidad es que en algunos lugares de trabajo sería muy difícil poder acceder a romper ese techo y a poder estar dentro de la discusión por más que vos seas idónea, por más que tengas estudios y por más que hayas sido preparada. Por lo cual me parece que sostener cupos en el comienzo de esta reivindicación es importante pero me gustaría soñar con un futuro donde los cupos sean eliminados y llegar a una sociedad igualitaria.

P. L.: En la demanda del cupo creo que es interesante pensar en las estrategias que vienen llevando adelante las travestis porque la ley de cupo laboral trans es muy importante, pero también hay que pensar en cupos para qué inserción. Porque a veces la inserción laboral de las travestis es en las escalas más bajas del empleo. Y preguntarse con qué garantías protectoras y sociales, que no sea solamente una cuestión de cantidad sino que hay que ver la segregación horizontal y vertical para poder mejorar nuestra calidad de vida. Desde una economía feminista tratamos de desarrollar y pensar la sostenibilidad de la vida, y eso implica al cuidado como un eje central porque todas las personas somos vulnerables e interdependientes. Ahí todas las sociedades del mundo tienen el desafío de poner al cuidado en un lugar central. Amaia Pérez Orozco que es una economista feminista española, dice descentrar los mercados y poner en el medio al cuidado. Porque justamente hoy volvemos a "el tiempo es dinero", las sociedades son muy injustas en términos del uso del tiempo, entonces hay que demandar políticas públicas y formas de organización. Creo que el feminismo tiene que tomar partido por el trabajo doméstico y de cuidado para revertir el desigual uso del tiempo y que se entienda al cuidado como un derecho social. Tenemos que pensar no solo en los Estados sino en qué poder tiene el corporativismo, qué papel tienen las empresas transnacionales y qué tajada sacan de todo esto. Las empresas necesitan personas cuidadas, sanas, alimentadas, higienizadas, bien educadas y en todo eso tiene que ver el cuidado, entonces creemos que las empresas también se tienen que hacer cargo de esa responsabilidad. Eso también tiene que ver con incluir en el debate la calidad, pensar en qué parte del presupuesto se dedican a cuidar. En eso estamos muy atrasados, en los presupuestos de la perspectiva de género.

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