Julio M. Cantero
Agustín Uleriche, el que dignificó a la amistad y edificó su templo
Diario UNO Santa Fe
Agustín Carlos Uleriche nació en el Paraje Estancia Los Cuervos, a sólo 30 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, el 29 de mayo de 1937. Hijo de Carlos Uleriche y Martina Savoye, desde muy pequeño comenzó su estrecha relación con el río.
“Allá en la Vuelta del Pirata, yo trabajaba como pescador artesanal y vendía el producido de mi pesca a acopiadores, el pescado sobraba y, entonces, posteaba algunos amarillos y moncholos, los fritaba en mi ollita negra al lado de mi canoa, en la vera del arroyo Leyes, e invitaba a quien lo quisiera compartir a cambio de algo de provista para mi ranchada en la isla. Pasó poco tiempo y mi fritanga tuvo un éxito impensado”, señalaba Chiquito al contar sus comienzos.
Y continuó: “Tanto es así que, los mediodías de los domingos, gente de la ciudad venía a la costa a comer mi frito, de parado y a la sombra de un aromo, al lado del río. Al ver esto, mi amigo, don Roco D’Aleva, trajo de regalo un tablón y dos caballetes, para que les ofreciera a mis clientes mayor comodidad. Más gente me visitaba, la sombra del aromo fue quedando chica, y comencé a fabricarle un alero de paja a mi ranchada, donde ubiqué el tablón y algunas sillas. Pero en poco tiempo me quedé corto de espacio, y el alero se transformó en quincho, que siguió creciendo, y abrió sus puertas a todos el 28 de agosto de 1965”.
El Quincho estuvo ubicado en la Vuelta del Pirata hasta que la devastadora crecida del Paraná de 1982 obligó la mudanza a la capital. Tras un período en la Rotonda de la Costanera Oeste, el actual emplazamiento abrió sus puertas el 2 de febrero de 1984.
El inolvidable Carlos Monzón comenzó a frecuentar el lugar en 1967 (ya era campeón argentino y sudamericano mediano). Años después, Escopeta supo que el padre de Chiquito fue el que les había dado comida y refugio a su padre Roque y a su hermano Inocencio cuando la familia Monzón se mudó desde San Javier hacia Santa Fe en diciembre de 1951, lo que el más grande púgil profesional de la historia santafesina absolutamente jamás olvidaría.
El incomparable Escopeta sería quien popularizó al templo de la amistad fuera de Santa Fe. “Siempre digo que Carlos me hizo la mejor publicidad y gratis. Cuando ganaba una pelea iba a lo de Mirtha Legrand y ella le preguntaba adónde iba a festejar. Él le contestaba que venía acá porque se comía el mejor pescado del mundo”, recordaba Chiquito.
“Y lo que muchos no saben –prosiguió–, es que Carlos me dio la idea para colgar todas estas fotos en el Quincho. Yo había ido a ver la pelea con (el australiano Tony) Mundine y le comenté que me gustaba una foto hermosa de él que vi en el hotel Splendid Bouchard, frente al Luna Park. Me dijo que esa noche lo noquearía y me daría una foto. Y así fue, me la dio con los guantes de esa pelea y los colgué juntos en el Quincho. Antes había unos bichos embalsamados pero me dijo que los tire, que compre una cámara y cada vez que viniera gente importante o amigos, les saque una foto. «Con el tiempo me vas a dar la razón», me dijo, y le hice caso. Fue un visionario”, reconoció Chiquito.
Diego Armando Maradona, Alain Delon, Pelé, Carlos Saúl Menem, Susana Giménez, Horacio Guarany, Ramón Palito Ortega, Carlos Alberto Reutemann, Amílcar Oreste Brusa y el propio Monzón, entre tantos otros, se retrataron junto a Uleriche. “Les cociné a todos los gobernadores y presidentes. La gente que viene acá es increíble, se sacan fotos, y son de todos lados”, expresaba.
El Quincho de Chiquito es historia pura, un ícono y motivo de legítimo orgullo para todos los santafesinos y visita obligada para quienes arriban a esta capital. Mediante Ordenanza Nº 10.358, el templo de la amistad fue declarado de Interés Turístico Municipal en octubre de 2002, ya que más de 1.500 fotos atestiguan las visitas de importantes personalidades del espectáculo, arte, ciencia, deporte y política, entre otros ámbitos.
El 1 de octubre de 2004, el por entonces intendente capitalino, Ezequiel Martín Balbarrey, lo distinguió “por su mérito y trayectoria turística”, a través el Plan Estratégico de Pesca Deportiva y Turismo de la Municipalidad de Santa Fe. Además, el 1 de noviembre de 2007 y, según la Resolución Nº 093, la Cámara de Diputados de nuestra provincia distinguió a Chiquito por “su esfuerzo volcado en más de 42 años de actividad, que han contribuido en hacer conocer la cultura gastronómica del litoral santafesino, fomentando el turismo y el culto a la amistad”.
Chiquito dignificó y honró a la amistad como pocos y desde que el 23 de diciembre de 1992, Carlos Monzón recaló en la Unidad Penitenciaria Nº 2 de Las Flores –donde cumplió la última parte de su condena por la muerte de su última esposa, Alicia Muñiz–, Chiquito estuvo al pie del cañón para ayudar a su amigo del alma en el más difícil momento que debió sortear en su vida. En los casi 25 meses que Carlos estuvo en Las Flores, al almuerzo y la cena se los mandó Chiquito y Escopeta, prácticamente jamás supo qué sabor tenía la comida de ese penal.
Chiquito falleció el lunes 22 de agosto de 2011, a los 74 años, y sus restos descansan en el cementerio de Santa Rosa de Calchines. Desde el 20 de julio de 2012 y por resolución del Concejo Municipal, el tramo que va del 00 al 100 de Obispo Príncipe, que une el Quincho y la Avenida Almirante Brown, donde está el monumento a Monzón donado por el CMB, pasó a llamarse Agustín Carlos Uleriche.
En el ring de la vida
El martes 20 de julio de 2010 –Día del Amigo– se presentó en la ciudad de Santa Fe la obra En el Ring de la Vida, dedicada a dos de los muchos Santafesinos Ilustres que siempre dejaron bien en alto a esta tierra: Amílcar Oreste Brusa y Agustín Carlos Uleriche. El trabajo, de 80 páginas, fue realizado por el periodista Javier Adolfo Valli, corresponsal del Diario Deportivo Olé en Santa Fe, y contó con la colaboración del periodista Julio M. Cantero, de Diario UNO de Santa Fe.
En el libro se plasmaron las vidas del Maestro y Chiquito, desde sus infancias, sus inicios en sus respectivas actividades y el hilo conductor que los unió décadas atrás: el incomparable Carlos Monzón, el más grande boxeador de nuestra historia y uno de los más reconocidos y respetados del mundo, la obra cumbre e hijo del corazón de uno, y el sincero e incondicional amigo y hermano del alma del otro.
Diagramada por Rodrigo Espinosa, la obra cuenta con fotos inéditas y datos biográficos y estadísticos de ambos, quienes hicieron de la amistad un verdadero culto.













