Mariano Ruiz Clausen
Aseguran que la Fe y la oración son claves para curar enfermedades
Diario UNO de Santa Fe
Las opiniones sobre el vínculo entre la Fe y la Salud se remontan a la Antigüedad, del mismo modo que existe para el catolicismo una relación entre las conceptos de “salvación” y “sanación”.
La ciencia contemporánea hizo estudios al respecto cuyo rigor científico, o no, excede lo que este informe se propone o puede interrogar o responder.
“Tener fe puede mejorar significativamente el tratamiento de las personas con enfermedades psiquiátricas. Así lo asegura un reciente estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard y el Hospital McLean, en Estados Unidos”, puede leerse en http://actualidad.rt.com/sociedad/view/92844-creer-dios-enfermedades-psiquiatricas, y en un sinnúmero de sitios web.
Allí afirman, sin vacilar, que los especialistas investigaron en el transcurso de un año a 159 pacientes con enfermedades psiquiátricas ingresados en el Hospital McLean -que funciona también como escuela de formación de psiquiatras de la mencionada universidad-, “a fin de encontrar la relación entre el nivel de fe de un paciente, las expectativas de curación y los resultados reales”.
“Para ello -agregan en el sitio- se pidió a cada participante que calibrara en una escala de cinco puntos su fe en Dios, así como sus expectativas de curación. Por otro lado, se evaluaron al inicio y al final del estudio los niveles de depresión, de felicidad y los daños físicos autoinfligidos”.
Concluyen que los pacientes con niveles altos de fe tenían el doble de probabilidades de responder más rápidamente al tratamiento que los pacientes ateos o agnósticos. “El autor principal del estudio -aseguran-, el doctor David H. Romero, afirma que esta relación se produce «independientemente de su afiliación religiosa», y que los pacientes obtienen una mejora en su bienestar psicológico y un descenso «en su depresión y su intención de provocarse daños a sí mismos»”.
Para profundizar en estas temáticas, Diario UNO consultó el psiquiatra santafesino Lucas Raspall (UNR), quien ha dedicado tiempo a repasar la extensa bibliografía sobre el tema y responde a la entrevista a partir de su experiencia individual y con sus pacientes.
-¿Qué teorías o estudios establecen un vínculo entre la Fe, la religiosidad y la salud mental o la salud concebida integralmente?
-Teorías, muchas; estudios, otro tanto; experiencias clínicas, más aún, tantas como terapeutas y pacientes que se hayan animado, juntos, a recorrer el camino de la espiritualidad hace muchos años, desde el nacimiento del psicoanálisis quizás, cuando la búsqueda del conocimiento de la mente se separó del espíritu. Un movimiento, a mi humilde criterio, equivocado. Y desde entonces la brecha abierta no buscó acortarse sino sólo por algunos reconocidos teóricos que pretendieron encender la advertencia. De la misma manera, en paralelo a la opinión psicoanalítica sobre la religión, el método científico no logró poner bajo el microscopio al alma. Así, fiel a sus leyes, denunció su inexistencia, otro golpe importante para la espiritualidad, mas no letal. Es que, veamos o no el alma, la podamos asir o no, está, la sentimos, tenemos una certeza intuitiva (no racional) de su presencia. Y en su terreno se juega la espiritualidad. Actualmente, son muchas las ramas que se vienen abriendo, desde la medicina y las neurociencias, para explicar el fenómeno místico, la importancia de creer, de alcanzar estados en los que se logra la comunicación con el todo (póngale usted el nombre que le quede más cómodo). Y, ciertamente, los resultados favorables hacia el mejoramiento de la salud son contundentes.
-¿Por qué es necesario creer en algo?
-No me animo a afirmar que sea necesario. En todo caso, sí estoy seguro que es elegible. Pero esto es una decisión personal, elección que debe pasar por el corazón y la cabeza. Es necesario entonces para el que cree. Pasando entonces presurosamente al terreno de las opiniones, creo que somos muy poca cosa para pensar que no hay nada más allá de nosotros. Sólo porque somos ligeramente más pensantes que el resto de los animales de este mundo, no me animo a decir más inteligentes (habría que definir este término primero), llegamos a creer que somos lo más importante, lo más grande del universo. ¡Gran error! Esta idea no fue más que el camino a la pérdida del sentido individual y colectivo. Somos finitos, vinimos a este mundo teniendo sólo una certeza: vamos a morir. El sentido de nuestra presencia, de esta breve pasantía, debemos encontrarlo reconociendo primero que solamente somos una gota de agua en el océano. Eso sí, tan importante y necesaria como la que está al lado nuestro. A partir de aquí, la vivencia de que existe eso que nos trasciende, es un camino posible, y una vez que se suba, no querrá bajar.
En primera persona
-¿Qué impacto -hipotético o probado- tiene la oración, particularmente?
-Probado, poco, porque la ciencia no tiene herramientas para medir lo que no ve. Los estudios que convocan la subjetividad en su forma más plena no alcanzan el rigor científico, pero que la ciencia no pueda explicar ciertas cosas no es para mí un gran problema. El impacto de la creencia, la fe, la oración es algo que sólo se puede vivir y medir en primera persona. Creo que quien debe responder esta pregunta es aquel que reza, cada una de esas personas que saben, en carne propia, la influencia de ese estado de apertura y comunicación con aquello que nos trasciende. Mi respuesta, no como psiquiatra sino sólo como hombre de fe, es que el impacto de una vida que le da a lo espiritual un rol protagónico es alto.
-¿Puede mencionar algún caso?
-Podría contar muchos, por lo que elijo hacerlo de manera general y no particular. Muchos cuadros de depresión noógena -que surge como consecuencia de problemas existenciales en la persona, y no por una conflictividad interna de impulsos e instintos, como la entiende Freud-, enseñaba Viktor Frankl, encuentran la salida solamente en el reconocimiento de un sentido trascendental en la propia vida. Los trastornos de ansiedad, por otro lado, saben hallar grandes herramientas en la paz espiritual que se alcanza a través de la meditación o, lo que es similar, la oración vivida con atención plena. La soledad -que no es ningún diagnóstico psiquiátrico pero sí una experiencia que oficia de disparador de muchos de ellos-, puede ser erradicada en el reconocimiento (en la experiencia, no en la sola razón) de que somos parte del todo. Nuestro futuro depende, al menos en buena medida, de nuestro accionar, otorgándonos este hecho un enorme responsabilidad y recobrando aquí cada uno un papel protagónico. Si aceptamos que la vida es posibilidad, entonces debemos asumir que hay un campo en el que podemos construir la realidad de un mundo distinto, mejor. No olvide que el espacio de libertad que medió nuestro encuentro con eso que llamamos realidad es donde se escribe el destino.
Los caminos de la sanación
El Padre Fernando Peretti es de Buenos Aires y uno de los máximos referentes de la Escuela de Espiritualidad Convivencia con Dios, desarrollada por el jesuita Alberto Ibáñez Padilla, quien introdujo la Renovación Carismática Católica en la Argentina, aproximadamente en 1960.
El Padre Peretti llegó hace poco más de una semana a la Parroquia del Perpetuo Socorro que está en El Pozo, en Santa Fe Capital, a dirigir una jornada intensiva de Sanación para los Enfermos y Afligidos. Comenzó el lunes pasado, se realizó toda la semana de 20 a 22, y culmina hoy domingo por la noche.
“Podemos ver aquí que poseemos una gran riqueza por la fe que tenemos en Dios, que nos ayuda en nuestra necesidad de Salud y en nuestras enfermedades. Leemos en los Evangelios que Jesús, como parte de su Ministerio, sanaba enfermos. Y la buena noticia es que sigue haciéndolo aún hoy”, expresó con entusiasmo el sacerdote, en diálogo con Diario UNO.
-¿De qué modo sana Jesús?
-En algunos casos lo hace directamente, cuando recurrimos a él sin más intervención que la oración nuestra. A veces responde enseguida, a veces de a poco, o nos va llevando primero a dar otros pasos. La Biblia también nos dice que Jesús responde a nuestras oraciones a tavés del Médico, de los tratamientos, de los remedios. Recurrimos a Jesús por medio de la oración y al servicio del médico, colaborando responsablemente con la ayuda de la ciencia.
-¿Cuáles son para la Iglesia los pasos fundamentales para la sanación?
-Lo fundamental es estar en estado de Gracia, en una relación de amistad con Dios que a veces se corta porque nos alejamos de él, o caemos en el pecado, y perdemos ese contacto íntimo con el Señor. Estando ya en Gracia de Dios, también son importantes para ayudar a nuestro proceso de sanación la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios leída, meditada o rezada, y participar también de una comunidad creyente. Muchas veces los hermanos nos ayudan de múltiples maneras. Con su oración, con sus consejos e incluso con palabras de corrección -cuando no estamos haciendo algo bien- o de aliento.
-Según su conocimiento, ¿qué ha dicho la ciencia sobre la importancia y el impacto de la Fe y la Oración en la salud?
-El impacto positivo ha sido ampliamente estudiado y probado. Muchos médicos especialistas proponen que deberían incluirse como parte de sus terapias que los pacientes cultiven su espiritualidad. Otro dato es que los psicólogos, aun cuando no tienen fe en Dios, reconocen que un momento diario de meditación -ellos no hablan de oración, sí de meditación- ayuda al equilibrio psíquico y que eso repercute en lo físico. Es un concepto muy difundido.
-Durante estos siete días en donde se abordan nueve temas, ¿cuáles son los principales rituales o prácticas que se realizan?
-Cada día vamos tocando un tema, hacemos oraciones sobre el mismo y tratamos de que en ese acto haya un gesto inspirado en la manera de obrar de Jesús. Él usaba gestos para enseñar, para bendecir, aunque no se ataba a ninguno o los variaba. Entre ellos están el Sacramento, la Eucaristía, la Misa, la exposición del Santísimo, la Reconciliación o Confesión, la Unción de los Enfermos que es el Sacramento específico con aceite bendito, la Renovación del Bautismo -incluso hicimos un gesto con agua bendita rememorándolo-, entre otros.
-¿Cuál es el vínculo entre los conceptos de “Salvación” y “Sanación”?
-Salvación es el concepto más amplio, es la misión que vino a realizar Jesús. Salvarnos del pecado y de sus consecuencias. Y dentro de sus consecuencias están las enfermedades. La Biblia nos dice que Dios nos creó en un estado de completa armonía que lo llama Paraíso, que se perdió por obra del pecado original, afectándonos en todos los órdenes, incluso en la salud. Jesús nos libra principalísimamente del pecado y vamos experimentando que nos libra de sus múltiples consecuencias, como las enfermedades. Ahora bien, no toda enfermedad es consecuencia del pecado. Jesús lo aclara muy bien cuando le preguntan por un ciego: ¿Quién pecó para que naciera así? ¿Él o sus padres? Y Jesús responde: “Ni él ni sus padres”. Porque su enfermedad tenía como propósito que se manifestara la Gloria de Dios en él.














