La ola de calor es tema central. En las redes sociales se reflexiona sobre la profundidad del fenómeno. Se denuncia la deforestación del 70 % de los bosques nativos del país y la falta de árboles en las ciudades. Santa Fe no escapa a las críticas. La forestación es clave en la regulación del clima urbano. La sombra de un árbol puede bajar entre 10 y 15°C la temperatura del suelo, mejorando la temperatura ambiente y la sensación térmica. Basta ver a los conductores disputar centímetros de sombra. Según estudios un fresno adulto puede “refrigerar” la atmósfera como un acondicionador de aire de 5 mil frigorías –por el “efecto sombra” y la evapotranspiración vegetal.
El municipio, responsable
No sorprende que se recomiende un mínimo de 12 metros cuadrados de espacios verdes por habitante, para una ciudad confortable. En Santa Fe, donde la estación más difícil es el verano, esa proporción con suerte sobrepasa la mitad, muy mal distribuida. La ocupación territorial, de bulevares al norte, es una masa de cemento y asfalto con una cantidad de plazas y parques muy inferior a lo que hicieron respetar los urbanistas santafesinos del siglo XIX y principios del XX. La capital no escapa al fenómeno “isla de calor”. Pero iniciativas municipales como las “cintas verdes” de césped en las veredas no pasan de expresión de deseos, como la separación domiciliaria de residuos o los “corredores verdes”. El corredor del norte y el del oeste, que traerían alivio ante la segura repetición de eventos climáticos extremos, esperan su concreción.
Merece un llamado de atención a las autoridades municipales la necesidad de concientizar. Hemos visto afiches y folletos de todo tipo editados por la Municipalidad, ninguno sobre el arbolado urbano. El último invierno, mientras el municipio plantaba 6.500 árboles –de los cuáles no se sabe cuántos han de sobrevivir–, hubo una ola de podas y extracciones ilegales pocas veces vista. Remodelar un frente (Balcarce 1.400, extracción de fresnos); construir vidrieras (Marcial Candioti 3.300, extracción fresnos adultos); extracción ilegal en Colastiné Norte (Las Macluras), cinco casuarinas y dos tipas promedio 50 años; Mitre 3.400, lapachos rosados históricos extraídos ilegalmente y no repuestos; Castellanos y Lavalle, extracción plátanos de sombra; Castellanos 1.700, veredas sin árboles y con cazuelas embaldosadas, son sólo ejemplos.
Podría decirse que se han hecho multas. Que es culpa de los vecinos o algo habitual en edificaciones. Que a diferencia de Mendoza, donde tocar un árbol es impensable, aquí no existe una cultura de respeto. Que no existen campañas como aquella del Ministerio de la Producción “Cuidar el árbol es proteger la vida de las generaciones futuras”, o que la Secretaría de Medio Ambiente se limita a transferir la responsabilidad. Pero no sirve.
Es el Estado y prioritariamente el municipio, quien debe asumir el desafío. Coordinar acciones con las autoridades educativas, con entidades profesionales y ciudadanas, con otros organismos y con los medios de comunicación. ¿Objetivo? Que “Santa Fe Ciudad Verde” no sea un mero eslogan. Y que se haga notar. Empezando por los espacios verdes y la protección del arbolado público.













