La baja de la pobreza por ingresos registrada entre 2024 y 2025 no alcanza, por sí sola, para hablar de una mejora estructural en las condiciones de vida de los argentinos. Detrás de la desaceleración de los indicadores monetarios persiste un escenario de fuerte vulnerabilidad social, marcado por mayores dificultades para acceder a empleo de calidad, alimentación adecuada, cobertura de salud y otros derechos básicos.
Salir de la pobreza no alcanza: crecen las privaciones sociales en los hogares
Un informe de la UCA advierte que la caída de la pobreza entre 2024 y 2025 convive con mayores déficits en alimentación, salud y empleo de calidad
José Busiemi
Desde la UCA advierten que el descenso de la pobreza monetaria tiende a sobrestimar la recuperación del bienestar cuando no se observan mejoras equivalentes en otras variables sociales.
Esa es una de las principales conclusiones de un informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que advierte sobre la necesidad de analizar la pobreza desde una perspectiva más amplia que la estrictamente vinculada a los ingresos.
El estudio sostiene que, mientras la pobreza monetaria mostró una mejora relativa entre 2024 y 2025, las privaciones no monetarias continuaron creciendo o permanecieron en niveles elevados. En otras palabras, más hogares lograron superar la línea de pobreza medida por ingresos, pero eso no implicó necesariamente una mejora integral en su bienestar cotidiano.
“La mejora relativa observada en la tasa de pobreza por ingresos entre 2024 y 2025 no constituye evidencia de un cambio estructural en las condiciones de vida”, señala el documento. La advertencia apunta a una brecha cada vez más visible entre la recuperación de ciertos indicadores económicos y la persistencia de déficits sociales profundos.
El trabajo analiza la evolución de distintas dimensiones vinculadas a derechos sociales y económicos entre 2017 y 2025. Entre ellas se incluyen empleo, alimentación, salud, educación, vivienda y acceso a servicios básicos. Según el relevamiento, las mayores deterioros se registraron justamente en aspectos centrales para la reproducción cotidiana de los hogares.
La situación de los hogares
En el caso del trabajo, la proporción de hogares con problemas vinculados al acceso a un empleo decente o a sistemas de seguridad social pasó del 26,7 % en 2017 al 33,1 % en 2025. También crecieron las privaciones relacionadas con la alimentación, que subieron de 13,1 % a 18,7 %, y las vinculadas al acceso a la salud, que pasaron de 29,2 % a 34,3 %.
El informe remarca que estos déficits reflejan una mayor fragmentación laboral y una expansión de situaciones de precariedad e informalidad que dejan a amplios sectores fuera de los mecanismos de protección social.
La investigación también pone el foco en el avance de un fenómeno cada vez más extendido: hogares que no son considerados pobres por ingresos, pero que igualmente padecen privaciones sociales significativas. Según la UCA, entre 2024 y 2025 aumentó la proporción de familias que, aun ubicándose por encima de la línea de pobreza, presentan déficits en al menos una dimensión vinculada a derechos básicos.
En paralelo, el porcentaje de hogares sin pobreza ni carencias sociales sigue siendo reducido. El estudio sostiene que la pobreza multidimensional —que combina ingresos y acceso efectivo a derechos— mantiene un saldo regresivo en la última década, más allá de algunas mejoras coyunturales.
Para los investigadores, el descenso de la pobreza monetaria tiende a sobrestimar la recuperación del bienestar cuando no se observan mejoras equivalentes en otras variables sociales. En ese sentido, advierten que el crecimiento económico sin inclusión social no alcanza para revertir los problemas estructurales que arrastra la Argentina.
“El reconocimiento del carácter estructural de la problemática económica y social es fundamental para el diagnóstico y el debate sobre el modelo de desarrollo del país”, concluye el documento.
El informe del Observatorio de la Deuda Social plantea así una mirada más compleja sobre la realidad social argentina. Aunque algunos indicadores monetarios muestran alivio respecto del año pasado, la vida cotidiana de millones de hogares continúa atravesada por carencias persistentes y una creciente fragilidad social.












