El 12 de diciembre de 1995, un prófugo de la cárcel de Las Flores secuestraba a una joven de 14 años para abusar de ella, y luego asesinar a su madre y sus cuatro hermanitos. El hecho recorrió el país bajo el nombre de “la masacre de Recreo”.
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La matanza
El 1 º de diciembre de 1995 se registró una fuga de cinco peligrosos presos de la cárcel de Las Flores. El líder del grupo un soplón de la policía llamado Marcelo Ferreyra alias "El Chajá" inexplicablemente accedió a las llaves que les permitieron franquear con asombrosa facilidad las puertas de salida del penal. Desde un comienzo la fuga fue sospechada de haber sido facilitada en función de la doble condición de Ferreyra de delincuente y colaborador de la policía. Entre ellos, la impunidad que le permitió residir cómoda y libremente en la localidad de Recreo, a pocos metros de la propia comisaría y a escasos kilómetros de la cárcel de donde se había fugado.
La policía no hizo nada por recapturarlo, no hubo búsquedas, fotos o identikit del prófugo pese a la peligrosidad que ya entonces se le atribuía. Tal desidia oficial, permitiría que una de las peores matanzas de la historia del crimen en Santa Fe se consumara y que a ella quedara vinculado el nombre de Ferreyra.
El 12 de diciembre de 1995 Ferreyra, que debía estar en la cárcel de Las Flores purgando su condena, había ingresado en la casa 21 del Barrio Hipotecario de Recreo y asesinado a puñaladas a Nélida Susana Toledo de Vega, quien estaba embarazada de siete meses, y sus hijos Alberto, de 11; Daniel, de 10; Sebastián, de 8; y Cristian, de un año y medio de edad. A la hija mayor, Claudia Guadalupe Vega de 14 años, la golpeó salvajemente y la violó antes de irse a dormir.
La huida
Los investigadores dedujeron que el asesino no mató a la niña para seguir violandola o explotarla sexualmente luego. Supuestamente el móvil por el que Ferreyra masacró a la familia entera, habría sido por la resistencia de la madre de entregar a su hija mayor que el malviviente la explotara prostituyéndola. Esa fatídica jornada la joven aprovechó que atacante se quedó dormido para escapar y pedir auxilio.
Once años después de aquel trágico día y luego de una larga lucha judicial, recibirá una indemnización por parte del Estado santafesino para resarcirla de la pérdida de su familia y el doloroso trance vivido.
La demanda civil fue iniciada por la joven en 1997 y seis años más tarde la Justicia consideró que el Estado santafesino era responsable haber incumplido con su deber de custodiar al preso. En aquel momento, el monto indemnizatorio se fijó en 550.000 pesos. Pero esa cifra, fijada en 2003, se transformó por los intereses en poco más 1.400.000 pesos, suma que quedó firme en segunda instancia.














