Santa Fe

"Santa Fe es una de las doce provincias del país que no tiene paridad"

Lo marcó Lucía Martelotte, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género y agregó: "todos los partidos deberían comprometerse para que haya mujeres en sus listas"

Domingo 17 de Marzo de 2019

En un año electoral que llega con movilizaciones históricas en reclamos relacionados a los derechos de las mujeres, las listas muestran una mayor participación de precandidatas en algunos frentes y partidos. La magíster e investigadora Lucía Martelotte, responsable del Área Política del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) analiza en UNO Santa Fe el camino hacia la paridad en la política, y la desigualdad que atraviesan las mujeres en los ámbitos de decisión en el trabajo.

Martelotte, quien participó de la investigación "Sexo y poder, quién manda en Argentina", desarrolló el índice de participación de las mujeres (IPM) que indica la proporción de mujeres que ocupan cargos de máxima autoridad, con reconocimiento público, en las instituciones u organismos públicos o privados en tres espacios de poder: la política, la economía y la sociedad.

En relación a la participación de las mujeres en los cargos de toma de decisiones en el trabajo, explicó: "Lo que vimos fue que en política es donde las mujeres estaban más habilitadas para participar, sobre todo en el Poder legislativo, y la explicación de esto es que alrededor del 30 por ciento está vinculada a la ley de cupo. Eso es algo que tracciona en relación al Poder Ejecutivo o al judicial que tienen índices más bajos. En cambio cuando analizábamos sindicatos y organizaciones de la sociedad civil veíamos que la situación de las mujeres era del 8 por ciento. En el ámbito de la economía, de empresas o cámaras empresariales vemos que las mujeres eran menos del 5 por ciento. Todavía vemos muchos obstáculos para que las mujeres podamos participar en esos ámbitos".

—¿Qué sucede en las provincias?

—Hicimos el análisis a nivel nacional, provincial y local pero a nivel desagregado. Lo que veíamos es que tenían más posiciones de poder en los ámbitos nacionales y en los provinciales. En los locales hay más obstáculos. Esto se da no solo en Argentina sino que en todos los países de la región y en ocasiones es contraintuitivo porque una pensaría que lo local o municipal al ser más cercano a la ciudadanía es lo que podría tener más chances de tener esos espacios y sin embargo eso no sucede. Ahí tenemos que preguntarnos por qué, cuáles son los obstáculos de lo que está pasando con las mujeres y las barreras para participar de los ámbitos locales. Creo que una de las explicaciones tiene que ver con la socialización, con los estereotipos, con lo que se espera de varones y mujeres, los prejuicios que hay en relación a las mujeres que hay tomando espacios de decisión.

—¿Qué pasa a la hora en que la mujer pelea por un puesto de trabajo?

—Una de las grandes barreras estructurales tiene que ver con las políticas de cuidado y cómo se distribuye el trabajo reproductivo entre varones y mujeres. En Argentina lo que sabemos es que las mujeres le dedicamos el doble del tiempo a estas tareas cotidianas de cuidar a los chicos o a adultos mayores, cocinar, lavar, planchar y la lista sigue al infinito. Hay mucha desigualdad, y eso impacta en cómo las mujeres después nos incorporamos en el mercado laboral porque tenemos esas tareas en el hogar, que es lo que se llama la doble jornada. Cuando lo hacemos generalmente es en empleos peor pagos, tenemos muchos mayores índices en informalidad. Y también todo estos tipos de cuestiones cuando las mujeres tienen esta carga reproductiva que se da al momento de la carrera profesional, cuando podríamos acceder a cuestiones más importantes es lo que nos va impidiendo.

—¿Cómo se desarrolla y es el ejercicio laboral de la mujer que accede al puesto de poder?

—Muchas veces las mujeres enfrentamos otro tipo de barrera, para la participación política es muy evidente. Cuando se discutía el cupo en los noventa, y ahora con la paridad uno de los mitos es que las mujeres deberían llegar por el mérito y no por ele hecho de ser mujeres. Y lo que nos muestran los datos es que es así, que las mujeres tenemos que estar más formadas para acceder a los mismos puestos que los varones. También pasa en los ámbitos empresariales, hay estereotipos. Un varón que es firme en sus decisiones es visto como un superlíder, que es muy positivo y bien valorado, y cuando una mujer tiene esas mismas características se la acusa de que es mandona, malhumorada y muchos estereotipos en el mundo del trabajo. Otra cuestión que opera como una barrera y un obstáculo para que las mujeres podamos ejercer las posiciones de poder tiene que ver con el acoso y la violencia que vamos viviendo en los diferentes espacios que participamos, que es justamente una de las formas de resistencia que tienen los varones.

—Una cosa es acceder a ese trabajo de jerarquía, y otra mantenerse en el tiempo. ¿Qué se puede saber de los períodos de permanencia en los puestos de poder?

No existen estudios en relación a la cantidad de años en que las mujeres permanecen, pero sí hemos identificado este tipo de barrera que tiene que ver por un lado con las tareas de cuidado y por otro con el acoso, la violencia, con estos estereotipos sociales en relación a la mujer que hacen que ese ejercicio de las posiciones sea más complejos para nosotras.

—¿Cómo es la situación en los medios de comunicación?

—Lo que vimos es que solo el 7,5 por ciento de los puestos en los medios de comunicación estaban ocupados por mujeres. Y esto es importante porque sabemos que los medios forman opinión y pueden construir cambio cultural o reproducir desigualdades y estereotipos. Tiene que ver con la violencia simbólica y con el tipo de mensajes que hay en relación a las mujeres, cómo se nos cosifica y cómo se aborda en los medios de comunicación aquellas mujeres que quieran participar, tanto en los sindicatos como en política. Las mujeres que se dedican a la política están teñidas de varios estereotipos y los medios de comunicación suelen categorizarlas como excesivamente femeninas y son criticadas por eso porque se preocupan por su pelo o ropa y si se apartan de la heteronorma son también criticadas por "descuidadas, viejas, gordas, lesbianas". Es muy difícil para una mujer que hace política ser tratada correctamente en los medios. Son juzgadas por sus aspectos físicos y no por sus decisiones políticas.

—En Santa Fe el Senado provincial, conformado por 18 varones y una mujer, no trató el proyecto para debatir la paridad ni otros que tienen que ver con el acceso a derechos para las mujeres y disidencias. ¿Cómo se lee esta resistencia?

—Lo que vemos en Argentina es que en 2017 aprobamos la paridad a nivel nacional. En 2018 teníamos doce provincias que habían sancionado sus leyes provinciales, y esto es un gran avance que esperamos se vea reflejado en las listas y en las bancas. Lo que pasa en provincias como en Santa Fe, que no llegaron a sancionarlas, que son doce en total, es que tenemos que generar otro tipo de movimientos y estrategias junto a la sociedad civil y los medios de comunicación para que a pesar de que no esté en las leyes, estén en las listas las mujeres. Hay algunos partidos que se han comprometido. Creo que todos deberían hacerlo y no solo algunos, para que haya mujeres en todas sus listas.

En cuanto a la resistencia tiene que ver con reconocer que tienen privilegios y soltarlos porque evidentemente lo que se está disputando es el poder real. Para que haya un 50 y 50 algunos varones van a tener que dar un paso al costado, y eso es un proceso complejo que se ve no solo en el ámbito de la política sino también en otros espacios. Creo que si somos sociedades democráticas que estamos comprometidas con la igualdad tarde o temprano eso va a tener que suceder.

—Entonces en política hoy se busca paridad, pero con la experiencia del cupo cabe preguntarse qué mujeres ocupan esos puestos, y cómo se debe pensar en no reproducir estructuras patriarcales.

—Es interesante pensarlo porque cuando analizamos cuántas posiciones están ocupadas por mujeres, tampoco podemos tener una perspectiva escencialista o biologicista que equipare el cuerpo de la mujer con la defensa de los derechos de las mujeres. Muchas veces eso no sucede y sería importante que tanto varones como mujeres se comprometieran con la igualdad de género. Porque hay muchas mujeres que llegan a puestos de poder y lo que hacen es reproducir estereotipos masculinos.

—Cómo se aplica una perspectiva de género a la hora de acceder a esos trabajos o conformar listas en la política

—Creo que es parte del cambio cultural y es algo que vamos a transformar paulatinamente para que todas las personas que vivimos en esta sociedad estemos comprometidos con la igualdad de género y podamos hacer un análisis tanto de personas que ocupan puestos de tomas de decisión en el Poder Ejecutivo, en la elaboración de políticas públicas. Sabemos que no hay políticas públicas ni legislación que sea neutral al género. Vamos a lograr la igualdad cuando tantos varones como mujeres puedan elaborar sus proyectos de ley incorporando esta perspectiva.

Martelotte estuvo en Santa Fe en el marco de una actividad organizada por Consejo Económico y Social de la provincia de Santa Fe (CEyS).

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