Argentina no debió sufrir lo que sufrió para consagrarse campeona del mundo. Y que en la final ante Francia fue muy superior a su rival, lo gabana con absoluta justicia y nunca el resultado estuvo compometido. Hasta que llegaron esos minutos fatales y de la nada el seleccionado galo decretó un empate impensado.
Argentina es campeón del mundo en corazón, temperamento y amor propio
Argentina se consagró campeón del mundo, no solo por lo futbolístico, sino por su carácter, temperamento y amor propio.
En tiempo suplementario, lo fue a buscar y nuevamente se puso en ventaja, pero una vez más Francia llegó al empate. La serie desde los 12 pasos le puso justicia al Mundial. Porque terminó festejando el equipo que mayores méritos hizo a lo largo de los 120 minutos. Pero Argentina demostró que más allá de sus cualidades futbolísticas, su enorme corazón y esa mentalidad ganadora fueron los motivos que la llevaron a la gloria.
El seleccionado nunca se derrumbó, ni aún en momentos que otros equipos lo hubiesen hecho. Ante Países Bajos en cuartos de final y nada menos que la final ante Francia. No se desmoronó anímicamente y supo contener la tormenta. El debut fallido ante Arabia Saudita sirvió de estímulo para todo lo que vino después.
Argentina jugó siempre con el corazón en la mano. El que entró dejó la piel y más, fueron auténticos guerreros en un campo de batalla. Y por momentos disimularon falencias futbolísticas, con una mentalidad arrolladora. La vida por un pelota, fue lo que se observó a lo largo de los siete partidos.
Tuvo que sufrir más de la cuenta, como para que el festejo fuera aún más estruendoso. Y en los momentos límites todos respondieron, nadie se derrumbó, la cabeza alta, el pecho erguido y a seguir jugando. El destino le tenía a esta Selección un momento para la posteridad. La imagen de Lionel Messi alzando la Copa del Mundo, era lo que todos deseaban.
Parecía un sueño postergado ante tantas vicisitudes, debieron pasar cinco mundiales para que Messi lo consiguiera. Y en el último como si fuera un cuento de hadas lo consiguió. Se vio al mejor Messi con 35 años, ya que a sus extraordinarias condiciones futbolísticas, le sumó carácter, personalidad y garra, algo que no se le había visto anteriormente.
Y eso se contagió al equipo entero. Argentina es campeona del mundo, por otros aspectos además de lo futbolístico. Ningún equipo es campeón por solo jugar bien, debe sumarle otros atributos. Y eso lo logró este seleccionado conducido de manera magistral por Lionel Scaloni, quien con perfil bajo supo llevar adelante el desafío de alzar la Copa.
El equipo argentino es un merecido campeón. Supo jugar, pelear, meter, correr, morder, enojarse, tuvo momentos de gran brillantez y otros en donde debió apretar los dientes. Fue inteligente para saber afrontar los distintos desafíos, pero siempre como bandera principal, mostró una personalidad avasallante. Al Mundial lo ganó con los pies, pero antes de salir a jugar ya era campeona en personalidad.














