A medida que transcurren las horas la tensión desaparece, la adrenalina recupera niveles convencionales, el corazón se estabiliza en sus sesenta y tantas pulsaciones por minuto y la serenidad permite reubicar cada cosa en su lugar, como si se tratara de un rompecabezas ya armado que se desacomodó de repente y hay que emprolijarlo. Una buena inspiración sostenida en el tiempo lo más posible permitirá estar en condiciones de analizar ya, descarnada y desapasionadamente, el triunfo de Argentina sobre Francia por los cuartos de final de la Copa Davis.
Copa Davis: las apariencias engañan
Conclusiones
1ª. Fue una victoria extraordinaria, casi pírrica. O sin el casi. "Otra victoria como esta y volveré solo a casa", dicen que reflexionó Pirro, rey de Epiro, tras ganarles una batalla a los romanos en la que perdió a miles de hombres.No siempre los triunfos son todo lo positivo que parecen. Después de un lapsus de un par de líneas, un rápido regreso a Villa Soldati.
2ª. Los buenos resultados tienen un beneficio que los trasciende. La tranquilidad de analizar el futuro sin demasiadas presiones y con la claridad que la derrota nubla hasta la ceguera. El problema, grave, se produce cuando los triunfos enceguecen. Cuando eso sucede, no existe la más mínima chance de mejorar. Mucho menos crecer.
3ª. Argentina le ganó a Francia por primera vez en su historia quizás con el equipo más endeble de todos comparado con los anteriores que nunca habían derrotado a los europeos. Pero el tenis, que es un deporte bastante lógico, suele ensañarse con las proyecciones. Sobre todo cuando se descartan algunos componentes que aparecen de repente en la cancha y desnaturalizan cualquier tendencia.
4ª. ¿Se puede pensar que la victoria, a futuro, es más perjudicial que positiva? Probablemente. Aunque parezca una locura. Con la serie terminada y sin la influencia que genera una sorpresa hazañosa en plena gestación, bien puede considerarse que la victoria argentina se apoyó mucho más en el desmérito de los franceses que en las cualidades albicelestes.
5ª. Tal afirmación no desmerece en absoluto las actuaciones de Horacio Zeballos y Carlos Berlocq, los verdaderos héroes de Parque Roca. Pero sí incluye con nombres y apellidos a Juan Mónaco y a David Nalbandian. Pico no ganó un solo partido del circuito en lo que va del año y David no tiene más ganas. Sólo lo sostiene su obsesión por la Copa Davis. Pero quedó visto el sábado. Si no hubiera sido por Zeballos... Lo de Mónaco frente a Tsonga fue, en términos tenísticos, una vergüenza. O en todo caso, si no fue para tanto, se le pareció bastante.
6ª. El pánico escénico de los visitantes no estaba en los cálculos de nadie, ni siquiera de Jaite. Todos y cada uno de los protagonistas argentinos reconocían la superioridad del rival antes de empezar. Y, obviamente, prometían luchar hasta dejar la última gota. Salvo Mónaco, ni más ni menos que el singlista número uno del equipo, el jugador principal, todos cumplieron con ese precepto. No podía ser de otra manera.
7ª. Otra vez el rival. Salvo Tsonga en el cuarto punto, ninguno estuvo a la altura de las circunstancias. Simon sucumbió ante la mínima presión y se vistió de un amateur temeroso que apenas pudo ganar un set en dos partidos frente a rivales que en los papeles eran inferiores. El domingo, frente a Berlocq, siempre quedó la impresión de que el partido lo ganaba o lo perdía Simon. Y así fue, lo perdió el reemplazante de Gasquet, número nueve del mundo, que no jugó por lesión a pesar de haber viajado a Buenos Aires tras llegar a las semifinales del Masters 1000 de Miami.
8ª. La semifinal frente a República Checa es otra empresa casi imposible en la previa. Argentina, muy probablemente con los mismos intérpretes, deberá aferrarse, otra vez, a los imponderables de un deporte con un altísimo porcentaje de lógica, pero que cuando la pierde se dispara para cualquier lado. Quedó demostrado el fin de semana pasado.
9ª. El éxito de Argentina en la Copa Davis, como se pudo leer más arriba, no parece augurar un mejoramiento sustancial de las condiciones. Y eso se parece bastante a una continuidad que se choca de frente con el objetivo de máxima, que es ganar de una vez por todas la Ensaladera de Plata. Más sencillo. Con Del Potro afuera de la cancha, las chances son tan remotas como azarosas. Mas simple aún. Para ganar la Copa Davis tendrían que producirse casi todas las circunstancias, aisladas normalmente, que llevaron al equipo de Jaite a eliminar a Francia, quizás, al menos por el potencial de sus jugadores, el gran candidato a ganar el torneo en 2013.
10ª. "Miren miren que locura, miren miren que emoción... Este es el gringo de Unquillo que no se retira para ser campeón". Ese fue el canto de todo el equipo argentino, incluídos los entrenadores, para homenajear a David Nalbandian tras el triunfo del dobles el sábado. Un mensaje al centro de la frente de Del Potro. En Argentina, la Copa Davis tiene un propietario intelectual que aleja cada vez más la chance de tener a disposición al mejor jugador. Y si bien la salud del grupo es fundamental, los intérpretes tienen que estar a la altura de las circunstancias. Que es lo mismo que asegurar que se deben reunir los requisitos mínimos imprescindibles para afrontar la Copa Davis. No siempre va a aparecer un rival temeroso y acobardado por el entorno dispuesto a malgastar su prestigio.












