Lucía Elizalde
Gabriel Rolón: "Cada encuentro provoca una temática propia"
Diario UNO de Santa Fe
Esta tarde, desde las 19 y en el Centro Cultural Provincial (Junín 2.457 - Tel.: 4573735), el prestigioso psicoanalista Gabriel Rolón dará su “Entrevista Abierta”, donde dialogará con el público asistente sobre diversos temas.
Se trata de un espacio no tradicional de diálogo, en el que el licenciado escucha y conversa con la audiencia que puede, si así lo desea, preguntar, debatir, objetar o también disentir, todo dentro de los límites del psicoanálisis.
Temáticas como la de los celos, los duelos, la infidelidad, la culpa, la angustia, los miedos, la sexualidad, los lazos familiares, los vínculos afectivos, el trabajo, el amor y su ausencia, el tiempo que pasa y la soledad; son las que más surgen en este tipo de encuentro que Rolón pone a disposición del público, aunque afirma que “cada función es diferente”.
En la hora y media que dura este escenario de intercambio, el profesional no tiene un libreto armado con los tópicos que se van a tratar, sino que tal como cuenta “la gente va pidiendo, va levantando la mano, va participando y se van dando los temas, por lo cual yo nunca sé de qué se va a hablar”.
En diálogo con Ser UN@, Gabriel Rolón explicó en qué consiste este escenario de diálogo, habló sobre diferentes tipos de relaciones humanas e invitó a la gente a que asista para “pensar juntos sobre algunos temas”.
—¿En qué consiste esto de “Entrevista Abierta”?
—Es un formato con el cual estamos recorriendo los teatros del país. Se trata de invitar a la gente a que vengan, durante una hora y media más o menos, a pensar juntos sobre algunos temas. Nosotros no llevamos un libreto donde tenemos elegidos los temas que vamos a hablar, sino que cuando la gente entra Carlos y Malena, que son los moderadores, se acercan a la gente preguntando sobre los temas de los cuales quieran hablar o qué preguntas tienen. Y así ellos eligen a algunas personas que se animen a romper el hielo y a lo largo de la entrevista se van dando los temas. Yo nunca sé los temas que se van a tocar.
Por supuesto que hablo de lo que yo sé y sobre lo que me dediqué tantos años a estudiar, que es el psicoanálisis. No hablo de otra cosa que no tenga que ver con eso. Y como el psicoanálisis tiene que ver con los afectos, con las emociones, con los vínculos, entonces hay muchas temáticas para pensar: la relación con los hijos, con la pareja, la relación con uno mismo, con sus proyectos, con sus miedos, con sus duelos. Entonces el campo de acción se va multiplicando porque la temática humana es muy diversa.
—Y estos temas de relaciones, ¿son los que más te consultan?
—Sí. Por lo general la gente pregunta cosas que tiene que ver con los vínculos, ya sean de pareja o con los hijos. O si no preguntan sobre las características que se dan en esos vínculos, como los celos, la sexualidad, el erotismo. Y por ahí se arman climas, te diría, más profundos ante la aparición de temas como el duelo, las pérdidas, la soledad.
Cada función es diferente y hemos tenido dos funciones en un mismo lugar pero cada una de ellas fue absolutamente distinta. Cada encuentro provoca una temática propia.
—¿Y es difícil o sencillo resolver estas preguntas frecuentes?
—A mí me gusta pensar en vivo con la gente partiendo de mi mirada, que es la mirada de un psicoanalista. Y por ahí hay preguntas complejas de responder y me gusta mucho que me cuesten, porque quiere decir que están proponiendo un desafío a mi pensamiento, a mi inteligencia.
Entonces como no tengo vergüenza en responder “no sé”, porque yo no sé todo, sólo lo que estudié del psicoanálisis, voy tranquilo. Y si hay algo que no sé responder, la invito a la gente a pensar conmigo. Y así vamos creando e intercambiando con el público y a veces se dan cosas muy bonitas.
—¿Y crees que hoy la gente se hace más problemas por las cosas o que hoy hay más problemas que antes?
—No, creo que hoy hay menos problemas. Sin irnos demasiado lejos cuando vos salías a la calle y no sabías si ibas a volver porque te podía secuestrar un Falcon verde, la verdad es que teníamos muchos más problemas que ahora. Cuando había gente desaparecida, no había libertad de prensa, no había libertad de opinión, ahí había problemas. Y eso sin irnos tan lejos en el tiempo, ni hablar lo que era el mundo en la edad media, donde por pensar distinto te prendían fuego.
Lo que pasa es que lamentablemente el hombre es problemático y cada quién en su época enfrenta sus dificultades. Y están los problemas de esta época, que para nosotros que vivimos en ella, es una época problemática. Pero si la miramos así con una perspectiva histórica, te diría que no nos ha tocado el peor de los mundos que nos podría haber tocado.
—Y por ejemplo en cuanto a la relación padre-hijo, ¿crees que hoy es más complicada la formación del niño?
—No. Creo que era mucho más difícil cuando con el padre no se podía hablar. Por ejemplo esas relaciones que se daban, pensando rápido, entre las personas de la edad de mi madre, o más grandes, donde todo era “papa dice” y había que callarse la boca. Todo desde ese lugar de omnipotencia irracional que tenían los padres.
Me parece que con todo lo difícil que es comunicarse hoy y los riesgos que tiene esta mayor libertad de los chicos para opinar y para oponerse incluso a ciertas cuestiones de los padres, como época es mucho más rica. Es más fácil tener un padre ahora. Antes era más fácil tenerle miedo, que quererlo.
Ahora me parece que los padres somos más reales, tenemos más defectos y nuestros hijos los ven. Antes, la figura del papá no se tocaba, la figura de la madre no se tocaba, y ahora un hijo le puede decir a un papa o a una mamá que no le gusta lo que ve, y me parece que eso es muy positivo.
—¿Crees que la tecnología puede llegar a ser un problema?
—Lo que pasa que juzgar la tecnología es complejo. Por supuesto que puede llegar a ser un problema. De hecho sin tecnología no se podría haber inventado la bomba atómica. Pero también sin la tecnología necesaria tampoco podríamos tener operaciones intrauterinas de corazón, transplantes de riñones… La tecnología es eso, es avance y está en las manos en la que caiga y del uso que se le dé, en que sea algo maravilloso para la humanidad o para una persona; o que sea un verdadero problema.
—¿Y en cuanto a la formación del niño y el fácil acceso? Porque hoy todos usan la computadora y tienen acceso a internet, incluso en los teléfonos.
—Vivir en esta época, hace que se corran los riesgos de esta época. Y uno de esos riesgos es que Internet está ahí. A mí me parece una herramienta maravillosa, uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. Que alguien aquí en Argentina, pueda acceder a la Biblioteca de Salamanca, es algo increíble. Era impensable para la imaginación en el siglo pasado, que alguien pueda verse con su familia por Skype a una gran distancia, sin tener que esperar meses hasta que llegara una carta.
Ahora también esta tecnología te acerca a riesgos que antes no había, entonces es cuestión que los padres estén atentos y no obsesionados, pero sí atentos, sabiendo que en todos los tiempos los adolescentes han sido transgresores, han ido a buscar algo que no los dejan hacer y demás. Esto es así, es la naturaleza humana. Creo que la llegada de Internet es una buena noticia y que hay que estar atentos a peligros que antes no había.
—Y sobre la pareja, por ejemplo, dicen que hay que hablar todo. ¿Esto es así?
—Yo creo que no hay que cometer el error de creer que estar en pareja es no tener individualidad. El estar en pareja no es hacer de dos uno, son dos personas diferentes cada uno con una identidad propia y con cosas que querrán contar y con cosas que no, y hay que aceptar que es así.
Me parece que es bueno el diálogo en la pareja, es buenísimo. Poder hablar a tiempo ayuda a evitar muchos males. Pero también es cierto que hay que saber entender que el otro tiene derecho a que hay cosas que le pertenecen y que no quiere compartir conmigo.
—¿Porqué hay cosas que son más difíciles de perdonar que otras, entre los amigos?
—Partamos de la base que el hecho de que alguien no te devuelva un libro, es más fácil de perdonar que te maten a un hijo. Pero creo que el tema de las relaciones de amistad, presenta las mismas dificultades que cualquier otra relación. Todas son conflictivas. Hablamos de padres e hijos, hablamos de parejas, y la amistad no escapa a esto. No es una relación perfecta donde todo se entiende y donde todo está bien.
Muchas veces las amistades generan inconvenientes y todo forma parte de los códigos de las relaciones. Y en ese sentido cada uno verá qué puede perdonar y qué no. El perdón no es algo ajeno al sujeto, no existe el decreto de que perdonar está bien o de que perdonar está mal, o en qué condiciones de puede o no se puede perdonar. Cada ser humano es único.










