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Sergei Diaghilev, el hombre que revolucionó el ballet, homenajeado por Google

El Doodle de hoy reconoce a este empresario, director artístico y crítico de arte ruso

Viernes 31 de Marzo de 2017

Sergei Diaghilev, empresario, director artístico y crítico de arte ruso, fue uno de los nombres clave en la renovación del ballet en el transcurso del siglo XX. A él se debe la fundación, en 1909, en París, de los Ballets Rusos, compañía que aglutinó a los mejores bailarines y coreógrafos (Balanchine, Fokine, Karsavina, Massine, Nijinska, Nijinsky), pintores (Bakst, Benois, Braque, Derain, Matisse, Picasso) y compositores (Debussy, Falla, Prokofiev, Ravel, Satie, Strauss) del momento.

Los Ballets Rusos hacían realidad la ideas del bailarín y coreógrafo ruso Michel Fokine acerca del ballet, entendido como el arte que integraba la música, la danza, el teatro y la pintura. Cuando en 1909 Diaghilev lo invitó a formar parte de la compañía como coreógrafo principal, Fokine pudo llevar a la práctica su punto de vista, que rechazaba la mímica convencional y abogaba por la integración de la danza, la música, el argumento, la escenografía y el vestuario en una sola unidad.

El nació en el cuartel de Selistchev, en la provincia rusa de Novgorod, el 19 de marzo de 1872. Gracias a la asistencia de su cuñada y a la del médico del regimiento, nació sano en un parto muy difícil, pero días más tarde su madre falleció.

La casa de Diaghilev cuando era pequeño siempre fue un centro de reunión de artistas y él hizo incursiones en la música, el canto y la pintura. A los 18 años comenzó a estudiar Derecho y también se acrecentó su vocación y pasión por el arte.

El gran éxito de sus espectáculos, no exento de escándalo por su estética revolucionaria y antiacadémica, renovó por completo el mundo de la danza clásica al aunar en un mismo espectáculo composiciones musicales, coreografías y formas artísticas de vanguardia. Un dato de color pinta a este hombre: se animó a quitarles el tutú a los bailarines de ballet.

La labor de Diaghilev supuso además el descubrimiento y la confirmación de diversos artistas jóvenes. Especialmente intensa fue su relación con Igor Stravinsky, cuya colaboración con Diaghilev dio como fruto algunas de las obras paradigmáticas del repertorio musical contemporáneo, como El pájaro de fuego, Petrushka, La consagración de la primavera y Pulcinella.

La Nación

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