POLICIALES

Con la salida del exjefe policial Sarnaglia, Perotti tiene un desafío transversal

Sain va por las cruciales leyes de seguridad en un marco de difícil relación política. Para eso el gobernador deberá enfrentar las tensiones de su coalición y encontrar el diálogo con la oposición

Lunes 31 de Agosto de 2020

El final en su cargo de Víctor Sarnaglia empezó cuando el exjefe de policía provincial dijo que en la aparición del apelativo “Sarna”, dentro de la causa por corrupción institucional surgida en una pesquisa de juego clandestino y extorsión, había una operación política. Pero no por enojo del ministro de Seguridad Marcelo Sain, con quien las controversias vienen desde el inicio de mandato, sino de los fiscales que lo habían llamado a declarar como testigo en esta causa. Fueron ellos quienes el viernes a la mañana le recriminaron que con esos dichos haya deslizado sospechas hacia una investigación que por orden de una jueza tenía presos al exfiscal regional de Rosario, Patricio Serjal, a otro fiscal y a un policía retirado exjefe de unidad regional como Alejandro Torrisi.

Los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery le hicieron saber a Sarnaglia que la inscripción “Sarna” no fue agregada adrede en un papel sino que apareció en una foto en la memoria del teléfono que usaba Leonardo Peiti, capitalista de casinos clandestinos e imputado arrepentido en este caso, secuestrado en la casa de su secretaria. Y que otros datos de ese teléfono permitieron probar un negocio que estaba en pleno funcionamiento con un circuito de coimas por el cual una jueza dejó en preventiva a seis personas.

Lo que es cierto es que la apelación a “Sarna” no implica indicio de delito ni tampoco sospecha hacia él. Pero sí era lógico un llamado a ofrecer, como jefe máximo, las explicaciones que pudiera dar en un trámite con un alto comisario retirado atrapado con un sobre saliendo de un casino ilegal sino que tenían entrada rutinaria a la Jefatura de Policía de Rosario, donde estaban los comisarios activos que según Peiti recibían sus coimas. Lo que precipitó este incidente fue sincerar el conflicto político, más los desconciertos prácticos, que suponía tener en un mismo gobierno a un ministro enfrentado con su jefe de policía.

Esto que pasó durante siete meses no fue un problema de Sarnaglia, ni de Sain, sino del gobernador Omar Perotti. Y ese desacople se tradujo hasta ahora en agujeros en seguridad preventiva que son corroborables en las mayores ciudades de la provincia. La dificultad en un control estricto de la operatividad policial implicó una deserción notoria del patrullaje en un momento que variantes del delito predatorio recrudecen no solo en Santa Fe sino en todo el país como efecto de la recesión acentuada por la pandemia.

Lo que pasó hasta ahora fue una pérdida de tiempo innecesaria en una escaramuza pública que estaba cantada y en la que la gestión de seguridad estuvo encajada tres trimestres. Pero en el medio lo que tiene atrancada la seguridad es la distancia de los sectores que tienen objetivamente más condiciones de armar esquemas de consensos, y los mismos enemigos enfrente, pero quedan trabados por sus escaramuzas con chicanas de poca monta. Es casi infantil que cuando hoy el diseño de la seguridad impacta y condiciona la gobernabilidad general haya espacios a los que, más allá de sus diferencias, les cueste organizar una agenda basada en metas de seguridad comunes insertas en acuerdos amplios como política de Estado. Que son sus propios intereses de continuidad política.

La fortísima crítica del diputado provincial del Frente Progresista Maximiliano Pullaro en pleno recinto apuntó a Perotti por la ambigüedad que genera en los mandos policiales la incertidumbre de no saber quién manda. A eso le contestó desde el PJ Leandro Busatto recordando omisiones e irregularidades de cuando aquel era ministro del área. Lo que es significativo es que los espacios en los que están ambos legisladores en general acuerdan en postulados elementales de seguridad e incluso en los contenidos de las tres leyes con las que Sain pretende transformar los organismos de la seguridad pública y sus funciones. Pero en vez de trabajar en esa agenda común despilfarran un buen tiempo y el humor social con cartuchos de fogueo en batallas estériles.

Para definir qué modelo de seguridad quiere Perotti tiene que decidir cómo resuelve las tensiones que tiene dentro de su coalición gobernante. En su discurso encendido del jueves no dejó de llamar la atención que Pullaro mencionara a la vicegobernadora pero preservara a Sain de las críticas. Aún con las fuertes recriminaciones del actual ministro a las gestiones pasadas del Frente Progresista, Pullaro cree que el paquete de leyes que aquel propone pueden dar un mejor marco institucional al manejo de la seguridad. En una palabra quieren las leyes de Sain porque piensan que con estas cualquier administración, también una propia en el futuro, puede ser mejor para el control del delito.

En un esquema de entendimiento, para el que hoy habrá que restañar heridas pero que es posible, el mayoritario Frente Progresista puede garantizar sacar las leyes. Frente a eso el problema de Perotti volverá a ser el sector de la derecha peronista en el Senado encabezada por Armando Traferri (San Lorenzo). ¿Se puede plantar el Senado frente a unas leyes de seguridad votadas por Diputados? No es imposible pero los costos no serán bajos. No obstante, para que las leyes salgan de la Legislatura primero tendrán que entrar. Y eso aún no pasó.

Los candados para destrabar esto siguen dentro de la tirantez entre sectores del peronismo. Pero ahora el PJ está en gestión y la confusión en el mando por las tensiones que implicaba la presencia de un jefe policial no querido por el ministro no fueron gratuitas. El control operativo de la calle bajó notoriamente en lo que canta el GPS de los móviles, y en la central operativa OJO, dicen allí, declinó el análisis criminal en tiempo real. También los programas en desarrollo social y humano, que son claves para bajar la conflictividad y no dependen de Seguridad, se replegaron. Lo mismo pasó con los dispositivos entre provincia, municipio y fiscalías en barrios con violencia altamente lesiva.

Ahora Sarnaglia ya no está, hubo una renovación en los mandos de las principales regionales, hay una partida de mil millones que será volcada exclusivamente al área y resurge una ocasión para refrescar el ímpetu con una conducción más afín a lo que Sain aspira. Pero la contradicción de sostener una discordancia hasta ahora supuso dificultades en la calle que están más allá de las chicanas. El campo de la seguridad es fuertemente definitorio del perfil que adopta una gestión. Antes de asumir, Sain postulaba una política basada en objetivos de seguridad, con información compartida sobre la mesa legislativa y compromisos de resguardos recíprocos entre sus distintos asociados. Hoy en eso hay un estimulante desafío transversal que impacta en oficialismo y oposición. En la coalición de gobierno hay modelos opuestos y Perotti es el gobernador. Será él quien defina qué quiere y con quién lo construye.

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