Cuando meses atrás un ingeniero agrónomo y un licenciado en marketing mendocinos comenzaron con su proyecto, sólo contaban con una experiencia española, tenían unos cuantos moldes y habían conseguido una finca en Guaymallén, en donde sembraron tomates, zapallos y, pese a que esta no es la mejor zona, también algunos limones. Ensayos y aciertos les permitieron llegar al objetivo: cosecharon frutas y verduras con distintas formas de estrellas y corazón, para ser usadas en la cocina gourmet. El emprendimiento es único en el país y pretende consolidarse en la alta cocina.
Verduras y frutas con ingeniosas formas para cocina gourmet
“Mi hermana es chef y por ella veía que cada vez más los cocineros buscaban decorar los platos, pero caían en las mismas figuras. Buscando alternativas descubrimos que en España se estaban produciendo frutas y hortalizas de diferentes formas y que de hecho ya exportaban a Alemania, Israel y Rusia, porque éstas también se consolidaban en el mercado de comida creativa y saludable para niños. Así nos embarcamos en este proyecto”, contó a Diario UNO Federico Fernández, el publicista de la sociedad.
Sabiendo que el negocio podía ser rentable, el primer paso era conseguir los moldes de acrílico transparente con las distintas formas en los que se colocarían los frutos desde el brote, esperando a que crecieran y adoptaran el formato de ese molde. Los modelos –están partidos a la mitad y se sujetan a la planta con un pequeño precinto– también llegaron desde España, porque a estos productores mendocinos les costaba más caro producirlos en el país que pagar la importación incluso con el impuesto previsto.
La técnica indicaba que había que tener un cuidado intensivo de manera de ir controlando el crecimiento de la fruta o la verdura, como para poder cosecharlos en el momento justo, sin que la humedad o el intenso sol pudiera afectarlos.
“En esta primera cosecha experimental probamos que hay verduras que por su consistencia se adaptaban mejor a los moldes y otras que terminaban rompiéndolos. Por ejemplo, en un promedio de entre 5 y 7 días los pepinos crecían dentro del molde rellenándolo por completo. También los tomates que sembramos en moldes de corazón crecieron sin problemas y los cosechamos en 20 días”, repasó Gastón Isuani, quien aportó a la experiencia todo su conocimiento como ingeniero agrónomo.
Entre noviembre y febrero esta dupla consiguió al menos 100 unidades de cada variedad con la que experimentaron, entre ellas berenjenas, zapallos zucchini y limones. “También intentamos hacerlo con melones, para los que usamos moldes de MDF cuadrados y con forma piramidal, pero este verano fue muy húmedo y eso hizo que los moldes cedieran y la fruta se rompiera. Esa es una materia pendiente, pero sabemos que afinando la técnica a todas las frutas o verduras se les puede modificar la forma, porque lo que hacemos es una técnica artesanal, no los modificamos genéticamente”, apuntó Isuani.











