Diego Armando Maradona se encuentra en una sala velatoria del barrio porteño de Caballito, donde junto a sus seres queridos despide los restos de su madre, la reconocida por todos Doña Tota. Se espera que a las 9 de la mañana se trasladarán sus restos al cementerio para el último adiós.
Diego, en el velorio de Doña Tota
Diego llegó la noche del domingo de Dubai, en un vuelo de 27 horas y en el que se enteró del fallecimiento de su madre-cuando había despegado solo estaba grave. Fue alrededor de las 20.25 cuando el actual entrenador del Al Wasl de Emiratos Árabes pisó suelo argentino. Sin embargo, tomó otro rumbo cuando llegó al aeropuerto de Ezeiza. Salió por otra puerta, no habitual, para no hablar con la prensa y llegar más rápido a reunirse con su círculo íntimo.
En el sepelio lo esperaron Dalma y Gianina, sus hijas. Además de Lalo y Hugo, sus hermanos, y Don Diego, su padre.
Doña Tota fue internada el viernes en la Unidad de Cuidados Intensivos del sanatorio porteño por presentar un cuadro de sepsis, insuficiencia renal crónica reagudizada, inestabilidad hemodinámica y deterioro del estado general, y falleció cerca de las 19:00 del sábado.
"La señora Dalma Maradona, de 82 años, sufrió una descompensación y paro cardíaco a las 18:30 horas no respondiendo a las maniobras de resucitación", informó el sanatorio privado de Los Arcos de la capital argentina la noche del sábado.
Antes de partir en agosto pasado hacia Emiratos Árabes, Diego se había tatuado una rosa en su hombro derecho con la inscripción "Tota te amo", acaso consciente del delicado estado de salud de su madre.
"Le pido a Dios que no se la lleve, que le dé otra oportunidad, que nos deje volver a comer con ella, darle un beso, les pido a los médicos que hagan un milagro", había dicho Maradona en junio cuando su madre estuvo hospitalizada por una neumonía que complicó su cuadro cardíaco.
Sin dudas será la hora más difícil del Diez. Si había un mundo que Maradona protegía y del que jamás tuvo un conflicto fue el de su familia. Tanto Doña Tota como Don Diego, su padre, acompañaron al astro de fútbol durante toda su carrera y siempre cultivaron un bajo perfil. Se dice que el jugador no dejó de llamar por teléfono a su madre ni un solo día cuando jugó en Italia y que además le mandaba postales a diario.
Cuando Diego estuvo grave de salud, fue la Tota quien asumió su custodia, y cuando se separó de Claudia Villafañe, fue la Tota quien lo albergó en su casa, como en los años de su niñez.
“Yo aprendí de ella y de papá que no hay que olvidarse de todo lo que uno pasó. Todo sirve de experiencia como para enfrentar la vida”, contó Maradona, cuando jugaba en Italia, en una entrevista que dio junto a su mamá a Nuevediario. Sin soltarla ni un momento de la mano, Diego solo tuvo palabras de agradecimiento para con su mamá. “Dios me ha dado la madre más linda, la madre más buena, la madre realmente que yo soñé toda mi vida. Ella no se equivoca nunca, siempre está bien lo que hace, lo que dice. Es lo más grande que tengo. Lo único que le pido a Dios es que no me la quite nunca”, le dijo aquella vez.











