El papa Francisco ha suspendido este miércoles de su tarea al obispo de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst, acusado de perjurio y de despilfarro en la renovación de su residencia episcopal. El obispo conservará la titularidad de la diócesis, pero las responsabilidades del cargo ya han quedado en manos del vicario general Wolfgang Rösch durante un tiempo indeterminado. El Vaticano no precisó si le adjudicarán otros trabajos en la Iglesia o si podría regresar a su diócesis tras la suspensión. Consideran en Roma que “en la actual situación, el obispo no puede ejercer su trabajo” en Alemania.
El Vaticano suspende al obispo de Limburgo tras la polémica por su palacio
La Iglesia quiere esperar el resultado de una auditoría interna para tomar una decisión definitiva sobre su futuro. Además de las acusaciones de despilfarro, Tebartz van Elst enfrenta una condena penal por haber dado un testimonio falso bajo juramento a un tribunal de Hamburgo. El Papa Francisco se reunió con el prelado alemán el pasado lunes. Tebartz van Elst vivirá apartado de Limburgo en los próximos meses, posiblemente en un monasterio bávaro.
En una nota de prensa difundida el miércoles a mediodía, el Vaticano asegura que Francisco fue informado “de forma completa y objetiva” sobre el sonado escándalo. El obispo encargó la renovación de la sede episcopal en la ciudad medieval de Limburgo, sede de la diócesis desde hace 200 años, en la que planeó una residencia para el obispo. Al principio se habló de un gasto inferior a los 3 millones de euros. Después, de unos 10 millones. Pero Tebartz van Elst admitió hace unas semanas que el presupuesto se había disparado hasta los 31 millones de euros. Se cree que esta suma podría quedarse corta y que la nueva casa obispal costará en total más de 40 millones de euros. Incluye estancias privadas construidas con materiales nobles y detalles lujosos, como una bañera de 15.000 euros. La Conferencia Episcopal alemana investiga desde el pasado viernes qué falló en los procesos de control para que los gastos se disparasen de esa manera.
El vicario general Wolfgang Rösch, que sustituirá al obispo en su retiro, adelanta su llegada a Limburgo, que estaba planeada para el 1 de enero. Sucede en el cargo a Franz-Josef Kaspar, al que se acusa de haber colaborado con el obispo en la construcción de la nueva sede. Personas próximas a la diócesis culpan a Kaspar de haber ocultado sistemáticamente los gastos reales de la sede.
El caso levantó una ola de protestas en Alemania. Como consecuencia, miles de católicos apostataron en todo el país. La Iglesia católica alemana, como sus iglesias protestantes, cuenta entre las más ricas del mundo gracias al impuesto eclesiástico que recauda el Estado entre sus miembros. En 2012, dicha tasa reportó 5.200 millones de euros a las arcas católicas y una cantidad algo inferior a la de las Iglesias luteranas.
El estilo de vida del obispo Tebartz van Elst ya era objeto de críticas antes de que se conociera el precio astronómico de su nueva sede episcopal. El obispo demandó al semanario Der Spiegel por publicar en 2012 que había gastado miles de euros en billetes de primera clase para visitar barrios de chabolas en India. Tebartz van Elst negó en una declaración jurada haber admitido que voló en clase business, pero un reportero grabó unas declaraciones donde lo reconoce así. El asunto podría convertirlo en el primer obispo condenado en un proceso penal en Alemania.
Además de estos escándalos, el obispo pasaba por hombre autoritario y reacio al diálogo con su diócesis. El verano pasado, 4.000 católicos de Limburgo firmaron una carta abierta contra el estilo pastoral de su obispo. Limburgo está en una de las regiones más prósperas de Alemania, junto a la ciudad de Fráncfort y la zona residencial de Taunus. La diócesis cuenta unos 650.000 católicos en los länder de Hesse y Renania-Palatinado.













