Suplemento Ser UNA
Las nuevas tecnologías y las parejas
El hermoso recuerdo de un paseo por la Costanera santafesina junto a su novio merecía una foto que, como todos los bonitos momentos, debía ser compartida con los seres más queridos. Fue por eso que Yanina se conectó a internet, abrió su perfil de Facebook y armó un álbum que se titulaba: “Tarde inolvidable junto a mi amor”. Acto seguido, Yani, como le dicen sus amigos, volvió a chequear cada imagen y etiquetó Francisco, su enamorado.
La acción, por cotidiana que resulta, repercutió entre todos sus contactos, los que se dignaron a hacer comentarios y poner “me gusta”. En tanto, en la casilla de notificaciones de Yani apareció un pulgar para arriba de un perfil femenino desconocido para ella, que se anunciaba como “amigo en común” del mismísimo Fran. Sorprendida e inquieta, Yani decidió clickear sobre el nombre de la joven que allí aparecía y de repente se vio revisando sus imágenes, averiguando a qué se dedicaba y hasta buscando alguna “prueba” o “dato” que la pudiera vincular con “su novio”; actividad que debido a la configuración de privacidad de la otra persona no le fue del todo posible.
“¿Por qué estoy haciendo esto?”, se preguntó la joven, pero no pudo con el impulso y por eso enseguida buscó el teléfono, marcó el número de Francisco y ni bien éste le contestó ella se limitó a hacerle un cuestionario respecto de la chica en cuestión. El interrogatorio, como era de esperarse, no resultó muy simpático para el “acusado”, y en consecuencia desató una pelea que se propagó en el tiempo y que dejó al descubierto un sentimiento que ni Yani ni Fran conocían: los celos. Esta historia, con diferencias y similitudes, se repite en varias parejas de la ciudad y son el reflejo de un conflicto que ya fue revelado por la Asociación Americana de Abogados Matrimoniales que comprobó que uno de cada cinco divorcios que se produjeron en EE .UU. en 2011 tuvieron su origen en Facebook. Por otro lado, y en esa misma línea, cabe destacar que el whatsapp también fue considerado uno de los canales causantes de separaciones, aunque los números revelados que hablaban de 28 millones de rupturas de parejas en todo el mundo suenan un tanto exagerados y aún no están comprobados.
“El doble tilde apareció, pero no me contestó”, “se sienta a mi lado, pero se la pasa hablando por whatsapp”, “su última conversación fue a las 0.45, pero a mí me dijo hasta mañana a las doce”, entre otras frases recurrentes en las parejas demuestran que este canal de chat gratuito que aparece en todos los celulares de última tecnología es también un generador de celos y discordias. ¿Pueden los celos terminar con una pareja? ¿Cuánto influyen las redes sociales y las nuevas tecnologías en esto? ¿Hasta dónde la virtualidad puede modificar la personalidad? Éstas y muchas otras dudas fueron contestadas a Ser UN@ por la psicóloga María Catalina Gorosito, quien aseguró que “el acto de “revisar” supone una actitud de control y vigilancia que desde la perspectiva de la salud tiene un costo emocional agobiante y angustiante que más tarde se reflejará en una alteración en el vínculo, por la pérdida de confianza, falta de respeto a la privacidad y autonomía del otro, todas condiciones fundamentales para vínculos saludables”.
—Pero muchas veces no hace falta revisar, la sobreexposición de las nuevas tecnologías permiten saber mucho del otro…
—Sí, claro. La sobreexposición de información acerca de los aconteceres de la vida de los sujetos, a través de fotos, escritos y conversaciones, han modificado los límites entre lo privado y lo público. Pero esa actividad no debe transformarse en el eje de nuestras vidas. Pre-ocuparse y ocuparse con frecuencia de la vida del otro es una forma de negar la vida propia, el encuentro con uno mismo… Por eso es necesario poner un límite.
—Y hablando de límites, las cifras demuestran que hay muchas parejas que se han roto debido a las nuevas tecnologías, ¿cómo evitar llegar a eso?
—Las tecnologías instalaron una nueva cultura que, sin duda, modificaron la cotidianeidad y fundamentalmente los modos de comunicación y vinculación con el otro. Por un lado, hubo quienes encontraron en las redes una forma de estar más vinculados o incluso de conocerse, y otros que hallaron aquí un muro virtual, que lejos de unirlos los separó. Y esa ruptura se produce, muchas veces, porque se dejan llevar por el mundo ficcional que plantea una comunicación basada en el “como si fuera” auténtica, pero no lo es; y entonces comienzan a aparecer mensajes, fotos y guiños de parte de nuestro amado en las redes sociales, las cuales parecen muy bonitas a la vista de otros, pero no pueden ser el reemplazo de una demostración de amor personal. Es decir, la instantaneidad de “te amo” virtual no debe opacar las acciones románticas que tenga con mi pareja, porque sino parece que todo ya te lo dije por el Facebook, entonces cuando estamos juntos ya no te lo digo y me pongo a hacer otra cosa. El cara a cara y el contacto físico no debe perderse, porque sino nos encontramos ante un problema.
Las redes sociales, que permiten estar permanentemente conectados y decir lo que se quiera sin pruritos, brindan una sensación de libertad que muchas veces se transforma en esclavitud por la dependencia que generan. “Hay quienes no se van a dormir sin chequear la última actualización o hasta anuncian su futuro sueño por la red”, dijo María Catalina Gorosito y agregó: “Son estas actitudes de «uso las redes sociales y luego existo» las que nos hacen pensar en una adicción que puede tornarse preocupante”.













