Judiciales

Vivir prófugo: un estado que en la mayoría de los casos termina tras las rejas

Abogados e investigadores explicaron a UNO Santa Fe cómo es la logística de una persona evadida de la ley.

Domingo 28 de Octubre de 2018

El 13 de enero de 1986, Élida Ruggenini (29), llegó muerta al hospital de la ciudad de San Javier. La investigación detectó al tiempo que la mujer había fallecido producto de la ingestión de pequeñas dosis de veneno y que quien se las había suministrado era su marido, Eduardo Franceschini, un médico policial que trabajaba en la Unidad Regional XIV de aquella localidad ubicada a 130 kilómetros de la capital provincial.

Acusado por el crimen, Fraceschini, que al momento del hecho tenía 32 años, fue detenido, pero al tiempo recuperó su libertad tras un fallo de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de Santa Fe. Cuando la Justicia provincial lo halló culpable del homicidio de Ruggenini, el hombre escapó y no pudo ser hallado por la fuerza pública para purgar la pena de prisión perpetua que se le dictó el 31 de julio de 1991. Desde ese entonces la vida de Franceschini pasó a ser una incógnita y a estar vinculada a la evasión constante de la ley.

El 6 de mayo del 2005 y a pocos años de que se cumpla el período de la condena y así la causa prescriba, Franceschini fue descubierto por agentes de Asuntos Internos. Estaba en la localidad de Anisacate, un pueblito del departamento Santa María, en la provincia de Córdoba. Allí había formado una nueva familia con una mujer, y además había adquirido otra identidad, la que según se informó en su momento era de un obrero chaqueño. El médico policial fue trasladado a Santa Fe para purgar lo que quedaba de condena en la cárcel de Las Flores.

Como el caso de Franceschini, hay miles en la Argentina y lo que es aún llamativo es que no exista un registro oficial de personas prófugas de la Justicia de cada provincia. En Santa Fe, pese a que existen divisiones especializadas en pedidos de capturas, no hay datos certeros de cuántas personas se encuentran evadidas de la ley. Solo el Servicio Penitenciario tiene un conteo exacto de evadidos de los penales que nunca regresaron de una salida transitoria.

Con pedido de captura

Los distintos investigadores consultados por UNO Santa Fe, que pidieron no ser nombrados, coincidieron que existen aspectos generales de las personas que estuvieron o están prófugas de la Justicia tanto provincial como federal. Según indicaron, la circunstancia de estar prófugo varía en relación a su situación social y económica. “El delincuente tiene una vida anterior al pedido de captura y una vida posterior”, indicó a este diario un investigador de la PDI.

Generalmente, la persona que huye de la ley y que tiene escasos recursos tiende a irse de la ciudad de Santa Fe y alojarse en una localidad aledaña donde no es conocido o quizás un barrio y así lograr conseguir una “changa”. Por ejemplo, Emanuel Gonzalo Rodríguez de 26 años, alias “Peladito”, recientemente condenado –en agosto de 2018– por el homicidio de Gonzalo Damián Pérez sucedido el 21 de enero del 2017, estuvo prófugo durante dos meses. Lo atraparon, meses después, en una vivienda en Callejón Roca y su intersección con 4 de Enero, del barrio Nueva Santa Fe: había sido incansablemente buscado por pesquisas de la Policía de Investigaciones luego de irse del distrito Alto Verde, donde residía antes de cometer el crimen de Pérez.

Otro ejemplo puede ser el de los implicados en el homicidio de Augusto Paulón, ocurrido el 19 de enero de este año en una plazoleta del barrio Escalante. Los principales acusados, Leonel C. (17) y Nahuel V. (18), estuvieron evadidos de la Justicia provincial durante cuatro meses y fueron intensamente buscados por los investigadores del caso. El jueves 19 de abril, agentes de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE), lograron capturar a Nahuel V., el cual se encontraba en una vivienda en construcción situada en el loteo “Las Mercedes” atrás del liceo norte de la localidad de Recreo. Por su parte, Leonel C., el principal acusado de matar a Paulón, continuó prófugo y su paradero fue incierto hasta que terminó entregándose al Juzgado de Menores el 10 de mayo pasado.

Distinta es la situación del prófugo que posee recursos y puede escurrirse por distintas localidades o provincias o inclusive logra salir del país y así eludir la ley. Por ejemplo, Marcos Andrés  "Palo" Oliver, actualmente buscado por la Fiscalía Federal Nº 2 de Santa Fe por liderar una organización de venta de drogas en la ciudad de Esperanza, se encuentra evadido de la Justicia y hasta el momento su paradero es un misterio. “Ese tipo de persona no se queda en Santa Fe porque la ciudad es chica por lo que se retiran a otras provincias”, explicó un pesquisa del área de drogas.

En esa línea vale recordar cómo fue capturado el represor Alberto Candioti, en 2013, el cual era buscado por delitos de lesa humanidad ocurridos durante la última dictadura en el centro clandestino de detención de San Justo. El mismo fue arrestado en el barrio Pocitos, en una zona exclusiva de Montevideo, luego de siete meses de investigación. El paradero del mismo fue descubierto luego de que se detectó que allegados le giraban dinero a una cuenta bancaria.

También puede recordarse la celebre triple fuga que concluyó con los hermanos Cristian y Martín Lanatta y Víctor Schillaci, que se evadieron del penal de General Alvear –donde purgaban la prisión perpetua por el triple crimen de General Rodríguez– y terminaron siendo capturados, en una cinematográfica búsqueda, en la zona rural de Cayastá (departamento Garay) entre el 9 y 11 de enero del 2016.

Cambios de fisonomía

Para estar prófugo distintos especialistas explicaron que la mayoría de las personas evadidas realizan un ardid que implica modificarse el pelo, es decir, cambiarse el color del cabello o cortarlo. A su vez, no llevar el documento nacional de identidad o cambiarlo con el de un familiar.

Un caso emblemático que ejemplifica dicha situación es lo que le pasó a Cristian “Gusano” Vera (31), condenado a prisión perpetua por el femicidio de Griselda Correa ocurrido el 20 de agosto de 2013 en barrio El Abasto. El mismo, tras ultimar con diez disparos de arma de fuego a quien era su pareja, huyó de la ciudad y se evadió hacia Córdoba. Se sospecha que el mismo estuvo en la zona de Frontera, localidad limítrofe con San Francisco. Vera fue encontrado luego de que los investigadores de Santa Fe obtuvieron el dato de que familiares del femicida lo iban a visitar a una cárcel de Córdoba y que estaba alojado allí, con una identidad falsa en el marco de una causa por narcotráfico y a disposición de la Justicia federal.

Una vida de estrés

“Las primeras horas son claves”, apuntó un pesquisa ya que es en ese momento cuando un hombre (o mujer) buscado por la ley trata de establecer algún tipo de contacto con sus familiares o amigos más cercanos. Luego, en una segunda etapa, se refugia en la casa de un amigo o “compañero de andanzas” para luego pasar a una tercera etapa cuando trata de encontrarse con su núcleo familiar más cercano.

Para muchos abogados del fuero penal de Santa Fe, existen momentos de un prófugo que son claves. La llegada de las fiestas y la muerte de un familiar. "No se aguantan estar prófugos y quieren venir con la familia o personas de su entorno. Lo mismo es cuando hay fallecimiento de familiares, son dos momentos en que por lo general se dan las detenciones”, explicó un letrado.

“La logística para estar afuera es autofinanciarse. Tener un trabajo que genere ingreso porque no puede depender del entorno de su familia ya que tarde temprano lo terminan encontrando”, agregó un abogado consultado por el tema. Asimismo, muchos prófugos, que por lo general dejan de ser buscados, terminan cayendo en un operativo de control vehicular o de identificación. Es el caso de Juan Eduardo "Chunchi" Montenegro, un vendedor de drogas de barrio Coronel Dorrego que cuando su organización fue desbaratada por la Brigada Operativa Departamental de Drogas en 2016, no fue hallado en las viviendas allanadas. El "Chunchi" terminó siendo detenido meses después por un procedimiento del Comando Radioeléctrico y condenado en noviembre del 2017 a doce años de prisión efectiva en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe.

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