El 2014 será un año que ningún hincha de Colón podrá olvidar, dado que debió soportar todo tipo de circunstancias, tanto adversas como favorables. Pero sin dudas que lo más importante es que lo coronó con el ascenso a Primera División tras la goleada a Boca Unidos por 3-0 en el Brigadier López.
Un año inolvidable
Allá por el 6 de enero Diego Osella se hizo cargo de un plantel absolutamente desmantelado ya que muchos jugadores decidieron irse y, encima, la deuda que mantenía el club con los futbolistas la AFA no le permitió incorporar los refuerzos. La excepción fue Ezequiel Videla quien se sumó en lugar del lesionado Maximiliano Caire.
El equipo arrancó el torneo en zona de descenso y encima con una goleada en contra por 3-0 en su visita al Cilindro de Avellaneda cuando se midió ante el Racing que dirigía Reinaldo Merlo. Vaya paradoja, ya que Mostaza luego sería el encargado de ascender al equipo.
Por aquel entonces eran mínimas las chances de soñar con seguir en Primera, ya que no había argumentos futbolísticos para intentar la heroica. Sin embargo luego de esa dolorosa derrota el conjunto sabalero hilvanó nada menos que cuatro triunfos de manera consecutiva (Argentinos, Quilmes, River y Central) y el panorama cambió por completo.
Aquella utopía del principio parecía convertirse en realidad cuando el elenco que conducía Osella acumuló ocho encuentros sin perder. Recién la segunda derrota se consumó en la 10ª fecha en condición de visitante ante Arsenal. Pero a la fecha siguiente venció a All Boys rival directo en la lucha por no descender.
El equipo se mostraba sólido, comprometido con la causa y todos tiraban para el mismo lado. Se había generado una mística importante y todos hablaban de Colón como un rival muy complicado de vencer. Un triunfo como visitante ante Newell’s por la 14ª jornada pareció darle el sustento real para mantenerse en la máxima categoría del fútbol argentino.
Sin embargo en la recta final del campeonato y producto de un desgaste muy importante tanto en lo físico como en lo mental el equipo se quedó sin nafta. Quedaban cinco fechas por jugar, tres de ellas en condición de local lo que hacía muy concreta la chance de lograr el objetivo. Pero dos empates de manera consecutiva ante Belgrano y Atlético de Rafaela encendieron la alarma. Que luego se activaría de manera definitiva cuando cayó como local ante Estudiantes y en la 18ª perdió sin atenuantes ante Vélez.
Toda la ventaja que le llevaba a sus competidores se diluyó y en la última fecha llegó con el mismo promedio que Atlético de Rafaela que visitaba a Arsenal. Mientras que Colón recibía a Olimpo. Por algunos minutos el equipo descendía, ya que la Crema ganaba y el Sabalero empataba. Pero llegó el gol milagroso de Lucas Alario en tiempo de descuento para forzar un desempate.
El mismo se produjo el 24 de mayo en el Gigante de Arroyito y, pese al envión anímico que traía el equipo por el resultado en el último minuto, se mostró inferior al conjunto rafaelino. En los momentos cruciales Colón sintió la responsabilidad, las piernas pesaron más de la cuenta y terminó cayendo por 1-0 para descender luego de 19 años ininterrumpidos en Primera.
El segundo semestre fue de reconstrucción, ya que el plantel se desmembró y, en consecuencia, quedaron pocos de los habituales titulares. Llegaron 12 refuerzos más la vuelta de Facundo Callejo y Osella debió armar un nuevo equipo con la obligación de ascender.
El arranque no fue el ideal, porque empató dos partidos de manera consecutiva, pero luego comenzaron a llegar las victorias sobre todo jugando en casa y por un amplio margen en el resultado. El equipo no era vistoso pero sumaba y estaba ubicado en zona de ascenso.
Se le reprochaba la falta de juego y la actitud de no mostrarse como protagonista ante rivales que a priori eran inferiores. El libreto de Osella jugando en Primera lo traspoló a la “B” Nacional y en algunos casos, lo hizo de manera equivocada a la hora de plantear los encuentros.
Colón estuvo siete partidos sin perder, alcanzó una grado importante de solidez y parecía que el camino estaba allanado. Pero dos derrotas en fila y algunas declaraciones públicas precipitaron la salida del entrenador, que renunció tras caer como local frente a Argentinos. A cuatro fechas del final el Sabalero se mantenía en zona de ascenso, pero se había quedado sin técnico.
Las primeras opciones que pensó la dirigencia se fueron cayendo (De Felipe, Pizzi y Burruchaga) y en el horizonte apareció el nombre de Mostaza Merlo. Las ganas de asumir en ese momento sin poner ningún tipo de reparos hizo que la dirigencia se inclinara por el ex-Racing. Debutó en el empate como visitante ante San Martín de San Juan que finalizó 0-0 dejando una imagen bastante aceptable.
A la fecha siguiente el equipo derrotaría como local a Ferro por 1-0 sufriendo más de la cuenta y en la 21ª visitó a Douglas Haig con la chance de ascender. Pero ese día Colón jugó muy mal, Merlo se equivocó en los cambios y nuevamente aparecieron los fantasmas del primer semestre.
Lo último es historia conocida: los dos mano a mano que desperdició Gonzalo Ríos, el penal ejecutado de manera brillante por Alario y los dos golazos de David Ramírez para que los hinchas festejen una Navidad en paz y con alegría.












