Salud

El enemigo silencioso

¿Conoce usted los valores de su presión arterial? ¿Tiene noción de cuáles son los parámetros normales? ¿Sabe que la hipertensión no presenta síntomas?

Jueves 04 de Octubre de 2018

La presión arterial alta puede dañar silenciosamente al organismo durante años sin que se desarrollen síntomas.


Si no se controla adecuadamente, puede determinar discapacidades, una calidad de vida baja o un ataque al corazón.


Con tratamientos apropiados y cambios en el estilo de vida es posible controlar –aunque no curar– hipertensión y de esta manera reducir el riesgo de complicaciones en el mediano y largo plazo.


La difusión de mayor información sobre la hipertensión y sus consecuencias sobre la salud es especialmente importante debido a la falta de conocimiento apropiado entre pacientes hipertensos actuales y potenciales.


La hipertensión –el principal factor de riesgo para sufrir y morir como consecuencia de un evento cardiovascular de manera prematura– afecta a unos 250 millones de personas en toda América en la mayoría de los países, las tasas del control son inaceptablemente bajas.


La Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) asegura que solo una de cada cinco personas con hipertensión en América latina y el Caribe consigue mantener su presión arterial por debajo de 140/90 mmHg, lo que es alarmante.

Daños y enfermedades asociadas con la hipertensión
El sistema nervioso central, las arterias periféricas, el corazón y los riñones se ven profundamente afectados por la hipertensión.


La asociación directa entre presión arterial alta y el riesgo de sufrir cardiopatías, infarto agudo del miocardio, insuficiencia cardíaca, hemorragia cerebral (ACV hemorrágico), enfermedades cerebrales, retinopatías, arterioesclerosis, aneurismas y enfermedades renales es geométrica: cada incremento de 20/10 mmHg. en la máxima y la mínima duplica la posibilidad de padecer estas patologías.


Arterias
La hipertensión daña a las células que recubren el interior de las arterias, cuyas paredes se engrosan y endurecen (arterioesclerosis); las paredes dañadas retienen grasas del torrente sanguíneo y forman ateromas (placas que, al desprenderse, pueden bloquear el flujo sanguíneo del corazón, el cerebro, los riñones, los brazos y las piernas); la debilidad de la pared arterial puede hacer que se forme un aneurisma (una protuberancia o aumento de tamaño de un segmento de una arteria) que puede estallar y causar una hemorragia.

Corazón
El corazón de una persona hipertensa se debilita progresivamente hasta que comienza a lesionarse y fallar.


La presión arterial elevada también provoca la enfermedad de las arterias coronarias que alimentan al corazón que, al volverse más estrechas, impiden la irrigación apropiada y causan arritmias, anginas de pecho e infartos.


La dilatación y rigidización del ventrículo izquierdo se produce porque el corazón debe trabajar de más; los cambios en la pared ventricular limitan la capacidad para poder bombear la sangre, e incrementan el riesgo de un infarto, una insuficiencia cardíaca o una muerte súbita.

Cerebro
La hipertensión puede causar arterioesclerosis o coágulos sanguíneos que conducen a un ataque isquémico transitorio (AIT), una especie de miniaccidente cerebrovascular.


La presión arterial alta puede provocar también verdaderos accidentes cerebrovasculares (ACV) al debilitar las arterias que irrigan al cerebro y conducir a estrechamientos, rupturas o fugas que derivan en ACV hemorrágicos (derrames cerebrales); al mismo tiempo, puede causar coágulos que bloquean el paso de la sangre y producir ACV isquémicos (interrupción del flujo sanguíneo).


La demencia de origen vascular también suele ser consecuencia de los perjuicios que provoca la hipertensión.

Riñones
La presión alta puede lesionar tanto los vasos sanguíneos que llegan a los riñones y los que se encuentran en su interior que es capaz de provocar insuficiencia renal; al no poder filtrar los desechos de la sangre, los riñones acumulan líquidos y tóxicos que eventualmente requerirán diálisis o un transplante de riñón.


La glomerulosclerosis es un tipo de daño a los riñones causado por la cicatrización de pequeñísimos grupos de vasos sanguíneos que filtran la sangre; con el tiempo, la presión alta en una arteria debilitada puede causar que una sección se agrande y forme un aneurisma que al romperse cause una hemorragia interna muchas veces fatal.

Ojos
La alta presión arterial puede dañar los vasos sanguíneos que llevan sangre a la retina y conducir al sangrado en el ojo, visión borrosa y pérdida completa de la visión, lo que se conoce como retinopatía; también es posible que se produzca la acumulación de líquido bajo la retina por fuga de un vaso sanguíneo y resultar en una coroidopatía que produce visión distorsionada o la aparición de cicatrices de dificultan la visión.
El bloqueo del flujo de sangre puede dañar al nervio óptico, matar células nerviosas de los ojos y causar sangrado intraocular o pérdida total de la visión.

Las emergencias de la hipertensión
La hipertensión es una enfermedad crónica que causa daños graduales a lo largo del tiempo.
Sin embargo, en algunos casos –la mayoría de las veces por falta de control para que la tensión arterial se mantenga dentro de los límites aceptables– la presión se eleva tan rápido y de manera tan abrupta que puede convertirse en una emergencia médica capaz de provocar trastornos mayores como:
– Problemas cerebrales, caracterizados por la pérdida de la memoria, cambios de personalidad, dificultad para concentrarse, irritabilidad o pérdida progresiva de la conciencia (encefalopatía)
– Accidentes cerebrovasculares
– Daños graves a las arterias principales del cuerpo (disección aórtica)
– Convulsiones en mujeres embarazadas (preeclampsia o eclampsia)
– Dolores en el pecho variables (angina de pecho)
– Ataques al corazón
– Alteración repentina del bombeo cardíaco, que provoca que se acumule líquido en los pulmones y genera una falta de aliento (edema pulmonar)

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