Santa Fe

La muerte de De La Rúa y el recuerdo más doloroso de la represión en Santa Fe

El 19 de diciembre de 2001 Marcelo Pacini, de 15 años, fue asesinado cuando buscaba un bolsón de comida para compartir con su familia. Aunque un exmilitar se responsabilizó de esa muerte, quedó en libertad y los Pacini sin justicia

Martes 09 de Julio de 2019

Descalzo y con hambre. A Marcelo Pacini lo pasaron a buscar a la tarde unos amigos del barrio porque escucharon en una radio que los supermercados de Blas Parera iban a entregar bolsones de comida. Ya había ido a la mañana a uno pero no tuvo suerte. Esta vez, con apenas 15 años se fue como estaba, con una bermuda y sin nada ni en las manos ni en los pies. Era 19 de diciembre de 2001 y la tensión se acumulaba frente a las grandes cadenas de comercios que vendían comida en el norte de la ciudad.

Por esas horas la policía custodiaba las puertas cerradas de algunos de los locales mientras las colas de gente se acumulaban a la espera de alimentos. Habían saqueado por completo el supermercado Manasseri –donde según testimonios no había patrulleros– en Guadalupe este y a la misma altura pero del oeste desde el Kilgelmann se entregaba mercadería a través de una ventana mientras las fuerzas de seguridad reprimían a los presentes. La violencia creció y muchos se desplazaron hasta Blas Parera al 5800, donde estaba el supermercado Bienestar.

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Marcelo estaba ahí, a cien metros de la puerta de ese local. Mirando, con sus amigos, esperando un bolsón. Pero, de espalda, lo que recibió fueron perdigones de plomo por abajo de la axila. En el cuello también. Se desplomó sobre el asfalto. Algunos de los que estaban con él lo llevaron al hospital en una trafic, otros corrieron a contarle a la familia. "Le dieron y cayó", le dijeron a Víctor Pacini, el hermano mayor, en la vereda de su casa y agrega: "Yo estaba con él ahí pero me volví. Cuando llegué a la puerta de mi casa me lo dijo uno que llegó en moto. Estaba todo el barrio y justo le tocó a él. Fue un instante nada más". Cuando Víctor llegó al Hospital Cullen, le comunicaron que Marcelo estaba muerto.

Catalina Sánchez, la mamá de Marcelo, relata a UNO Santa Fe: "Ese día fue a mirar nomás y ahí lo mataron, por la espalda. Estaba trabajando con su padre haciendo mezcla para hacer un asador. Los vecinos lo llamaron y fue a ver. Quería traer comida para los hermanitos". Además hubo una adolescente de 17 herida de gravedad que sobrevivió, más de cincuenta personas heridas y 20 detenidos.

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Víctor Hugo Clemente, exmilitar, y dueño de un local comercial de la zona se hizo cargo del asesinato ante la Justicia. Tanto el poder político como el mediático empatizaron con el comerciante para justificar los motivos que lo llevaron a activar varios escopetazos desde el interior de su local y la muerte de Marcelo pasó a un tercer o cuarto plano.

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También lo hizo así el Poder Judicial, de la mano de Rubén Saurín, juez de instrucción de cuarta nominación, quien dictó en 2002 en primera instancia la falta de mérito para Clemente. Interpretó que "el hombre había actuado en un momento de desesperación al ver que unas cien personas rompían las vidrieras de su negocio e intentaban ingresar al mismo", dicen las crónicas de los medios del momento. Tanto el fiscal interviniente en la causa como la Cámara de Apelaciones revocaron esa decisión y luego se ordenó la reconstrucción del hecho.

Finalmente se dictó el procesamiento de Clemente por el cargo de homicidio en exceso de legítima defensa. Nunca estuvo preso. La familia de Marcelo no recibió ningún tipo de justicia. "Se hizo cargo el padre del que disparó. Vive normal desde el día que lo mataron hasta hoy. Siguieron su vida, por unos meses con custodia enfrente de su casa, nosotros teníamos que pasar por ahí porque queda sobre la Blas Parera. A veces pasar por ahí para ir al cementerio para verlo a Marcelo, llevando y trayendo por ahí a su mamá. Como el que se echó la culpa murió, no pasó nunca más nada", lamentan desde el entorno del adolescente asesinado.

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El velorio fue en la casa donde Marcelo vivía junto a sus padres y sus hermanos. El cajón fue donado por concejales de la ciudad.

Provincia

En el caso de Santa Fe, la represión del 2001 causó la muerte de nueve personas. Una es Marcelo y ocho son de Rosario. La enorme mayoría de menos de 30 años, habitantes de barrios humildes y cinco de ellas, además, sostenes de hogar con niños pequeños. También provocó cientos de heridos, algunos de ellos con consecuencias incapacitantes de por vida.

Es justo volver a nombrar a las otras ocho víctimas fatales: además de Claudio Pocho Lepratti (35), Graciela Acosta (35), Graciela Machado (35), Juan Delgado (24), Walter Campos (16), Yanina García (18), Rubén Pereyra (20), Ricardo Villalba (16).

Marcelo, presente

El adolescente de 15 ya trabajaba desde hacía unos años con su papá Miguel y su hermano Víctor. Miguel era albañil y los llevaba a todos lados para que aprendieran el oficio. "Salíamos a vender verdura en un carrito, cortábamos el pasto, limpiábamos la vereda, lo que sea que encontrábamos para hacer porque no había trabajo, cualquier changa. Somos todos albañiles de chiquitos. Había crisis, éramos 13 hermanos y vivíamos todos juntos en una casita. Marcelo era uno de mis hermanos más chicos y donde yo estaba, estaba él", cuenta Víctor a UNO Santa Fe al recordar esos años.

Y Catalina agrega: "Él no quería ni que a mi ni a sus hermanitos más chicos les falte nada, así que trabajaba para traer algo de comer. Y también estudiaba en una nocturna. Si salía, volvía al horario que yo le decía. Nunca tuvo problemas con nadie, gracias a Dios, era un pibe que trabajaba, estudiaba. Nada de vagancia ni nada de eso. Todos nosotros somos así, trabajadores y tranquilos".

Además, Víctor agrega: "Siento que lo superé hace tres años. Lo tomé como que se fue de viaje. Lo superé porque estoy yendo a la iglesia. Imaginate desde hace cuánto lo estoy esperando. Cuando nos acordamos en familia, hablamos lo mejor que vivimos con él. Como cuando yo no estaba y lo necesitaba venía. Por ejemplo una vez él estaba en Cabaña Leiva y yo en la cancha de Unión y se me rompió la bicicleta y vino con la suya con sus herramientas y me ayudó a arreglarla. O agarrábamos todas las bicicletas, las poníamos en un carrito, la llevábamos a mi mamá e íbamos a la playa. Porque nunca tuvimos ni auto ni moto; bicicleta, en carrito o caminando. Así era".

"Nunca te podés olvidar. La justicia es para algunos nomás. Como el hombre este era soldado retirado no pasó nada. El juicio quedó en la nada. Nunca existió lo que pasó, quedó nulo, como si nada pasó. Al principio dijeron que estaba armado, y en realidad estaba como lo sacamos del Cullen: en pantalón corto y descalzo. Así estaba", lamenta.

Por su parte, Catalina dice contundente: "Yo debería tener 13 hijos pero tengo 11. No nos dieron nada y cuando lo mataron en 2001 sufrimos por eso. Hasta ahora no sabemos nada. Ya pagamos abogados y nada. El que teníamos primero Dr. Ricardo Bernárdez Varela ya murió. Después seguimos, pero por la vida de mi hijo ya no podemos hacer nada".

Sin justicia, ¿qué dirían hoy?

A casi 18 años, Víctor reflexiona: "Hoy pienso que todo dejamos en manos de Dios, porque la justicia de la tierra no sirve para nada, es mi realidad. Hoy no podemos estar hablando de si lo extrañamos o no porque remover la memoria nos hace mal, después nos tenemos que levantar otra vez".

"Si este hombre no se arrepiente de lo que hizo, no sé qué le pasaría. Capaz que van a decir cosas porque digo que voy a la iglesia y pienso diferente. Pero yo lo supe perdonar a este hombre. Cuando me junto con los –familiares de los muertos por la represión del 19,20 y 21 de diciembre del 2001– de Rosario me preguntan qué pienso y les digo que lo perdono por lo que hizo. Porque siempre vivía con ese rencor feo, tratando de no cruzarlo y siento que son muchas cosas. Cuando lo pude perdonar estuve más tranquilo. Si no se arrepiente de lo que hizo no sé de su vida qué será. No puedo vivir con odio dentro mío", argumenta.

Por último, al ser consultado por el fallecimiento del expresidente Fernando De La Rúa, señalado por numerosas organizaciones sociales, de derechos humanos y barriales como el responsable político de la represión del 19, 20 y 21 de diciembre de 2001, Víctor expresó: "Qué culpa le puedo echar yo a ese hombre. Es lo mismo que si hoy, con la pobreza que tenemos en Santa Fe, en el norte de la ciudad, pase lo mismo de vuelta. Que ojalá Dios no me escuche, pero si matan a otro chico así, ¿qué dirían? ¿Lo mismo?".

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