Colón atraviesa su peor momento desde la vuelta de Eduardo Domínguez. El equipo no logra buenos resultados, pero lo más preocupante es el nivel que viene demostrando fecha tras fecha. No gana, pero además juega mal y en nada se parece al equipo que se consagró campeón.
Colón debe volver al overol y dejar el traje de campeón
Colón deberá dejar el traje de campeón y volver a ponerse el overol.
Y en ese contexto, el entrenador sabalero viene cambiando seguido, ya sea de nombres como de esquema, pero no obtiene respuestas. Muchas de ellas por responsabilidad de los jugadores, que están en un bajón futbolístico, pero también el propio DT debe hacer una autocrítica, por varias equivocaciones cometidas.
Tomó decisiones que no fueron acertadas y tuvo muchas marchas y contramarchas. Viene sacando y poniendo jugadores, pero cambia para que nada cambie. Al equipo se lo observa sin la intensidad del semestre anterior y muchas veces asoma muy lento en el traslado. Colón se transformó en un equipo largo y previsible en ataque.
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Da la sensación que ya se vio lo mejor de Colón y que será realmente muy difícil que logre alcanzar el rendimiento que lo llevó a ser campeón. Como si el equipo se hubiese relajado un poco, pero también que el técnico exprimió al máximo al plantel en el torneo anterior.
Por lo cual, el interrogante es saber si este plantel está en condiciones o no de volver a jugar como lo hizo en la Copa de la Liga. Y la respuesta parcial es que parece poco probable que lo haga. Está claro que debe mejorar y que lo puede hacer, pero difícilmente recupere aquel andar, ya que la vara quedó muy alta.
El Sabalero quedó 10 puntos por debajo del líder que es River. Con 20 puntos, se ubica en la 10ª posición de la tabla y en consecuencia no tendrá chances de pelear este campeonato. Por lo cual, debe poner el foco en la final del Trofeo de Campeones que se jugará el 17 de diciembre en Santiago del Estero.
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Para ese cotejo faltan algo más de dos meses y hoy la final sería con River. Y está claro que jugando en este nivel será complicado poder ganar esa final. Pero se sabe que en el fútbol, dos meses es una eternidad. De hecho, dos meses atrás, Colón ganó tres partidos seguidos y lo hizo jugando bien.
Claramente hasta el partido con Gimnasia el rendimiento del equipo era bueno y con resultados importantes. En los primeros seis partidos, ganó cuatro, empató uno y perdió el restante. Es decir, cosechó 13 puntos sobre 18 en disputa. Y a partir del cotejo con Aldosivi llegó el derrumbe.
De los últimos ocho encuentros, obtuvo un triunfo, cuatro empates y tres derrotas. En consecuencia, sumó siete puntos sobre 24 en juego. Números y rendimientos muy dispares que lo sumergió en una crisis futbolística. Al punto tal que se convirtió en un equipo del montón.
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Y eso es responsabilidad del técnico y de los jugadores. La gran mayoría de los futbolistas bajaron notablemente su rendimiento, mientras que el DT dejó de acertar como lo hacía, respecto a los planteos y los sistemas tácticos. Antes Domínguez se imponía a los entrenadores rivales y los partidos se jugaban como quería Colón.
Ahora es al revés, en la mayoría de los encuentros es el rival el que impone condiciones. O al menos, se juega de acuerdo a su planteo táctico. Quizás sin tener la pelota, logra controlar a Colón. Sucedió ante rivales de menor jerarquía, que con muy poco se llevaron algo de Santa Fe (Sarmiento, Newell's y Banfield).
De cara a lo que viene, tanto el técnico como los jugadores deberán replantearse muchas cosas. Jugando como lo viene haciendo estará más cerca de perder o empatar que de ganar. Y se vienen rivales complicados, en los que deberá dar un plus si pretende salir airoso.
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Lo más preocupante es que Domínguez no encuentra el equipo. De aquel que salía casi de memoria, se pasó al actual en el que ya nadie es indiscutido. Si bien hay nombres que se repiten, está claro que hoy cualquiera puede salir y no sería novedad. Empezando por Facundo Farías que es el jugador más desequilibrante que tiene el plantel.
Tarea nada sencilla es la que tiene Domínguez, después de un logro histórico era lógico cierto relajamiento. Pero ya pasaron cuatro meses del título y es hora de dejarlo a un costado y pensar en lo que viene. Recuperar el hambre de gloria que tenía Colón y volver a mostrar los dientes.
Tiene la obligación de volver a ser intenso y comprometido. Ponerse el overol y sacarse el traje de campeón. Dejar de lado el aburguesamiento al que se llegó y comenzar a jugar como si nunca hubiese sido campeón. Si logra eso, es muy factible que logre enderezar el rumbo. Domínguez y los jugadores tienen la palabra.











