Colón jugará este viernes un partido clave en su historia. Si gana seguirá en Primera División, si pierde descenderá de categoría. Ni más ni menos, no hay margen de error y se trata de una final que puede marcar un antes y un después en la institución sabalera.
Colón ante el desafío de ser competitivo fuera del Brigadier López
Colón jugará una final ante Gimnasia con la obligación de cambiar su imagen para cumplir el objetivo.
Por lo cual, Colón puede darse el lujo de jugar como lo viene haciendo en condición de visitante. Es llamativa la postura del equipo cada vez que sale de Santa Fe, cuesta entender semejante diferencia entre el rendimiento que alcanzó en el Brigadier López y el que tuvo en condición de visitante.
Y es que en condición de local, el equipo sale decidido a buscar la victoria, pero como visitante adopta un papel secundario y eso se vio reflejado en el último partido con Vélez. No se puede aceptar que Colón haya perdido los últimos seis partidos como visitante.
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Para suerte del Sabalero, el cotejo con Gimnasia se jugará en campo neutral y habrá hinchas rojinegros. Lo que no deja de ser un dato alentador, en función de lo descripto anteriormente. Pero además de esta cuestión emocional, el equipo está obligado a jugar mejor.
En ese punto, Israel Damonte fue responsable de la derrota ante Vélez poniendo en cancha una formación ilógica, con un esquema cauteloso.Y es que Colón venía de golear y de jugar muy bien ante Talleres, sin embargo, el entrenador decidió modificar el sistema.
Dispuso una línea de cinco, pero los dos por afuera eran Gian Nardelli y Rafael Delgado, jugadores con escasa preponderancia ofensiva. Así las cosas, el equipo quedó muy largo y Ramón Ábila demasiado aislado en ataque, con las líneas demasiado separadas.
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Una situación que no puede repetirse en el partido del viernes, por ello se supone que Damonte habrá tomado nota y que volverá a las fuentes. Es decir, jugar con línea de cuatro y con un mediocampo que pueda tener más la pelota para asistir a Wanchope.
Por ello, es factible el ingreso de Favio Álvarez, que es el jugador con el que mejor se entiende Rubén Botta. Sino el exTigre queda demasiado solo en lo que respecta al manejo del balón. Y también es probable que Cristian Vega suplante a Stefano Moreyra, apostando por la experiencia del Kily.
Lo cierto y concreto y más allá de los nombres y el sistema que disponga, la realidad indica que Colón no puede salir a jugar como lo hizo ante Vélez. Dejar atrás la cautela y mostrarse más ambicioso, romper con el karma que sufrió de visitante y en campo neutral parecerse más al que juega de local.












