El 24 de diciembre Marco Feruglio asesinó al papá, la hermana, la mamá y la pareja de la madre de su ex, Romina Dusso. A ella le hizo unos cortes pero, pese a haber tenido la oportunidad, no fueron letales. El lunes pasado, un hombre de 34 años apuntó a su excuñada y se llevó al hijo de su expareja. La policía lo rescató antes de que pudiera lastimarlo. Hace dos años, en Concordia, después de su separación un padre chocó de frente contra un camión a propósito para matar a sus mellizos que iban en el asiento de atrás.
Femicidio vinculado: cuando los machos pegan donde más duele
Foto: Juan Baialardo / UNO Santa Fe
La violencia machista mata pero no solo a las mujeres. La intención del varón violento de dañar a su víctima lo lleva, en algunos casos, a cobrarse la vida de los seres queridos de la mujer. Una condena que puede ser aún más dolorosa que la propia muerte.
La ONG La Casa del Encuentro empezó, en 2008, a hablar de "femicidio vinculado" y a llevar el registro de aquellos varones y mujeres que habían sido asesinados con la intención de generar un daño a la mujer. Según el relevamiento que realiza esa organización, desde el 1 de enero de 2008 al 31 de octubre de 2016, en el país hubo 233 niños y hombres asesinados por la violencia machista -el número de femicidios vinculados de mujeres y niñas se incluye en el total de femicidios, 2.324 casos.
"Esa persona, sea varón o mujer, termina siendo asesinada con la única intención de influir psicológicamente a un objeto que, para el femicida, es la mujer", detalló Ada Rico, directora de la ONG y especialista en violencia de género.
El femicidio vinculado se puede dividir en dos categorías: la persona asesinada para destruir psicológicamente a la mujer; y la persona que es mortalmente atacada cuando intenta defender a la víctima.
"En muchos casos la mujer no es asesinada pero intenta destruirla psicológicamente porque le llega a generar hasta culpa sobre qué hubiese pasado si no se separaba", reflexionó Rico, pero aclaró: "En muchos casos el agresor también se suicida como una última demostración de poder. Hay que trabajar muchísimo con esas mujeres porque la culpa no es de ella sino del agresor. Esto tiene que quedar claro. Él era un violento y hubiese encontrado otra forma de destrucción".
—Cuando se conoce ese tipo de situaciones muchos hablan de que son "varones enfermos". ¿Es así?
—No, de ninguna manera. Son violentos. No los podemos enmarcar en el grado de enfermo porque si fuera así tendríamos la posibilidad directa de que se cure. Esto no es un enfermedad sino costumbres aprendidas a través del tiempo, de una cultura que coloca a la mujer en el lugar de sumisión y de objeto y al varón violento en ese sentido de pertenencia de esa mujer. Así como no son enfermos tampoco es porque no tomen alcohol o consuman sustancias. Otro mito arraigado es que lo hacen porque de chico recibió violencia y eso tampoco es verdad. Hay niños y niñas que vivieron situaciones de violencia familiar y cuando llegan a adultos deciden hacer todo lo contrario, ni ser sumisa ni ser agresor. Son mitos que van circulando para justificar la violencia que ejerce un varón hacia la mujer.
—¿Estas situaciones se podrían prevenir?
—Existen grupos de control de ira para los violentos. Esos espacios podrían llegar a funcionar en tanto el varón decida tomar esa iniciativa por sí mismo. Cuando el varón es derivado por la Justicia o cuando no sale de su propia motivación, es imposible que funcione. En caso de que él decida trabajarlo podríamos ver algún resultado pero, la verdad, es un poco desalentador pero es la realidad. Son muchos los casos en los que la familia de la mujer asesinada te dice "él prometió que no lo iba a hacer más".
"En lugar de hablarle al varón violento, yo le hablaría a la mujer y le diría que ella es la que tiene que estar alerta y, ante los primeros indicios de control o de violencia, termine esa relación porque él no va a cambiar. Es muy difícil volver hacia atrás en una relación donde se ha generado la violencia física o verbal. Porque esa violencia que no se ve va socavando tu autoestima hasta convertirte en un ser totalmente vulnerable", resaltó.
Mirar el contexto
La titular de la Casa del Encuentro señaló que no se habla de un efecto contagio en los casos de violencia de género y que la correcta difusión a través de los medios de comunicación ayuda a visibilizar la problemática y a alentar a las mujeres que están sufriendo a buscar ayuda.
"No creemos en el efecto contagio ni en el de imitación", insistió y agregó: "El año pasado se dio una masiva movilización el 3 de junio y ese mes se dio el índice más bajo de femicidios en la historia, hubo 13 en todo el país; y después, en octubre, tuvimos la segunda movilización importante y hubo un índice altísimo, 36 femicidios en un mes. Con lo cual hubo dos movilizaciones, donde se dio mucha visibilización a la temática, con promedios muy diferentes".
Rico también dijo estar convencida de que "el agresor no se construye por una nota, ni tampoco tiene la culpa el periodismo. El agresor existe y puede que en un momento se den múltiples femicidios en un mismo lugar. Entonces nos parece algo que no sucede frecuentemente. En los años que llevamos con el relevamiento hemos tenido ocho cuádruples femicidios. Cuando uno lo ve en el hoy y no en el entorno cree que nunca sucedió".
En función de ese análisis prolongado que se viene realizando desde el observatorio de femicidios "Adriana Marisel Zambrano" de La Casa del Encuentro, la especialista mencionó que el mes en el que suele haber más crímenes machistas es diciembre.
"Para las fiestas como es tradición reunirse con la familia, muchas veces la mujer quiere decidir pasarlo con su familia. Entonces hay una explicación, ahí tenés el intento de decisión", detalló. Y remarcó: "Hay que hacer análisis con seriedad porque es una temática que se lleva la vida de muchas mujeres en nuestro país. En todos estos años, el promedio nos sigue dando un femicidio cada 30 horas, ni aumenta ni desciende. El tema es no utilizar los femicidios de acuerdo a intereses políticos partidarios de cada provincia. Hay que utilizar un criterio lógico, de mirada feminista, para visibilizar la problemática".
El Poder Judicial
Por último, Rico apuntó a la Justicia. "Tenemos fallos que son una vergüenza. Hay una ley que establece el agravante por violencia de género pero en la mayoría de los casos se niegan a utilizarlo. Quienes imparten la justicia tienen fallos sexistas y patriarcales", dijo y recordó el caso de Paola Acosta, que fue asesinada y tirada a una alcantarilla junto a su nena de un año y nueve meses, que sobrevivió, por su expareja.
"La Justicia lo condenó a perpetua pero no aplicó el agravante por violencia de género porque ella estaba reclamando el pago de la manutención. No se trata solo de que le den la condena justa sino de que también se apliquen las leyes que realmente repudian ese accionar. En la Justicia hay mucho por decir", marcó.
Al respecto también señaló que solo entre el 12 y el 14 por ciento de las mujeres asesinadas habían realizado una denuncia previa. "Ahí falló la justicia pero ¿qué pasa con el más del 80 por ciento que no realizó la denuncia? ¿Por qué no lo hizo? Porque no cree en la Justicia. Ahí tenemos un tema en el que hay que trabajar", cerró.













