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Vendió plumeros, fue campeón y ahora lo espera un largo encierro

Carlos Baldomir fue vendedor ambulante al mismo tiempo que boxeaba y en el 2006 luego de consagrarse campeón en la categoría welter fue declarado el boxeador del año por el Hall de la Fama del Boxeo Internacional de Los Ángeles

Miércoles 31 de Julio de 2019

La vida deportiva de Carlos Manuel Baldomir fue un sube y baja, conoció la gloria y el ocaso, pero su carrera estuvo basada en el sacrificio y el esfuerzo por irse ganando de a poco un lugar en la élite del boxeo mundial.

Recién a los 34 años tuvo la chance de pelear por el título mundial y lo logró nada menos que en el mítico Madison Square Garden cuando el 7 de enero del 2006 derrotó en fallo unánime al estadounidense Zab Judah que en ese momento era considerado uno de los mejores libra por libra. Fue 115-113, 115-112 y 114-113. Y en el rincón de Baldomir estaba sentado nada menos que el inolvidable y exitoso Amílcar Brusa.

Ese día estaban en juego tres coronas, la del Consejo Mundial (CMB), la de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Pero estas dos últimas no lo reconocieron como campeón y dejaron vacante el título. El motivo es que no abonó la tasa de sanción del combate mundialista. En consecuencia, se quedó con el cinturón del Consejo Mundial.

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Ese apotéotico 2006 se convalidaría en su primera defensa del título cuando el 22 de julio en el Boardwalk Hall de Atlantic City, derrotó por nocaut al excampeón del mundo Arturo Gatti en el 9º asalto, luego de castigarlo sin piedad durante toda la pelea. Así Baldomir ratificaba su condición de campeón ante un boxeador de experiencia y recorrido como el ítalo-canadiense.

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Ese triunfo le permitió enfrentarse nada menos que al invicto Floyd Mayweather en el Mandalay Bay Casino & Resort Events Center de Las Vegas. Fue el 4 de noviembre y esa vez el tesón de Baldomir sucumbió ante el estilo y la categoría del estadounidense que le ganó todos los rounds. Una derrota previsible, que de todos modos fue digna ya que se mantuvo en pie durante los 12 asaltos.

Su inolvidable 2006 se ratificó como tal cuando el 14 de octubre el Tata fue distinguido como “Boxeador del Año 2006” por el Hall de la Fama del Boxeo Internacional de Los Ángeles.

Ya nada sería igual, porque en el 2007 comenzó su declive deportivo cuando el 28 de julio en el Emerald Queen Casino de Tacoma, cayó en decisión unánime frente al estadounidense Vernon Forrest. Luego de esa derrota, el 23 de noviembre venció al mexicano Luciano Pérez en una pelea sin título en juego.

Un año debió pasar para que Baldomir vuelva al ring, cuando el 20 de diciembre del 2008 fue vencido por el ganés Jackson Osei Bonsu en una pelea eliminatoria. Fue derrota por puntos en decisión unánime.

Su carrera boxística había entrado hace tiempo en un cono de sombras, al punto tal que su combate siguiente fue en Santa Fe el 27 de noviembre de 2009 ante el colombiano Jairo Jesús Siris. Lo venció por nocaut y anunció que dejaba de boxear.

Pero esa decisión no se mantuvo en el tiempo, ya que en el 2010 intentó la épica, enfrentó a Saúl Canelo Álvarez (boxeador de 20 años y en franco ascenso). El combate se desarrolló el 18 de septiembre en el Staples Center de Los Ángeles, California. El mexicano lo noqueó en el sexto round, en lo que fue una derrota previsible.

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Fue su última pelea importante, ya que luego vinieron algunos combates en el país ante rivales menores con algunos triunfos y una derrota ante Facundo Godoy. Y el 25 de abril del 2014 le puso definitivamente punto final a su carrera.

Ese día cayó por puntos ante el ruso Andrey Meryasev en el Salón Diamante de Kanasín, Yucatán, México. El Tata estaba a punto de cumplir 43 años y ya no tenía más hilo en el carretel.

En total disputó 71 peleas como profesional, obteniendo 49 triunfos (15 por nocaut), 16 derrotas (tres por nocaut) y seis empates. Una carrera que tuvo de todo, que conoció el éxito y el fracaso. Pero basada en el sacrificio de un boxeador, que como la mayoría, conoció todo tipo de carencias y que se sobrepuso a ese contexto.

Dentro del ring, su mayor virtud fue la lucha y el corazón, no le sobraba técnica ni tampoco tenía un estilo exquisito. Ni siquiera era un noqueador, pero su carrera se basó en la perseverancia por no claudicar nunca, aun cuando las puertas se le cerraban en la cara.

Dio batalla y tuvo su premio. Pasó de vender plumeros en la calle ayudando a su papá, a conquistar Nueva York siendo aplaudido por el Madison Square Garden. Una vida de película como la de tantos boxeadores que dentro del ring conocieron la gloria, pero que en la vida terminaron en la lona.

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