Santa Fe

La revolución tecnológica y su impacto en la administración pública, un debate que traerá polémica y conflictos

Carles Ramió capacitó a funcionarios de la administración pública y a intendentes y presidentes comunales en el marco del programa Santa Fe + Autonomía

Sábado 06 de Agosto de 2022

Carles Ramió es un catedrático y doctor en ciencias políticas y administración de diferentes universidades españolas y autor de 25 libros sobre gestión pública. Ramió fue invitado por el Ministerio de Gobierno provincial en el marco del Programa “Santa Fe + Autonomía”, donde una de sus líneas de trabajo en pos de las autonomías municipales. La conferencia que brindó el jueves pasado se tituló “Burocracia Inteligente, Tecnología y el futuro de la Administración Pública”.

Luego dialogó con UNO Santa Fe y otros medios donde habló sobre cómo la revolución tecnológica impactará en la administración pública a partir de la llegada de la robótica y la inteligencia artificial. Ese debate, advierte Ramió, que traerá polémica y conflictos, ya no pertenece al futuro, es una discusión que necesita darse sin pérdida de tiempo.

—¿Cómo se emparenta la organización, a veces arcaica, de la administración pública con la llegada de las nuevas tecnologías y el mundo moderno?

—Es una paradoja. Las políticas públicas y los servicios públicos en todos los países son innovadores porque van siguiendo necesidades sociales. Pero la máquina, que es el aparato administrativo, el aparato institucional, está envejeciendo y se está haciendo muy obsoleto. Pero eso no sucede solo aquí, sino también en muchos países porque es muy complejo, muy grande y complicado internamente. Hay muchas resistencias al cambio. Resistencias corporativas, sindicales. A los políticos les encanta renovar las políticas públicas pero les cuesta mucho renovar la institución porque lo ven técnicamente complicado, no aporta votos ni son políticas a corto plazo. Además, saben que van a ser objeto de mucha resistencia, de paros y todo tipo de problemas con los sindicatos. Al final tenemos cada vez administraciones públicas más obsoletas y es un contrasentido porque queremos innovar y tener buenas políticas públicas. Pero el aparato que está diseñado para hacer esto quedó muy anticuado. Yo dediqué toda mi vida a intentar renovar, modernizar esta institución, el aparato de la administración pública.

Carles Ramió Omar Perotti y Celia Arena.jpg
Carles Ramió, el gobernador Omar Perotti y la ministra de Gobierno, Celia Arena.

Carles Ramió, el gobernador Omar Perotti y la ministra de Gobierno, Celia Arena.

—¿Eso se puede hacer sin conflicto?

—Es muy difícil. Algún conflicto debe haber. Otra cosa es alcanzar algunos pactos y consensos. Pero conflictos con algunos colectivos de empleados públicos que les cueste salir de su zona de confort y con algunos sindicatos es claramente inevitable. Eso hace que muchas veces no se tomen iniciativas políticas porque les da miedo a los políticos.

—¿Cómo se imagina esa negociación y cuál es el lugar que va a ocupar el empleado público en el futuro?

—Para el caso de España, donde un tema crítico es modificar el modelo de gestión de recursos humanos que quedó muy anticuado y lleno de privilegios para los empleados públicos, si yo propongo transformarlo, me cesan automáticamente. Tenemos que edificar las administraciones públicas de cara al futuro. Por eso una propuesta es, al negociar con los actores sociales como los sindicatos y los representantes corporativos, decir que no se van a cambiar las reglas del juego ahora porque sería injusto porque hay gente que lleva muchos años trabajando. Esas reglas las mantenemos. Pero dejen que se haga una nueva ley con nuevas reglas de juego, no para los que están adentro sino para quienes tienen que entrar. Se pueden hacer sistemas más duros en algunos aspectos, pero más incentivadores para la juventud. Hay que tener en cuenta que la juventud no funciona con los mismos parámetros de incentivos que los que ya somos adultos. Con esto no se afecta a los que están y sí afecta a los que tienen que llegar. A nadie se le escapa que sería un modelo residual, que a medida que se van jubilando iría desapareciendo, y el otro sería emergente. Transformarlo de manera radical sobre la marcha, lo veo totalmente imposible. Pero sí hacer un intercambio. Mantenemos esto, con algunas mejoras. Pero, a cambio, me dejan cambiar el modelo de acá al futuro, que será un modelo con reglas distintas, pero que va a conseguir mayor complejidad con los jóvenes que, además, van a estar encantados en trabajar en la administración pública.

—Lo otro a analizar es si la administración pública le sirve al ciudadano ya que el Estado debe prestar ciertos servicios.

—Ese es el leitmotiv. La administración pública tiene resistencias internas, pero no olvidemos que el único objetivo es estar al servicio del ciudadano. La vocación es de servicio público, defensa del bien común e interés general. Y el ciudadano es quien nos paga, con lo cual todo se tiene que hacer por el ciudadano. Tenemos que superar todas estas resistencias a favor de que el ciudadano reciba una mejor calidad de servicios y tenga una mayor complicidad con la administración pública porque si no estamos rompiendo un pacto social. Si por mantener una administración pública muy obsoleta y envejecida, porque hay muchas resistencias alrededor, resulta que tenemos que desatender a los ciudadanos, eso es gravísimo. Los políticos se inhiben en la reforma, los sindicatos se oponen, a los empleados públicos nos cuesta mucho los cambios y salir de nuestra zona de confort.

Carles Ramió disertó sobre administración pública 1.jpg
Ramió fue invitado por el Ministerio de Gobierno provincial en el marco del Programa “Santa Fe + Autonomía”.

Ramió fue invitado por el Ministerio de Gobierno provincial en el marco del Programa “Santa Fe + Autonomía”.

—¿La pandemia no generó ya un impacto?

—La pandemia impactó en todas partes y en la administración pública, la digitalización o el teletrabajo que hubieran sido temas de implementación muy demorada, en 10 años, se hicieron de un día para el otro, en pocos meses. Eso puede implicar una mayor rapidez en la transformación de la administración pública. Es un catalizador positivo para algunas escenas dinámicas y hay que saberlo aprovechar. Hay que aprender de eso, introducirlo y profundizar más en la digitalización. Descubrimos que la digitalización va mucho más allá del fetichismo de la administración sin papeles, que aquellos ámbitos de gestión que estaban digitalizados pasaron de lo presencial a lo virtual de un día para el otro y los que no estaban digitalizados tuvieron que cerrar. Luego se profundizó y los funcionarios aprendieron mucho en aplicar la administración digital porque no les quedaba más remedio. Se empezaron a ver nuevos sistemas de trabajo, el teletrabajo. Eso hay que profundizarlo y ordenarlo. En realidad no hicimos teletrabajo, hicimos trabajo en casa, que no es lo mismo. El teletrabajo es una cosa ordenada que está orientado a la eficacia y la eficiencia. No puede ser que porque los empleados públicos hagan teletrabajo estén desatendidos los centros presenciales de atención. Hay que utilizar el teletrabajo como una consecuencia, no como un regalo a los empleados públicos, ni tampoco como una exigencia. Hay que hacerlo de una forma racional. Yo sé que (la pandemia) fue un punto de inflexión y que los cambios que hubiesen tardado 10 años ahora se produjeron de forma enormemente rápida.

—¿Esto va a permitir quitar los expedientes de papel de la administración?

—El tema del papel es importante, pero es más una cuestión simbólica. Lo que tiene que hacer la administración pública es renovar su modelo de gestión y utilizar la tecnología como un instrumento. La tecnología por sí misma no nos soluciona nada. Si trabajábamos con papel y ahora lo hacemos digitalmente pero hacemos lo mismo, entonces no hemos transformado conceptualmente la administración pública. Pero es cierto que con la pandemia fue muy importante estar digitalizados; es importante por la sostenibilidad no andar con millones de papeles. Pero lo más importante es dar un salto y aprovechar la tecnología como un catalizador. Hace falta un nuevo relato conceptual sobre qué cosas y cómo tiene que hacerlas la administración. Esa es una auténtica reforma.

—¿Cómo impactan en el empleo público la incorporación de la robótica y la inteligencia artificial, ya que en la Argentina, en ocasiones, el empleo público termina siendo una red de contención social?

—A nivel laboral general de mercado va a afectar muchísimo y hay que tomar medidas necesarias para que este proceso de transición no sea tan doloroso socialmente. En cuanto a la administración pública, podría ser que muchos de los trabajos que se hacen podrían ser automatizables. Pero todavía tenemos administraciones públicas que no están lo suficientemente desarrolladas para tener un auténtico estado de bienestar y todo aquello que sea automatizable no implica que la gente deba dejar el empleo público. Eso el sector privado lo hace con cirugía sin anestesia y a lo bestia. En la administración pública no podemos hacer los cambios de esta manera. Eso no compagina muy bien con los valores públicos. Se podrá hacer un pacto donde nadie va a perder el empleo público en los próximos 20 años por culpa de la incorporación de la inteligencia artificial y la robótica. Pero nadie puede exigir, de los que trabajan en la administración pública, que mantengamos nuestro puesto de trabajo. Si nuestro puesto de trabajo es más fácil de automatizar, se automatiza y se hace un esfuerzo de reciclaje con los empleados públicos y pasamos esos servicios a otro ámbito. El pacto es que yo no pierdo el empleo, pero no me opongo a la automatización y me reciclo para ocupar otro tipo de puestos. Si no nos blindaremos y la empresa privada estará muy avanzada y la administración pública avanzará muy poco, habrá asimetrías, se van incorporando valores, lógicas y algoritmos propios del sector privado al público y se va a privatizar conceptualmente la administración pública. Por eso no se puede demorar más esta transformación que llega a salvar vidas. En la pandemia se llegaron a utilizar algoritmos y la inteligencia artificial llegó a salvar vidas. No podemos dejar que los contemporáneos no puedan aprovechar una tecnología que ya está disponible simplemente porque la administración pública se opone por temas corporativos u otros temas.

Carles Ramió disertó sobre administración pública.jpg
La conferencia que brindó el jueves pasado se tituló “Burocracia Inteligente, Tecnología y el futuro de la Administración Pública”.

La conferencia que brindó el jueves pasado se tituló “Burocracia Inteligente, Tecnología y el futuro de la Administración Pública”.

—¿Cuál será el perfil del empleado público en el futuro inmediato?

—La administración pública necesita el tipo de perfil de empleado público que sea objetivamente necesario para conseguir eficacia y eficiencia. No es bueno utilizar la administración pública como un sistema de creación artificial de empleo. Lo he visto con algunas administraciones públicas que requieren un funcionario de alto perfil, pero como hay mucho desempleo en su territorio prefieren contratar a tres conserjes para darle de comer a tres familias. Pero eso no funciona así porque se está deteriorando la administración pública. Si hace falta alguien de perfil elevado y no hacen falta conserjes, hay que contratar uno solo de perfil elevado. Esa persona que se contrata es la que tiene que ayudar a hacer políticas activas de empleo, pero hacia afuera. Nunca hay que utilizar la administración pública como un sistema de creación de empleo porque eso es precarizar y crear una administración pública fuera de las necesidades. Eso es antipopular. La administración pública del futuro va a ser más compleja, más de gobernanza, va a prestar menos servicios de forma directa y sí lo hará de forma indirecta y automatizada, más tercerizada. El 90 por ciento de los empleados de la administración pública del futuro serán graduados universitarios o equivalentes. Va a ser una administración pública más calificada.

—Muchas veces, en la Argentina, algunas provincias y municipios usan de esa manera el empleo. ¿En Europa eso ya está superado?

—No, en España también sucede. Hay administraciones en contextos económicos favorables que no hacen esto y hay otras en contextos económicos desfavorables, con mayor índice de desempleo que acaban haciendo esto porque es difícil de evitar. Pero hacer esto es una auténtica insensatez porque es hacer una administración pública cada vez menos moderna, más del siglo XIX y, al final, la pagan los propios ciudadanos. Hay que construir la administración pública que nos haga falta, nos guste o no nos guste. Me parece perfecto que en la administración pública estén representados todos los sectores sociales, pero no por eso vamos a inventar un conjunto de puestos de trabajo que ya no tienen ningún sentido por la revolución tecnológica. Hay que luchar para dar buenos servicios de manera eficaz y eficiente. Eso quiere decir que hay parte de la población que queda afuera de la administración pública, no socialmente pero sí por categoría laboral. Lo que la administración pública tiene que hacer es crear buenas políticas activas para la generación de empleo en el sector privado.

—¿Cuáles van a ser los empleos públicos más fáciles de automatizar?

—La parte burocrática de procedimientos administrativos, burocracia de baja intensidad. Esa es clarísima. Son muy susceptibles de ser automatizados. Pero aquí hay sorpresas. Burocracias de alta intensidad como registradores de la propiedad, notarios, pueden ser sustituidos por el blockchain. Temas de auditorías, contables también pueden ser sustituidos por la tecnología. Incluso temas de dictámenes jurídicos pueden ser reemplazados porque hay programas de inteligencia artificial. Afecta a puestos modestos y a puestos elevados de la administración pública. El ámbito hospitalario. Ahora estudiar para cirujano es algo complicado porque las cirugías las van a realizar dispositivos. Es una cirugía tripulada, como los drones, donde los médicos están en el aparato haciendo la operación, pero sin necesidad de tener habilidad manual y dentro de poco serán aparatos autónomos. Esto va a afectar a taxistas, conductores de colectivos con los coches autónomos. Hay investigadores que analizaron 700 tipos de trabajo y llegaron a la conclusión de que el 47 por ciento se verá afectado por la inteligencia artificial o la robótica. Mientras que hay pronósticos de organismos internacionales que dicen que en los próximos 15 o 20 años el 30 por ciento de los puestos de trabajo va a desaparecer por esta revolución tecnológica. Se van a crear más y nuevos. Pero casi la mitad de los trabajos se van a ver afectados. Eso quiere decir que hay que preparar a la sociedad, que hay que acompañarla. Esto me preocupa mucho. No veo tan complicado esto a nivel interno de la administración pública pero a nivel de mercado laboral global esto es algo que me angustia. Yo no soy especialista ni economista para analizar el mercado laboral, pero pensar que la sociedad con tantos desequilibrios, inseguridad social, tan estresadas por crisis económicas, por crisis sanitarias en los próximos 15 años tiene que absorber un proceso donde desaparecen casi la mitad de los puestos de trabajo y que inevitablemente dos o tres generaciones no tendrán tiempo a reciclarse y se van a quedar sin alternativas, esto a mí no me deja dormir. Me asusta. Las administraciones públicas tienen que tomar ya algún tipo de medidas para que haya un acompañamiento de esta transformación digital y que en el sector privado se haga de la forma más confortable y segura y no se haga de forma bruta y sin anestesia.

—¿El Estado puede producir esta tecnología o debe asociarse con un privado y adaptarla a sus necesidades?

—El Estado, las administraciones públicas, nunca pueden liderar esta revolución tecnológica que van a llevar adelante las empresas privadas. Lo que no pueden hacer es dejar que solo lo hagan las empresas privadas. La administración pública debe tener una posición más proactiva de que exista una voz pública, con valores públicos también en materia de inteligencia artificial y de robótica. No lo podemos liderar, pero sí podemos intentar coliderarlo con una buena sintonía con el sector privado. Ahora, si nosotros nos inhibimos u optamos por posiciones de carácter reactivo y queremos vivir en una burbuja descontextualizada de esta tecnología, el sector privado va a avanzar a velocidad crucero y nosotros vamos a perder estas mejoras y estas capacidades. Además, hay una parte que tenemos que aprender porque hay que regular lo que hace el sector privado. Y si nosotros no sabemos y no creamos una voz pública, cómo vamos a estar en condiciones de regular lo que hace el sector privado; va a tener total libertad para hacer lo que le dé la gana.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario