Santa Fe

Ante una multitud, el Sampan se despidió y dejó un espacio vacío en el Puerto santafesino

Más de tres años pasaron desde la llegada del buque a Santa Fe. Este viernes partió hacia la India, con destino a ser desmantelado en Bombay. Decenas de familias y amigos registraron el momento.

“A las 7 vinimos con la familia desde barrio Santa Rosa de Lima para decirle chau al barco”, dijo una de las mujeres en el lugar. Tanto grandes, chicos, familias y jóvenes con equipos de mate llegaron al Dique I con cámaras fotográficas para llevarse un recuerdo. Muchos lo veían ya como parte del paisaje de la ciudad e incluso una gran cantidad de santafesinos tiene su foto familiar o una selfie con el buque detrás.

El viernes 27 de junio pasado fue la fecha en la cual se concretó la venta del Sampan y, a partir de ese momento, comenzaron todas las tareas de puesta a punto para que el barco deje la capital provincial.

El buque –que era propiedad de la agencia marítima Maruba, de capitales argentinos– fue adquirido por el grupo indio Best Oasis, con sede en Bombay. El destino final es la India, donde hay un gran puerto que solo se dedica a scrap, el desmantelado de barcos.

Según calculan algunos expertos consultados por Diario UNO, el valor estimado de ese barco en scrap ronda los cuatro millones y medio de dólares. De esa manera, el negocio que hizo el grupo indio es para reutilizar todo el acero que tiene el barco y la chapa náutica que se puede usar para una nueva embarcación o puede tener otra utilidad.

Pero el scrap se debe hacer siguiendo minuciosamente un plano para evitar sobrecargar alguno de los sectores del barco y que el desequilibrio de la distribución del peso lo termine hundiendo.

El Sampan fue construido en 1985 y tiene 198,56 metros de eslora, 27 metros de manga, un puntal de 11,17 metros, 23.609 toneladas netas de registro y siete bodegas. En abril de 2011 la embarcación ingresó al Dique I remolcado por la grúa Campeador.

Una despedida diferente

Isabel y Marcelo, los padres de Marcelo, el joven de Santo Tomé que emprenderá el viaje con el Sampan hasta la India, su destino final, también llegaron apenas salía el sol para despedir a su hijo.

“Le dijimos que aproveche la oportunidad que no se da todos los días, que será una experiencia única, sin duda”, dijo Isabel. Al papá en cambio le costó unos días aceptar la decisión de su hijo Marcelo: “Debo reconocer que no me cayó bien la noticia, pero tres días después ya lo asimilé. Yo soy un trabajador retirado de Prefectura, así que también me tocó estar en altamar, por lo que le di un par de consejos y recomendaciones para que su viaje sea ameno. Ahora espero que los recuerde”, dijo.

Cabe recordar que Marcelo es el único argentino entre los 20 integrantes de la tripulación, los demás son todos indios. “En total son ocho meses los que estará fuera de casa. La empresa le dio el pasaje abierto de avión para que regrese, pero me imagino que una vez allá Marcelo decidirá qué hacer. Si vuelve o si alguna puerta se abre”, aseguró Isabel.

El joven de 27 años empezó a ser marinero en 2008, cuando hizo un curso en la Escuela de Formación y Capacitación de la Marina Mercante que brindó la Prefectura Naval Argentina con asiento en la ciudad de Paraná. Horas atrás contó a Diario UNO cómo es por dentro el barco que estuvo amarrado más de tres años en la ciudad.

“Es un barco viejo, pero duro. En la zona habitable está todo lleno de camarotes y cada uno tiene baño privado, que es todo lo blanco que la gente puede ver desde afuera. Mientras que arriba está el puente de mando”, relató.

“En la parte inferior del casillaje, que es la parte blanca, está la sala de máquinas. El motor es más alto que una persona. Es impresionante ver los pistones de dos o tres metros. El barco tiene un olor a viejo y a combustible porque ya tiene su buen tiempo. No sé cuánto es el máximo de tripulación que puede viajar, pero si nosotros somos 20, seguro que podrían entrar otras 15 personas más”, agregó.

Hace poco más de un mes el santotomesino estaba de relevo para la empresa Maruba, que era la propietaria del buque antes de que se venda, y trabajaba como sereno. A los dos días de empezar con esa labor llegaron los hindúes. A los nuevos dueños se ve que les caí bien, nos llevábamos bien y con lo que sé de inglés nos comunicamos bastante bien y el dueño del barco me ofreció ir a la India. Acepté sin dudarlo”, aseguró.

Para el viaje Marcelo fue contratado como marinero de cubierta, que en navegación tiene a su cargo las guardias de puente y timonear el barco. Además, tiene que hacer limpieza, mantenimiento, pintura. “Pero al momento de la navegación es más tranquilo”, afirmó.

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