Entrevistas con UNO

Chan: "Los agroquímicos se necesitan para cultivos a gran escala, sean transgénicos o no"

La directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral que desarrolló un trigo transgénico resistente a la sequía aseguró que genera "mayor producción, mejor uso del agua y disminución de la huella"

Domingo 20 de Junio de 2021

Raquel Chan es investigadora superior de Conicet, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) y es la persona que condujo el equipo que desarrolló el trigo transgénico HB4 tolerante a la sequía. En diálogo con UNO Santa Fe habló de los beneficios que trae este nuevo trigo y sobre las polémicas que despierta la modificación genética de los alimentos y el uso de agroquímicos en la producción agrícola.

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—¿En qué situación se encuentra el desarrollo del trigo HB4?

—Este desarrollo se encuentra en la etapa final. Hemos desarrollado un trigo en determinada variedad que tolera muchísimo mejor la sequía. Pero también estamos haciendo ensayos con otras variedades de trigo más adaptadas a distintas regiones donde se estudia también si allí tiene los efectos beneficiosos en las que ya están desarrolladas. Estamos en la etapa final de varias variedades, que ya están bien, y desarrollando en otras variedades para ver si también funciona. Esto es porque en los distintos lugares del país se siembran diferentes variedades más adaptadas al suelo y al clima de esas regiones.

—¿Cuáles son los beneficios que tiene este tipo de trigo a partir de las modificaciones genéticas que le hicieron?

—La tecnología lo que tiene es que le confiere a los trigos convencionales una tolerancia al estrés hídrico por déficit hídrico y genera mucha mayor productividad con mucha menos agua. El beneficio es mayor producción, mejor uso del agua y disminución de la huella de carbono porque fija más dióxido de carbono para producir más semillas.

—¿Cuánta menos agua necesita este trigo?

—Eso depende de la región del país en la que se siembra. Hay lugares donde ha dado 40 por ciento, 50 y hasta 100 por ciento de diferencia. Mientras que en otros lugares da menos y por eso hemos estudiado esto en distintos lugares y no es adecuado para todos los sitios del país. Esto fue publicado en una revista científica con todos estos datos. Ahora que está tan en boga el tema Covid, se habla mucho de si fue revisado por pares, si están publicadas las cosas en revistas con referato. Es el caso del trabajo del trigo que fue absolutamente revisado por pares anónimos y está publicado en una revista de alto impacto internacional en la especialidad de plantas.

—¿Este desarrollo está pensado para la Argentina o para comercializarse en diferentes países del mundo?

—Una cosa es dónde sembrás y, otra, dónde comercializás. En realidad, se desarrolló en la Argentina para las regiones del país que son distintas. Argentina es grande y tiene regiones con distinto muy clima y suelo. En principio se podría desarrollar para otras regiones del mundo, pero eso no se hizo todavía. En ese caso habría que cruzarlo con el trigo de variedades adaptadas a otros lugares para mejorar lo que ya existe.

—¿Y la comercialización?

—La comercialización, no es un tema que me compete a mí, es de Bioceres y es económico. Yo soy bióloga. Pero sí implicaría la exportación a países que normalmente importan trigo de la Argentina.

—¿El hecho de que sea un trigo modificado genéticamente puede ponerle barreras a la exportación?

—Bueno, todo sistema regulatorio pone barreras porque todo lo que es modificado requiere autorizaciones como a la Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria), en el Senasa y la tercera en la Oficina de Mercados. En el caso del Trigo HB4 lo que es Sanidad Ambiental ya fue aprobado hace varios años por la Conabia, el Senasa también lo aprobó para la seguridad alimentaria humana y animal. Mientras que en lo que es comercialización, la Oficina de Mercado del Ministerio de Agricultura supeditó la aprobación a la de Brasil.

—¿Eso significa que la modificación genética puede generar algún efecto en la salud de los humanos que consuman ese trigo?

—De ninguna manera. En realidad no es que pueda generar sino que es una cuestión de seguridad. El Senasa tiene que aprobar cualquier alimento que se vende y cada dos por tres sale en los diarios que el Anmat o el Senasa prohibieron tal aceite o tal producto porque no cumple con las normas. Nosotros tenemos un país con una reglamentación y organismos de control como corresponde y tenemos la fiscalización de que los alimentos son seguros. El Senasa ya dio su palabra y dijo que esto es seguro para la alimentación humana y animal.

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Raquel Chan, directora del IAL, coordinó el equipo que desarrolló el trigo transgénico HB4 resistente a la sequía.

Raquel Chan, directora del IAL, coordinó el equipo que desarrolló el trigo transgénico HB4 resistente a la sequía.

—En el imaginario social hay una asociación entre lo transgénico y la aplicación de agroquímicos, ¿eso es así?

—La sociedad es una cosa muy compleja y muy heterogénea. Poca gente sabe lo que es un cultivo transgénico. De hecho puedo contar algunas anécdotas porque hicimos unas encuestas con el equipo de colaboración que tenemos donde hay algunos sociólogos y algunos datos son muy notorios. Cuando a la gente le preguntamos qué quiere decir transgénico, y hablamos con gente normal que estaba sentada en una plaza y que tiene un nivel de educación razonable, nos respondió que tenía algo que ver con el género y el sexo. Nos contestaron que tiene que ver con el dentífrico y con las cosas más variadas. Creo que hay una desinformación grande sobre lo que es un cultivo transgénico. Es verdad que hay grupos que asocian transgénicos con agroquímicos.

—¿Se necesitan agroquímicos para los cultivos transgénicos?

—Se necesitan agroquímicos para cultivos a gran escala, tansgénicos o no. El trigo convencional hoy se cultiva con agroquímicos. Normalmente los agricultores en cualquier campo de producción tienen lo que se llaman malezas, que son plantas que consumen agua, luz y nutrientes. El problema con la maleza es que no se come ni dan productos. Si se deja la maleza en el campo, cuando se quiere sembrar el cultivo que da rindes, como maíz, trigo, soja o el que sea, compite con la maleza y produce mucho menos porque la maleza algo le saca. Entonces, el cultivo a gran escala se hace con agroquímicos. La diferencia puede ser con un cultivo pequeño agroecológico en el que se saque la maleza de manera manual.

—¿Para usted es ficticio el debate entre lo orgánico y la producción a gran escala?

—No ambas pueden convivir, pero la orgánica se hace a muy baja escala. Este país vive de la exportación agropecuaria. El 80 por ciento de la divisas que entran por año al país, y son pocas todavía, entran por la exportación agropecuaria. Esas divisas son las que nos permiten comprar vacunas, celulares, cámaras de fotos, computadoras, nafta. Todo eso se compra con dólares o divisas que tienen que venir de algo que tenemos que venderle al prójimo para poder intercambiar por esa tecnología que no tenemos. Ningún país tiene toda la tecnología, todos importan y exportan cosas. Argentina es un país agroexportador. El cultivo a baja escala puede dar soluciones a lugares muy chicos, a familias. Pero no veo cómo van a generar divisas para el país. Ambas cosas pueden convivir y no son contrapuestas.

—¿Hay otros desarrollos similares al que hicieron ustedes con el Trigo HB4?

—Hay un montón de investigadores en el mundo tratando de obtener plantas tolerantes a la sequía porque la sequía es el flagelo más grande que tiene la producción industrial y se lleva todos los premios de pérdidas de rindes. Eso afecta más que las plagas o el viento que son otras cosas que generan pérdidas. Hay empresas muy grandes, pero los datos de las empresas no son públicos, por lo tanto no puedo decir lo que hay o no hay. En el acerbo público no hay una tecnología como la nuestra. Con una tecnología probada a campo con 37 ensayos como tenemos nosotros y que funcione, no hay.

—Como investigadora, ¿qué mirada tiene sobre lo que fue la pandemia del Covid con la expansión de un virus que modificó la vida en todo el mundo?

—Muchas cosas pasaron con la pandemia. Hubo pandemias a lo largo de toda la humanidad. Felizmente la última fue hace 100 años y nadie se la acuerda porque no hay mucha gente viva que lo recuerde. Existen estas cosas y aparece un virus nuevo y hace el desastre que hizo este virus. La diferencia con 100 años atrás es que la ciencia esta vez salió mucho más rápido a responder. El número de muertos con la gripe española que fue exactamente 100 años antes que el Covid, se llevó un número muchísimo más grande de muertos con una población mucho más chica que la que tenemos hoy. Hoy tenemos medicinas, que muchas cosas se obtienen con la tecnología, y si bien tenemos que lamentar muchas muertes en el mundo, este número es infinitamente más chico que el de la gripe española. Esto demuestra que la ciencia sí pudo dar una respuesta muy rápida, se aprendió que había que aislarse, que había que lavarse, que hay que usar máscaras, que se transmite por aire, cuán rápido se transmite por aire. Una cantidad de información que produjo el mundo científico. Y luego las vacunas, que es otro desarrollo de la ciencia. En ese caso las que se quedaron atrás fueron las industrias porque la ciencia llegó más rápido al desarrollo de decenas de vacunas en todo el mundo y la industria se quedó atrás en producirlas a gran escala en un tiempo razonable.

—¿Qué le deja al mundo científico tener que enfrentarse a este tipo de desafíos?

—Yo hubiese querido que no aparezca. No le veo grandes ventajas.

—Pero ante el escenario que hay que enfrentar, ¿se puede sacar algo de positivo?

—Este escenario nos deja la enseñanza de cuánto sirve la formación que tenemos para enfrentar este tipo de cosas. En su momento no hizo falta pero la gente de este instituto estaba preparada para hacer kits, hacer test pero las limitantes estaban en otro lado, no en el recurso humano. Lo que se demostró en la Argentina y en otros países del mundo, es que muchas veces la ciencia que hacemos parece básica, que no sirve para nada, generó unos recursos humanos, personas capaces de afrontar esto. De repente salieron kits, barbijos, vacunas, lámparas UV y todo lo que hizo falta. La comunidad científica salió a responder. Eso demuestra que es importante sostener a la ciencia aunque no siempre se vea la utilidad de forma inmediata.

—¿Alcanza la inversión que está teniendo la Argentina en el desarrollo científico?

—No. Si uno mira a otros países del mundo ve que hemos mejorado un poquito. Pero en los países muy desarrollados en el mundo están en un 4 o 5 por ciento del PBI de inversión en ciencia. No toda ciencia básica en institución pública, puede ser en empresas o en institutos intermedios.

—¿Hoy la Argentina en qué nivel de inversión está?

—Hoy la Argentina está en 0,5 por ciento. Está bien respecto a Latinoamérica, pero está lejos respecto a países como Noruega, Israel o Estados Unidos que tiene entre un 3 y un 5 por ciento de su producto bruto.

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