Durante décadas, toda la franja norte de la ciudad de Santa Fe, de este a oeste, se encontraba cubierta de quintas de frutas y hortalizas. Si bien era costumbre de muchas familias mantener su propia huerta y proveerse a sí mismos de los productos alimenticios básicos, en este sector se trataba de enormes superficies, cuyas producciones abastecían a toda la capital provincial a través de las ferias –que hasta la década del 90 contaban con varias cuadras de extensión en la mayoría de los barrios.
El amor a la tierra y sus frutos se palpa a diario en este rincón
En diálogo con Soy de, Rosalía Acosta, presidenta de la asociación vecinal Las Delicias, relató: “Hace casi 40 años que vivo en el barrio y fuimos los fundadores de la vecinal, hace 18. Cuando llegué había muchísimo descampado y todavía existían las quintas en toda esta zona. Hoy cambió y está superpoblado”.
Así recordó aquellos tiempos en que la avenida Aristóbulo del Valle distaba mucho de ser el centro comercial a cielo abierto actual y se asemejaba más a un amplio camino rural que unía a la ciudad con las localidades vecinas.
Hoy es un barrio en el cual prevalecen las casas bajas, de una sola planta, con pocas instituciones. Entre las más destacadas se encuentran la vecinal (en Alfonsina Storni al 3.100), el Club Universitario, la Sociedad de Quinteros, algunas iglesias evangélicas sobre la avenida Gorriti, y la Estación Zoológica Experimental Granja La Esmeralda.
Más allá del crecimiento demográfico de la zona, en sus calles –muchas aún de tierra– todavía se puede andar en bicicleta sin esquivar muchos autos, y los chicos aun tienen el espacio para improvisar un picadito en la vía pública.
En los últimos años, las necesidades de este barrio se sostienen. “Todavía faltan cloacas y gas natural; tenemos calles de tierra y ripio; y seguimos con las cunetas a cielo abierto en un sector del barrio. Desde ninguno de los servicios nos han dado respuesta, más allá de que la vecinal trabajó fuertemente en el pedido”, expresó Rosalía.
“Ante la Municipalidad hemos hecho muchas presentaciones. El último pedido fue de iluminación en Callejón El Sable, desde Zavalla hasta Aristóbulo del Valle. Tienen algunas luces pero muy precarias y hay muchos faltantes”, agregó.
El aspecto socia l
En este barrio no sólo se observan carencias con respecto a los servicios, sino también necesidades de tipo socioeconómico, que se reflejan en la asistencia que brinda la vecinal a muchas familias de esas manzanas.
“Estamos trabajando mucho el aspecto social, con los jóvenes que ingresan a la escuela. Tenemos comedor y copa de leche, para 60 chicos de entre 6 y 13 años. Lamentablemente, la cantidad ha ido en aumento y hoy es impresionante. Nos solventa la provincia, porque de otra forma no podríamos afrontar ese servicio”, contó la presidenta de la institución.
“En cuanto a inseguridad, está un poco más calmo ahora, pero enero, febrero y marzo fueron terribles. Te entraban a las viviendas particulares, salías a laburar, volvías a tu casa y no encontrabas nada. El vecino pretende un destacamento al menos. Nosotros tuvimos en el último tiempo reuniones con vecinos por las alarmas comunitarias y la incorporación de cámaras del municipio, gestionándolas”, acotó.
El principal inconveniente que detecta la vecinal con relación a este problema es que hoy es parte de la “jurisdicción de la comisaría 26ª, que abarca los barrios Las Delicias, Villa Elsa, Pompeya, Transporte y Esmeralda Sur, entre otros. Son muchos barrios y, además, la misma comisaría cubre también la seguridad de los bancos, que son muchos en la zona. Hoy, si encontrás dos policías es mucho en la comisaría”, enfatizó Rosalía.
Y continuó: “Nosotros hacemos muchos trámites por violencia de género, por ejemplo, y al ir a la comisaría la vemos desmantelada, sin personal. Nos sentimos en un cuadrado alejado de todo, con todas las falencias que tenemos”.
Acerca de la atención sanitaria y educativa, tampoco es todo color de rosas. “La ciudad creció enormemente hacia el norte y en nuestra jurisdicción no tenemos ninguna escuela, porque teníamos la No Formal para Adultos que se pasó luego al Eempa Nº 42; y las secundarias de la zona están abarrotadas; no nos queda otra que ir al centro, lo cual implica un gasto que muchos no pueden afrontar”. Lo mismo pasa con la salud. El dispensario funciona en el mismo edificio que la vecinal y cuenta con “excelentes profesionales”, según Rosalía, pero hacen falta distintas especialidades, tales como odontología.
Desde la vecinal, más allá de las necesidades, resaltan que hay muchas cosas buenas que se hacen y se organizan en el barrio. “Tenemos taller de pintura en tela, tejido, costura, clases de guitarra, danzas clásicas, fútbol, apoyo escolar, y un grupo de la UNL nos proporciona películas para los sábados a la tarde para niños y adultos. Tratamos de hacer mucho”, concluyó la presidenta de la vecinal de esa zona.















