El jueves pasado, la ciudad de Santa Fe, gracias a la iniciativa de cuatro emprendedores locales, se convirtió en una de las 100 ciudades alrededor del mundo en las que el fracaso se presenta ante el público como una instancia de aprendizaje y como una oportunidad para el crecimiento personal. Resignificar una palabra con connotaciones negativas, ese es el desafío de las Fuckup Nights, un evento que nació en México, y que rápidamente se esparció por el continente y el planeta. Karina Szok, una de las organizadoras de la primera de las charlas en Santa Fe, contó a Diario UNO cómo surgió y de qué se trata esta particular iniciativa.
Fuckup Nights: cuando el fracaso se convierte en una opción válida
Se trata de una movida que nació en México en el 2012. Se realizó por primera vez en Santa Fe. Aprovechar experiencias negativas como aprendizaje
14 de junio 2015 · 12:41hs
—¿Qué son las Fuckup Nights?
—Es un movimiento que surgió en México hace un tiempo, similar a las charlas TEDx, pero que tiene como fin que distintos oradores cuenten sus experiencias de fracasos. Generalmente estamos acostumbrados al éxito y todo lo que se cuenta en las charlas TED tiene que ver con esto, y en realidad uno aprende más del fracaso que del éxito. Este modelo replica esta idea y busca que distintas personas cuenten algún tipo de fracaso que tuvieron en un emprendimiento o proyecto personal, y que cuenten como cierre de este espacio, los aprendizajes que pudieron obtener de estas situaciones. —¿Cómo llega a Santa Fe? —Un poco de casualidad. Somos cuatro los organizadores, y todos tenemos profesiones muy diferentes, y nos gustan cosas diversas. Por ejemplo, yo soy consultora en recursos humanos, otro de los chicos es administrador de empresas y trabaja con emprendedores en la UNL, y los otros dos organizadores tienen emprendimientos tecnológicos. Se nos ocurrió esto como una movida diferente que no persigue fines económicos. Es un evento sin fines de lucro, y lo único que buscamos es poder solventar los gastos para que se pueda llevar adelante. —¿Cómo consiguieron los oradores? —Los salimos a buscar, cosa que no fue nada fácil. No fue sencillo convencer a la gente que se anime a contar sus fracasos y hacerlo desde el mejor lugar que puedan. Hacerlo desde el aprendizaje, que es desde donde nosotros queremos encararlo. Igualmente, después nos dimos cuenta que hay mucha gente dispuesta a contar su historia. Pero, no los llamamos fracasados, sino oradores porque socialmente es un término que no está muy bien visto, y tampoco queremos exponer a la gente, encima de que tiene una excelente predisposición, porque no se llevan más que un reconocimiento a cambio, a que se tenga que enfrentar a dar explicaciones socialmente. —¿Quiénes eran? —Los tres primeros oradores fueron Leandro Rivero, que es un emprendedor, coach, y parte escritor y filósofo, que contó uno de sus fracasos en un emprendimiento personal. El otro es Gabriel Taborda, que por un lado se dedica a la ingeniería y trabaja en el Ministerio de Aguas de la provincia, y por el otro lado es entrenador de alto rendimiento, y tiene emprendimientos propios relacionados con el pádel y el tenis. Y por último un viejo emprendedor, Erich Zwiener que es dueño de una empresa y habló sobre su experiencia en productos que no tuvieron éxito. —¿Cuál es la idea luego de este primer evento? —La intención es replicarlo con alguna periodicidad, no sé si todos los meses, o cada dos. Por el modelo que tiene el formato, se hace los segundos jueves de cada mes, y en simultáneo en un montón de otros países y ciudades. Tenemos una estructura establecida, y las ponencias tienen su tiempo y una modalidad de exposición predeterminada. Nada está dejado al azar, y nosotros no podemos hacer nada por decisión personal. Todo está más o menos armado, y el lugar en donde se hace tiene que ser descontracturado y relajado. No es el típico espacio de teatro, o sala de conferencias, sino que lo realizamos en un bar. —¿Pensás que hay mucha gente que se va a animar a contar sus experiencias traumáticas? —Creo que es difícil romper el hielo, pero ya tenemos gente disponible para el próximo. Nosotros en realidad no pretendemos que la gente cuente su fracaso, sino su aprendizaje. No ponemos el foco en lo negativo. Es muy importante que esto después tenga un correlato con una situación que se terminó resolviendo favorablemente y desde ahí es de donde nosotros trabajamos. —¿El evento está muy ligado al espíritu del emprendedorismo? —Sí, aunque yo creo que se puede llevar a otros ambientes de la vida personal. Está muy ligado al emprendedorismo, pero en realidad el público que puede asistir es abierto. Es para cualquiera que quiera aprender de las experiencias ajenas. Por supuesto que es de mucho valor para los emprendedores, pero también es para aquellos que tienen sus proyectos personales, o hasta para alguno que tuvo problemas en la construcción de su casa. Hay aprendizajes de todo tipo. —¿Se puede a través de esta iniciativa resignificar la palabra fracaso? —Totalmente. Para nosotros, culturalmente, los argentinos y los latinoamericanos, el fracaso es mala palabra, y no hay nadie en esta vida que no los haya tenido. Tampoco nadie que no haya podido aprender de eso. Está visto como una mala palabra, y lo que nosotros queremos es darle otro significado. Es decir que está buenísimo que las cosas hayan salido así, porque significa que estuviste haciendo algo. Que estás comprometido con tu proyecto, y que a lo mejor te fue mal, pero eso siempre algo te deja. Por eso creo que la primera impresión del evento puede haber sido compleja, y lo más desafiante fue encontrar estos primeros tres valientes que vinieron a contar sus experiencias. De ahora en más creo que puede ser un poco más sencillo. Coqui Toum / [email protected]












