Santa Fe

Los restos de María Antonia Godoy, la guardiana de la Virgen, serán trasladados a la Basílica

El lunes en la misa de las 19.30 se hará la celebración. Los restos de María Antonia serán sepultados en cercanías a la imagen de la Virgen de Guadalupe

Sábado 19 de Noviembre de 2022

El lunes 21 de noviembre serán trasladados los restos de María Antonia Godoy y sepultados, en la Basílica de Guadalupe, durante la Misa de las 19.30 que está precedida por Monseñor Sergio Fenoy. Tras la celebración los restos de la última guardiana que tuvo la Virgen serán ubicados frente al altar y a un costado de los restos del Padre Genesio.

María Antonia Godoy esta sepultada en el Cementerio Municipal y serán trasladados a la Basílica, tal cual el pedido que en vida le había hecho al obispo de Paraná, poder descansar en la primitiva capilla de Guadalupe, hoy la Basílica.

Quién fue María Antonia Godoy

María Antonia Godoy, hija de Buenaventura Godoy y Ventura Barco, fue la última representante de su familia en la custodia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe a partir de la muerte de su madre acaecida en 1894.

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María Antonia Godoy de pie junto a su madre

María Antonia Godoy de pie junto a su madre

En 1893 su madre había donado a la curia Eclesiástica, entonces del Paraná, la parte del terreno en que se encontraba la capilla de Guadalupe. Tal donación será aceptada recién el 18 de septiembre de 1900 por la curia santafesina.

Era tal su identificación con la devoción a la Virgen de Guadalupe que con motivo de su muerte el diario 'Nueva Época' escribía: 'Era toda una tradición la pobre viejecita muerta a la tarde de ayer a la sombra del amado Santuario de la virgen de su devoción, y a la que consagrara su larga existencia'.

Cuando muere, el 30 de junio de 1915 a la edad de 78 años, sus restos son llevados al Cementerio Municipal, al panteón de las Hermanas Terciarias Franciscanas de la Caridad con quienes había compartido los últimos años de su vida.

Desde el año 1932 una calle del barrio Guadalupe lleva su nombre, como reconocimiento a la importancia que tuvo en el desarrollo del culto guadalupano, pero sus restos esperaban descansar definitivamente junto a su 'Chinita', como ella lo había pedido y el obispado se lo había concedido.

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