El asesinato de un alumno dentro de una escuela de San Cristóbal sacudió a la sociedad y puso en evidencia el estado crítico de las instituciones que forman a los jóvenes. Tras el crimen ocurrido —en la misma institución donde tiempo atrás fue tajeada una joven— el sociólogo, analista de datos e investigador Felipe Ojalvo dialogó con LT10 Radio Universidad y ofreció una lectura profunda y sin eufemismos sobre el fenómeno.
Una mirada sin eufemismos sobre el crimen en la escuela San Cristóbal: "Los que estamos fracasando somos los adultos"
Para el sociólogo e investigador Felipe Ojalvo la violencia juvenil no es un problema de los jóvenes sino de las instituciones que los adultos construimos y dejamos deteriorar
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La escuela normal Mariano Moreno de San Cristóbal donde un alumno disparó contra sus compañeros.
"Esto es un problema público, además de tener una dimensión psicológica, cultural y social", sostuvo Ojalvo desde el comienzo, aunque aclaró que el consenso social sobre la gravedad del problema no alcanza por sí solo para resolverlo. "Las buenas voluntades no transforman la sociedad de por sí."
El declive de las instituciones
Para el investigador, la clave del análisis está en las instituciones que históricamente se encargaron de encauzar la adolescencia: la familia, la escuela, el deporte y la cultura. "Estos escenarios están poniendo sobre la mesa el declive de esas instituciones —afirmó—. Cuando digo declive, me refiero al poco éxito que están teniendo para canalizar esa etapa que llamamos juventud."
Ojalvo destacó que la adolescencia es, por definición, una etapa de transición compleja: "Adolecer es no tener. Es la negación. No tengo los atributos de un adulto, ni los de un niño." Y en ese contexto de fragilidad identitaria, la falla institucional tiene consecuencias directas.
La responsabilidad adulta
Uno de los ejes más contundentes de su análisis fue la responsabilidad de los adultos. "Los que estamos fracasando somos los adultos que estamos a cargo de esas instituciones", señaló, aunque matizó que no se trata de una falta de voluntad individual, sino de una crisis estructural que interpela a padres, docentes, funcionarios y académicos por igual.
"Los jóvenes transitan esas instituciones, construyen identidad dentro de ellas. Pero quienes las organizamos y regulamos somos los adultos", insistió. Y fue crítico del "sentido común adultocéntrico" que tiende a culpabilizar siempre a los jóvenes: "Hay una actitud muy negadora de esa etapa."
También señaló el rol del ejemplo adulto en la sociedad más amplia: "Cuando ves que en el Congreso es una guerra de insultos, cuando un incidente de tránsito termina a las piñas, ¿cómo no va a incidir eso en la conducta de los adolescentes? Los adultos somos muy responsables de lo que les pasa a los jóvenes."
Tecnología y socialización de pantalla
El análisis abordó también el impacto de la tecnología. Ojalvo advirtió que las pantallas constituyen hoy un "régimen de interacción social" que ocupa entre dos y ocho horas diarias en la vida de niños y adolescentes, quienes son nativos digitales: "Nacieron en un mundo donde ya estaba el internet en las casas, donde ya estaban los celulares en los bolsillos."
El problema, según el sociólogo, es que ni el Estado, ni los ámbitos educativos ni la academia tienen aún respuestas claras sobre cómo gestionar ese tiempo de socialización virtual. "No tenemos ningún tipo de regulación todavía de qué hacer con la cantidad de horas de pantalla que son también horas de formación identitaria."
Criticó además el modelo prohibicionista adoptado por las escuelas: "Ante la imposibilidad de enseñarles a manejar esa herramienta, se la prohíben. Y lo prohibido es atractivo para un joven."
Falta de prevención, exceso de reacción
Ojalvo fue categórico al evaluar la respuesta institucional: "No estamos teniendo grandiosas ideas para prevenir estos escenarios. Se nos ocurren otras ideas para actuar una vez sucedido el hecho." Como ejemplo señaló el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad: "Es una reacción institucional para cuando ya sucedió el hecho. No de prevención."
En relación al caso puntual, recordó que el Ministerio de Educación informó que el adolescente agresor no registraba antecedentes ni intervenciones socioeducativas previas, lo cual —a su criterio— evidencia que "las estrategias que estamos llevando a cabo no están funcionando." También subrayó el déficit en materia de salud mental: "Estamos en un desabastecimiento total de política de salud mental que tarde o temprano hace mella en distintos escenarios. Este es uno de ellos."
Familia y escuela: complemento, no competencia
Ante la pregunta sobre si la escuela puede suplir a la familia, Ojalvo prefirió hablar de complementariedad. Señaló que en los últimos años se instaló una dinámica de confrontación entre ambas instituciones que resulta contraproducente: "Hay una suerte de señalarse entre familias y escuelas. Y los docentes están sobreviviendo también, con sueldos paupérrimos, haciendo lo que pueden."
El investigador cerró su análisis con una reflexión que resume bien el momento: "Esto nos pone, de nuevo, a los adultos en el lugar incómodo de hacernos cargo." La pregunta que deja instalada no es solo qué hacer con los jóvenes, sino qué estamos haciendo —o dejando de hacer— con las instituciones que deberían sostenerlos.















