“Somos víctimas, igual que ustedes. Lo que sucedió con esa niña es pan de cada día” cantan tres jóvenes de Alto Verde que integran La Voz del Pueblo, un grupo de rap que se hizo conocido en la ciudad por sus temas sobre el caso Serena y por el apoyo al Chino Maidana. Sus canciones, que hablan de justicia y de reclamos sociales, son una muestra de una subcultura que empieza a crecer en Santa Fe: el rap. Pero: ¿qué se esconde detrás de la utilización de ese tipo de estilos musicales?, ¿qué buscan generar los jóvenes?
Rap, el lenguaje de los jóvenes para transformar la sociedad
Hace décadas la expresión de los jóvenes llegaba a través del rock. Los acordes fuertes y las letras cargadas de críticas a la estructura social que aislaba a quienes no se adaptaban a los estereotipos se hacían carne en los jóvenes que colmaban los recitales o formaban sus propias bandas. Ese punto en común, el inconformismo y la voluntad de ser una generación distinta, se reproducía en otros aspectos como la manera de vestir o de hablar.
Hoy el rock sigue siendo parte de esas generaciones pero los nuevos jóvenes tienen que encontrar sus propias maneras de seguir esa tradición de crítica y esperanza de que construir un mundo diferente es posible. Ahí aparece el rap.
Mariela Cordero –magíster en salud mental, licenciada en psicopedagogía y especialista en adolescencia– dialogó con Diario UNO sobre el lugar que ocupa la música en la conformación de la identidad de los jóvenes y cómo la utilizan para expresarse sobre temas que los preocupan. “La música es a la vez estilo de vida y vínculo social. Orienta a los jóvenes en su búsqueda de autonomía y les brinda un medio de expresión”, manifestó.
Además detalló por qué optan por estilos musicales alternativos y cómo buscan cuestionar a los adultos para encontrar su propia manera de convertirse en los próximos adultos. También señaló que los jóvenes no son apáticos sino que no sienten interés por las mismas cosas que sus padres o que otros adultos. Habló de la rebeldía y el lugar que, para ellos, ocupa hoy la escuela.
Buscar su identidad
La música ha sido siempre la expresión artística más presente en los jóvenes. Varían los estilos y los contenidos pero siempre está acompañando las reuniones o dando el marco a los momentos de soledad.
El fenómeno del rap en la Argentina es relativamente nuevo y, si bien ha tenido impulso recientemente a partir de series televisivas pensadas para adolescentes, aún no existen estudios concretos que analicen el género. Sin embargo, especialistas de la música y de la sociología lo vinculan mucho a lo que fue, hace unos años, el rock.
“La música constituye un entramado complejo de sentidos: opera en las prácticas culturales de los jóvenes como elemento socializador y al mismo tiempo diferenciador de estatus o rol”, explicó Cordero y siguió: “La adolescencia, como fenómeno subjetivo, está muy ligada a la creación de un territorio determinado por un fenómeno musical, que fue la emergencia del rock and roll. El rock, como fenómeno musical, tiene una característica nueva. No sólo no es música académica, sino que es un género inventado por adolescentes en su origen, en su emergencia. Y podría decirse que esto es circular. Los adolescentes inventan el rock y el rock inventa a los adolescentes”.
Y en ese sentido resaltó que “no es una música que le enseñaron los adultos a los adolescentes, es otra, diferente, que los diferencia”. También explicó que hoy el rock es parte de otras generaciones y es el turno de otros ritmos como el rap o la cumbia villera.
Entre las particularidades de la música adolescente, Cordero destacó que cada género desarrolla subculturas, por lo que no se trata sólo de la música sino también de todo lo que va a unir a quienes pertenezcan a ese grupo.
“Va a implicar una manera de moverse, de vestirse, una lengua propia, ciertas puestas en escena donde van a estar en juego efectos visuales, una forma de usar el cabello, el tatuaje o ceremonias muy propias. Pero también tendrá una serie de divisiones internas que hace que no sea homogéneo, tiene muchas regionalidades”, indicó.
Y siguió: “El joven busca diferenciarse de los adultos y de los demás. Y la música colabora con ello. Puede decir y expresar su particular visión del mundo. En un mundo que tiende a la homogeneidad extrema, la música parece ser una buena salida dónde mostrar una diferencia. Ser original, independiente o rebelde, e ir contra la corriente. Quizás sea buscar una identidad diferente a la de sus padres, o quizás, sólo ocupar el tiempo libre, o ahogar el sentimiento de soledad y encontrar un grupo de personas en el que ampararse ante las exigencias del sistema”.
El contenido de los temas es un punto central en el análisis de estas expresiones porque, de alguna manera, tira por tierra esa idea grabada en el imaginario colectivo de que los jóvenes son apáticos y de que no les interesa nada.
“El joven es rebelde casi por definición. Nos muestra a los adultos, con patente crueldad por qué no quiere ser como nosotros, analizando nuestros errores, dificultades y carencias. Ellos son de alguna manera nuestro reemplazo, y para constituirse como adultos, primero deben diferenciarse de ellos”, detalló la especialista en adolescencia.
Pero aclaró que la apatía no es una actitud generalizada en la juventud sino que resulta evidente el desinterés de los chicos en cuestiones que son centrales para los adultos. “Hasta la escuela ocupa un lugar menos importante. La mayoría de los adolescentes tienen un enorme potencial, que saben desplegar en algunas pasiones, en lo que les importa verdaderamente. La agudeza, creatividad, flexibilidad, versatilidad, son características destacadas”, ejemplificó.
Además dijo que muchas veces los adolescentes son apáticos porque se aburren. O porque no se les ofrecen posibilidades de desarrollar su potencial. “El tema es que el contexto no siempre favorece el despliegue de esas habilidades. Por ahí el mensaje social que se escucha es «zafá», lo importante es ya, el esfuerzo no es premiado. Y, por otro lado, incluirse en lo social, es cada vez más difícil, hay un horizonte de amenaza de exclusión social continuo. Al adolescente le es muy difícil insertarse en el trabajo por ejemplo. Ante esa contradicción, muchos jóvenes se paralizan o pasan al acto con conductas disruptivas donde manifiestan su malestar”.
—En su experiencia de trabajo con jóvenes ¿cuáles son los temas que los movilizan más?
—La injusticia creo que es lo que más moviliza. El ayudar a los demás también. Pero por supuesto que depende de cada contexto en particular. Lo importante como sociedad es brindarle a los adolescentes espacios de expresión, de creación, de confrontación –como se los permite la música– dónde canalizar también sus frustraciones en relación al presente pobre que les estamos dejando y construyan con esa pasión característica, un futuro más pleno, con mejores posibilidades de ser para todos.












