Durante gran parte de la tarde-noche, Colón hizo todo para ganar. Dominó, manejó la pelota, le sacudió los palos a Mitre y generó situaciones suficientes como incluso para golear. Pero el fútbol no premia méritos ni intenciones y un descuido le sacó los tres puntos. Al Sabalero le alcanza una sola distracción para complicarse solo.
El déficit que preocupa en Colón: no lo define, le llegan poco y le convierten
Colón volvió a dejar puntos en casa y lleva cuatro partidos seguidos recibiendo goles. La pérdida de solidez empieza a pesar tanto como la falta de contundencia
Por Ovación
UNO Santa Fe | José Busiemi
El 1-1 en el Brigadier López volvió a dejar una señal preocupante: el equipo perdió seguridad. Antes, el rival necesitaba muchísimo para lastimarlo. Ahora, cualquier descuido parece suficiente. Eso empieza a repetirse demasiado.
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A Colón, con poco, le convierten
Con el empate ante Mitre, Colón llegó a cuatro partidos consecutivos recibiendo goles. Una secuencia que contrasta con la racha de cinco sin derrotas en la Primera Nacional, aunque el dato es engañoso: de esos cinco, apenas ganó uno. El invicto de local sostiene las formas, pero los puntos muestran otra realidad. Porque el equipo dejó de transmitir firmeza.
El problema ya no pasa solamente por las chances desperdiciadas. También aparece en la incapacidad para sostener ventajas o cerrar partidos que controla desde el juego. Ante Mitre quedó expuesto otra vez: generó mucho más, tuvo situaciones clarísimas y parecía encaminado a una victoria cómoda. Sin embargo, bajó la intensidad por un instante y lo terminó pagando.
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Esa fragilidad defensiva además coincide con otro síntoma evidente: Colón perdió peso ofensivo. Hoy depende demasiado de Ignacio Lago, capaz de desequilibrar con continuidad y cambiar el ritmo en ataque.
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Entonces aparece una mezcla peligrosa: un equipo que ya no liquida arriba y tampoco consigue blindarse atrás. La Primera Nacional suele ser despiadada con esos detalles. Colón empieza a comprobarlo. Porque aunque todavía suma y se mantiene en la pelea, cada partido deja la sensación de que el margen de error se achicó muchísimo. Antes, el Sabalero construía desde la solidez. Hoy vive al límite. Eso, en una categoría tan cerrada, puede cambiarlo todo.
















