El miércoles 30 de septiembre, el estado de Tennessee en Estados Unidos intentó ejecutar a Christa Gail Pike mediante inyección letal en una prisión de máxima seguridad. Pike, de 50 años y condenada desde 1996 por el asesinato de Colleen Slemmer, iba a ser la primera mujer con pena de muerte en el estado en más de dos siglos.
Pena de muerte fallida en Estados Unidos: la ONU acusó de tortura a Christa Pike tras los intentos de ejecución
ONU exige suspender la pena de muerte contra la única mujer sentenciada en EE. UU., tras sobrevivir al procedimiento con inyección letal
Pena de muerte fallida en Estados Unidos: ONU acusó de torturar a Christa Pike tras los intentos de ejecución
Tras recibir dos dosis de pentobarbital sin perder la vida, la condenada a muerte debió ser trasladada de urgencia a un centro médico. Testigos relataron más de una hora de agonía tras una jornada marcada por idas y vueltas judiciales.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) acusó formalmente
El caso de Christa Pike, una de las mujeres más jóvenes en ser condenada a pena de muerte en la historia moderna de Estados Unidos por el crimen cometió en 1995, sumó un drástico capítulo internacional. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) acusó formalmente al estado de Tennessee de incurrir en tratos crueles, inhumanos y degradantes –calificados como tortura– tras el fallido intento de ejecución por inyección letal que concluyó con la reclusa hospitalizada en estado crítico.
El procedimiento estuvo antecedido por más de nueve horas de demoras e incertidumbre jurídica. La jornada comenzó con una orden de suspensión emitida por el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito Federal a escasos minutos de la hora fijada originalmente. No obstante, horas más tarde, la Corte Suprema de Estados Unidos revocó la medida en una votación de 6 a 3 sin ofrecer argumentos sobre su decisión, despejando el camino para el inicio de la ejecución al caer la tarde.
Minuto a minuto: la agonía de la mujer en la cámara de ejecución
De acuerdo con las declaraciones brindadas en conferencia de prensa por los periodistas asignados como testigos del procedimiento, las cortinas de la cámara de ejecución se abrieron a las 19.27. Inicialmente, Pike pronunció sus últimas palabras e interactuó con su asesor espiritual, con quien llegó a cantar la canción “I Love You So Much”.
Sin embargo, a las 19.34, tras la administración inicial del químico, Pike manifestó incomodidad física: “Siento como si mi brazo estuviera a punto de reventar”, expresó, mientras señalaba la zona del brazo antes de que su asistente espiritual le solicitara que intentara relajarse.
A partir de ese instante, la cronología del evento reveló severas fallas en el procedimiento:
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19.46 h: Las cortinas se cerraron por primera vez. Pike permanecía con vida y presentaba ronquidos audibles.
19.49 h: Se volvieron a abrir las cortinas. Los ronquidos de la condenada se escuchaban de forma intensa y con la boca abierta.
20.05 h: Se produjo el cierre definitivo de las cortinas.
20.05 a 20.53 h: Tras aplicársele una segunda ronda del fármaco, los testigos y la prensa permanecieron en el recinto escuchando ruidos continuos procedentes de la sala. Según relató la periodista Tori Gesner, los ronquidos derivaron en un tono “chillón”, al punto de no poder precisar si provenían de la propia interna o de algún equipo de asistencia médica.
Un escenario no previsto por el protocolo
Ante la persistencia de los signos vitales tras dos rondas completas de pentobarbital, el procedimiento tuvo que interrumpirse. Pike fue trasladada de urgencia en ambulancia a un centro médico local.
Por su parte, el Departamento Correccional de Tennessee, a través de su vocera Dorinda Carter, afirmó que el personal siguió estrictamente los pasos del protocolo aprobado por la Fiscalía General. Sin embargo, periodistas presentes señalaron que la normativa estatal vigente no contempla previsiones ni procedimientos de actuación para casos en los que el recluso sobreviva a la segunda dosis del fármaco letal.
A raíz de lo sucedido y de las fuertes denuncias de organismos internacionales y defensores de derechos humanos, la ejecución fue suspendida y el caso reabrió el debate sobre la efectividad y constitucionalidad de la inyección letal en el sistema penitenciario estadounidense.














