Lo único que por ahora mantiene a Gustavo Munúa como entrenador de Unión, tiene nombre y apellido: Luis Spahn. El mundo Unión le soltó la mano hace tiempo, sin embargo, el presidente rojiblanco se erige como el principal sostén para que el entrenador siga al mando del plantel. Se sabe que Munúa no va a renunciar, al menos por ahora, por lo cual el camino que queda a recorrer es que Spahn le pida la renuncia o en todo caso decida rescindir el vínculo de manera unilateral.
Es hora de que Spahn deje de mirar al costado y gestione la crisis
UNO Santa Fe | José Busiemi
Es hora de que Luis Spahn gestione la crisis futbolística que atraviesa Unión tomando una decisión respecto a la situación de Gustavo Munúa.
Ocurre que hasta ahora eso no sucedió, más allá de la presión que tiene sobre sus espaldas el presidente tatengue. Y es que sus pares de comisión directiva ya votaron para que Munúa no siga, pero es Spahn que el baja el martillo. Una derrota ante River era previsible, es el puntero del campeonato y el que mejor está jugando.
Y además, el resultado 1-0 no es indecoroso ni mucho menos. Pero está claro que Spahn no debe quedarse con eso, sino que debe mirar hacia atrás y analizar el devenir del equipo, que más allá de una mejora futbolística, contra el Millonario volvió a fojas cero. Y es que literalmente, contra River el Tate no pateó ni una sola vez al arco.
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El Rojiblanco hace 15 partidos que no gana como visitante, apenas sumó siete puntos sobre 27 en disputa y cuando finalice la fecha quedará penúltimo en la tabla de posiciones. Una campaña muy mala y que viene de arrastre, dado que apenas ganó tres partidos de los últimos 25 que jugo. La realidad indica que Munúa no tiene de donde agarrarse a la hora de intentar explicar su continuidad.
Y es que si bien en su momento tuvo el mérito de potenciar a algunos jugadores de las canteras, eso hoy no ocurre. A excepción de Imanol Machuca, al resto le está costando. Algo de Lucas Esquivel, que incluso en algunos fue suplente, pero muy poco. Los refuerzos que llegaron no respondieron, apenas un par de partidos de Luciano Aued quien fue de mayor a menor y el empeño de Yeison Gordillo, que tampoco termina de resolver el déficit del mediocampo.
Es inentendible que Munúa haya pedido por Thiago Vecino, un jugador que no parece estar para el ritmo del fútbol argentino. No todo es culpa de Munúa, eso es más que obvio. Hay responsabilidad de los jugadores y de la comisión directiva que encabeza Spahn. El mercado de pases no fue bueno y eso está a la vista. Se fueron jugadores muy importantes como Juan Ignacio Nardoni y Juan Carlos Portillo,que no fueron bien reemplazados.
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Pero ahora, la única solución posible, no pasa por traer o que se vayan jugadores. Siempre lo más a mano para descomprimir el contexto es la salida del entrenador. Ya el clima cada vez que Unión juega de local, no ayuda. Se percibe el malestar, la impaciencia de la gente y a esta altura la presencia de Munúa en el banco irrita.
Pasó frente a Racing, en donde Unión jugó un partido aceptable, pero la derrota desencadenó reproches e insultos para el DT y para el presidente. Y demás está decir, que el sábado cuando el Tate reciba a Belgrano si el DT dirige al equipo, al mínimo contratiempo el estadio se hará sentir y eso no es bueno para nadie. Se genera un ambiente que perjudica a los futbolistas, a los cuales se les hace más difícil rendir en la medida en que pretenden.
Faltan seis días para el choque ante el Pirata, por lo cual hay tiempo para analizar la situación y tomar una medida. No sería saludable que Munúa solo se quede por un tema económico y que Spahn estire la agonía por dinero. Unión no puede estar al borde de un ataque de nervios cada vez que juega como local.
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Resulta verdaderamente insano todo lo que está viviendo. Por ello, Spahn debe tomar el toro por las astas, gestionar esta crisis futbolística y traer calma. No está mal respaldar un proyecto en el tiempo como lo hizo con Munúa, pero tampoco se puede justificar cuando los resultados te dan la espalda.
El futuro de Unión depende de Spahn, ni más ni menos. Es quien debe decidir, hasta aquí bancó al cuerpo técnico por encima de todos. Casi como una metáfora, se podría decir que se tiró arriba de la granada. Pero habrá que ver, si se corre antes de que la misma explote, o si la detonación y las esquirlas también la sufre en carne propia.













