Laura Meroi vive junto a sus hermanas y su hija en Sauce Montrull, una pequeña localidad situada a 10 kilómetros de Paraná.
Eligió ayudar a los demás como modo de honrar la vida
Hace ocho años se sometió a un bypass gástrico, ya que su salud corría serio riesgo debido a su hiperobesidad.
Pero lo que era una esperanza para ella y su familia, se transformó en una pesadilla: una presunta mala praxis la dejó postrada y con un severo riesgo de vida. El diagnóstico fue polineuropatía, una afección que puede dañar las neuronas, las fibras nerviosas y la mielina que cubre los nervios.
Pasó un largo tiempo abatida en su cama, soportando el dolor. No podía moverse ni comer.
Casi por casualidad, una nena que iba a una escuela lindante a su casa le propuso juntar tapitas para después venderlas, del mismo modo que se venía haciendo en el hospital Garrahan de Buenos Aires, para que Laura pudiese tener una silla de ruedas.
Así fue que las tapitas pasaron a formar parte de su vida. Durante años su casa fue un centro de acopio y pudo transformar su sufrimiento a través de una iniciativa esperanzadora. En este marco, contó a Ser Un@: “Todo eso me hizo bien. A partir de ahí decidí darle una utilidad a todo lo que me pasó. No fue fácil, lloré mucho, pero la campaña de las tapitas me devolvió algo más que la sonrisa: me devolvió el maravilloso hecho de tener un objetivo en la vida”.
Si bien Laura ya tenía una silla de ruedas y con el tiempo pudo volver a caminar, se propuso como objetivo que la recolección de tapitas sirviera para poder comprar una silla de ruedas para personas hiperobesas, ya que antes de su operación sufrió una caída y cuando la llevaron al hospital San Martín en la capital entrerriana, se dio cuenta de que esto era una necesidad fundamental. “Una vez me caí siendo hiperobesa, y tuve esguince de ambos tobillos, y no había cómo llevarme a hacer una radiografía, porque no contaban con una silla de este tipo”, indicó.
La campaña proliferó rápido a través de las redes sociales y también entre los vecinos y amigos. La solidaridad se multiplicó y fueron millones de tapitas las que se lograron juntar.
Tendiendo redes
Laura admitió que lo que le pasó la marcó mucho, pero que aceptó que esta experiencia le dejó una enseñanza positiva. Lo que fue una iniciativa particular se convirtió pronto en un sueño colectivo que involucró a sus hermanas María Inés y Silvia, y a su hija Aranzazú y fue sumando a otras personas. “Si bien fue mi sueño al principio, sino me ayudaban tantos a soñar no hubiese podido concretarlo nunca”, aseguró.
“Hoy ya contamos con cinco sillas de ruedas, camas ortopédicas, férulas, muletas, bastones. Nunca esperaba que esto creciera tan rápido”, dijo.
Sin embargo, con la proliferación de iniciativas similares con distintos objetivos, con el correr de los años la recolección se fue frenando. “Se juntan tapitas con muchos objetivos y por eso la actividad fue mermando. Por lo que un día, comentando esto con mis hermanas, nos propusimos ir poniendo todos los meses en un frasquito un monto determinado. Con lo que se juntara, planificamos comprar una silla más grande para prestarle a quien lo necesite. La idea es que si algún obeso pasa una situación fea, acá se lo pueda ayudar”, comentó Laura.
Hace unos días el esfuerzo dio sus frutos y pudo compartir la grata noticia de que ella y sus hermanas habían logrado el objetivo. “Fuimos a un local donde venden elementos ortopédicos a preguntar cuánto cuesta una silla de ruedas grande. Las comunes están alrededor de 5.000 pesos, así que estas son más caras. El propietario del negocio nos dijo que se había emocionado con lo que estábamos haciendo y nos dejó la silla para obesos al módico precio de 3.500 pesos”, contó Laura, visiblemente emocionada, y agregó: “En el tarrito teníamos apenas un poco más de 2.000 pesos. Como igual, no nos alcanzaba, pedimos unos pesitos a alguien, para ser devueltos en forma mensual y de a poquito, y tenemos por fin una silla para obesos para prestar en el grupo”.
Tras este hecho, expresó en el muro del grupo de Facebook “Tapitas para Laura”: “Gracias por seguir soñando juntos esto que es tan hermoso. Gracias a ese hombre que no quiere que se sepa quién es porque no quería publicidad disfrazada de solidaridad. Gracias a esa persona que nos prestó lo que nos faltaba y que tampoco quiere que se la nombre”.
“Gracias también a ustedes que comentan, sugieren y comparten para de esa manera seguir juntos soñando algo que para muchos ya fue una realidad: la de tener la ayuda necesaria en el momento que se necesita”, concluyó.
Manos solidarias
Laura indicó que en la actualidad hay gente que sigue juntando tapitas para ella, no solo en Paraná y alrededores, sino también en otras provincias: “Hay quienes recolectan en Mendoza y las mandan en colectivo. Hay un matrimonio de La Plata que conocí en las redes sociales a través de este proyecto que una vez por año me visita con su vehículo cargado de tapitas”.
Entre las anécdotas de este proyecto en el que mucha gente colabora a diario desinteresadamente, Laura recordó que en una ocasión prestaron una cama ortopédica y con el uso se desoldó. Al recibirla nuevamente en estas condiciones, enseguida los propietarios de un taller de chapa y pintura del pueblo la buscaron y la restauraron sin cargo. “Esto se fue convirtiendo en una cadena de solidaridad”, dijo, y añadió: “En una ocasión teníamos que llevarle la cama ortopédica a un amigo que después falleció, el padre Cacho Ciuffo. No teníamos cómo trasladarla hasta su casa y publicamos esto en Facebook. Enseguida tuvimos dos ofrecimientos de personas con camionetas dispuestas a ayudar”.
Quienes quieran colaborar de alguna forma o requieran algún elemento ortopédico en préstamo, pueden contactarse a través del grupo de Facebook “Tapitas para Laura”, o del perfil Laurita Meroi.
Fuente: Vanesa Erbes / Suplemento Ser UN@.















