La reciente publicación de los índices de pobreza e indigencia en Argentina por parte del INDEC volvió a encender el debate público. Si bien desde el Gobierno nacional celebraron una baja en los indicadores, especialistas advierten que los números deben interpretarse con cautela.
Por qué la baja de la pobreza que informó el Indec genera dudas entre especialistas
Advierten que la canasta usada para medir está desactualizada y no refleja los gastos actuales.
José Busiemi
José Busiemi
En diálogo con el programa Mañana UNO, conducido por Fabián Acosta, Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, aseguró que “la disminución es real, pero no tan fuerte como lo expresan los datos”.
Según explicó, el principal punto a tener en cuenta es que lo que se mide no es la pobreza en sí misma, sino un indicador de pobreza por ingresos, el más utilizado en América Latina. “La pobreza es un fenómeno complejo, con múltiples dimensiones, y este indicador sólo refleja una parte”, señaló.
Una medición con bases desactualizadas
Uno de los cuestionamientos centrales que planteó Donza es que la medición oficial se apoya en una canasta de consumo basada en patrones del año 2004-2005, lo que genera distorsiones respecto a la realidad actual.
“Hoy los hogares destinan una proporción mucho mayor de sus ingresos a servicios, alquileres, medicamentos y educación, algo que no estaba contemplado con el mismo peso hace 20 años”, explicó. En ese sentido, sostuvo que esto genera una percepción social diferente: “La gente siente que le alcanza menos, y esa sensación es bastante real”.
El especialista remarcó que si bien existió una actualización con datos de 2017-2018, también quedó desfasada frente a los cambios económicos recientes, especialmente tras la quita de subsidios y el aumento de costos fijos.
Contradicciones entre los datos y la realidad
Otro de los puntos que genera controversia es la diferencia entre los indicadores y lo que ocurre en el territorio. Donza mencionó que el propio informe del INDEC muestra señales de alerta.
“Si se analiza por trimestre, la pobreza pasó de un 27% a casi 29,5% hacia fines del año pasado. Es decir, hubo un empeoramiento dentro del mismo período”, detalló.
Además, vinculó esta tendencia con el deterioro del mercado laboral, marcado por pérdida de empleos, suspensiones y cierre de empresas. “La situación actual probablemente sea peor que la reflejada en los datos promedio del semestre”, advirtió.
Los sectores más afectados
El análisis también puso el foco en grupos particularmente vulnerables. Donza señaló que el indicador actual presenta limitaciones para reflejar la situación de los adultos mayores.
“Una persona con jubilación mínima que vive sola, en muchos casos no aparece como pobre según la estadística, pero claramente tiene dificultades para cubrir medicamentos, vivienda o alimentación”, explicó.
Lo mismo ocurre con hogares donde hay personas con discapacidad, que enfrentan una reducción en la asistencia estatal y mayores costos de vida.
Desigualdad regional persistente
En cuanto a la distribución geográfica, Donza indicó que no hubo cambios significativos: las regiones más afectadas siguen siendo las mismas. Ciudades como Concordia y Resistencia continúan encabezando los niveles más altos de pobreza.
En el caso de Santa Fe, el especialista advirtió que forma parte de los aglomerados históricamente más golpeados, reflejando una desigualdad estructural que se mantiene en el tiempo.
El rol del empleo y la economía
Para el investigador, la clave para revertir la situación social pasa por mejorar el mercado de trabajo. “No va a haber una mejora sostenida en la calidad de vida si no cambia la estructura productiva y no se genera empleo de calidad”, afirmó.
En ese sentido, subrayó que la discusión sobre la pobreza no puede limitarse a los indicadores, sino que debe incluir un análisis más amplio sobre las condiciones económicas y sociales del país.
La difusión de los datos oficiales en un contexto político atravesado por la gestión del presidente Javier Milei reaviva las discusiones sobre la credibilidad de las estadísticas y su interpretación.
Mientras el Gobierno destaca la baja de la pobreza como un logro, especialistas insisten en que los números deben leerse con cuidado. “No se trata de negar la mejora, sino de entender sus límites”, concluyó Donza.
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