A los 85 años, Betty García mantiene intactos los recuerdos de una hazaña que marcó al fútbol femenino argentino. En diálogo con Radio UNO 103.6, recordó cómo en 1971 la Selección viajó a México sin recursos, sin botines y sin entrenador, pero venció 4-1 a Inglaterra ante una multitud en el Estadio Azteca. Aquella generación de pioneras abrió camino a futuras futbolistas y convirtió su lucha en legado compartido.
Una vida de fútbol, coraje y gloria: la historia de Betty García, la pionera del Azteca
A los 85 años, Betty García recuerda la gesta de 1971, cuando Argentina venció 4-1 a Inglaterra en México, y revive las carencias de un equipo pionero.
Por Ovación
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Una hazaña construida a puro esfuerzo
La historia de aquella Selección comenzó lejos de las condiciones que hoy rodean al fútbol profesional. Las jugadoras viajaron a México prácticamente sin respaldo institucional y debieron resolver por sus propios medios buena parte de las dificultades que aparecieron antes y durante el torneo.
Para poder concentrarse antes del viaje, la Unión Tranviarios Automotor les cedió un predio en Ituzaingó y colaboró con los buzos que utilizaron para viajar. Una vez en México, los problemas continuaron: las camisetas albicelestes perdieron el color después del primer lavado y tuvieron que conseguir nueva indumentaria.
Los botines tampoco estaban contemplados. Las argentinas no contaban con el calzado adecuado y la organización mexicana debió financiar la compra. A esto se sumaba la ausencia del director técnico, que no pudo viajar por un problema con su documentación.
La diferencia con sus rivales era evidente. Mientras las inglesas contaban con médico, preparador físico, entrenador y toda la indumentaria necesaria, las argentinas debían arreglarse con lo que tenían. Pero dentro de la cancha las diferencias desaparecieron.
El 21 de agosto de 1971, Argentina enfrentó a Inglaterra en el Estadio Azteca y consiguió una victoria histórica por 4-1. Elba Selva fue la gran figura del encuentro al marcar los cuatro goles de la Selección.
Aquel triunfo fue mucho más que un resultado. Fue la demostración de que, pese a todas las dificultades, aquellas futbolistas podían competir y dejar una marca que atravesaría generaciones.
La estadía en México también dejó situaciones insólitas. Como los pesos argentinos de la época no eran aceptados en las casas de cambio, Betty García buscó una manera particular de conseguir dinero y comenzó a vender fotografías autografiadas de los equipos en los pasillos del Estadio Azteca.
La aventura continuó durante el regreso. En una escala en Lima, Argentina disputó un amistoso ante Perú y ganó 1-0 con un gol de García. La celebración de la futbolista provocó la reacción del público local y, según recuerda Betty entre risas, desde las tribunas comenzaron a arrojarle choclos a la arquera argentina Marta Soler.
Una vida dedicada al fútbol y un legado que permanece
La historia de García no terminó con aquella epopeya mexicana. La futbolista también tuvo una extensa trayectoria a nivel de clubes. Pasó por All Boys, Piraña y Nacional de Montevideo, pero uno de los capítulos más importantes de su carrera lo protagonizó en Racing Club.
Con La Academia, García integró el plantel que se consagró campeón invicto en 1978, otro logro que quedó guardado en una carrera marcada por la perseverancia y el amor por el fútbol.
Con el paso de los años, su figura comenzó a recibir el reconocimiento que durante mucho tiempo le había sido negado. Su rostro quedó plasmado en un mural del Cilindro de Avellaneda y también en un mosaico gigante ubicado en las calles de su ciudad natal.
Pero quizás el mayor reconocimiento llegó cuando aquella gesta de 1971 comenzó a ser reivindicada por las nuevas generaciones. El 21 de agosto fue establecido como el Día de la Futbolista Argentina, en homenaje a las protagonistas de aquel histórico triunfo ante Inglaterra y a todas las mujeres que lucharon para que el fútbol femenino pudiera crecer.
A sus 85 años, Betty continúa vinculada a la actividad y observa con emoción el presente de la disciplina. Los torneos oficiales desde edades formativas y las nuevas oportunidades para las futbolistas representan un escenario muy diferente al que debieron enfrentar aquellas pioneras.
“Nosotras jugábamos contra la oposición de las familias y el qué dirán”, recuerda. Y para las chicas que hoy sueñan con llegar lejos tiene un mensaje claro: que jueguen, que se sacrifiquen y que no permitan que las opiniones ajenas les marquen el camino.
Para García, vestir la camiseta de la Selección Argentina continúa siendo el máximo orgullo. Su generación no tuvo las condiciones, el reconocimiento ni las herramientas que existen actualmente, pero dejó algo mucho más importante: el camino abierto.
“Nosotras hicimos todo lo que pudimos por ellas; ahora les toca a las nuevas generaciones hacer todo por las que vienen para que esta historia no se pierda nunca más”, sostiene.
Y la historia parece tener una última coincidencia escrita de antemano. Antes de finalizar una entrevista, le preguntaron cuál era su nombre completo.
“Gloria Argentina”, respondió.
Dos palabras que, en el caso de Betty García, dejaron de ser solamente un nombre para convertirse en una verdadera profecía. Porque aquella futbolista que alguna vez tuvo que jugar sin botines, vender fotos para conseguir dinero y enfrentar prejuicios terminó siendo parte de una generación que hizo historia y que todavía hoy ilumina el camino de las que vienen detrás.














