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La Familia Zapp: en un auto antiguo viajaron por 22 años

De Argentina salieron dos y volvieron seis personas y dos mascotas: la familia tiene un estilo de vida totalmente nómade, sobre las ruedas de un auto antiguo

Domingo 27 de Marzo de 2022

Héctor Zapp y su esposa Candelaria tenían 29 y 31 años cuando decidieron viajar en el año 2000 en auto hasta Alaska y volver, con el Obelisco como punto de partida.

“Ella tenía 14 cuando nos pusimos de novios; al día siguiente ya estamos hablando de tener siete hijos y de viajar”, contó Héctor, en diálogo con el programa Ahí Vamos (de 9 a 12 en UNO 106.3). El matrimonio tuvo cuatro hijos en distintos países: Pampa (19) en Estados Unidos, Tehue (16) en Argentina, Paloma (14) en Canadá y Wallaby (12) en Australia. “En el camino encontramos un perro y un gato así que ahora somos ocho”.

La pareja había fijado el 23 de enero para emprender su aventura, que no fue sencilla. “Nadie estaba de acuerdo, no teníamos a nadie que nos dijera que vayamos por nuestro sueño. Nuestra familia nos saboteaba, nos decía «están locos, cómo van a hacer eso, no sean ridículos, con ese auto, no tienen conocimientos, no tienen práctica, no saben de mecánica», y tantas cosas que tenían razón”, recordó Héctor.

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Hasta llegar a Alaska pasaron 4 años; regresaron en barco a Argentina y recorrieron el país. Después el viaje siguió por África, Oceanía, Asia y Europa.

Hasta llegar a Alaska pasaron 4 años; regresaron en barco a Argentina y recorrieron el país. Después el viaje siguió por África, Oceanía, Asia y Europa.

“Una cosa es un sueño y otra cosa es la realidad y pareciera que la realidad es lo que siempre va a ser y un sueño es algo que siempre va a estar ahí en la cabeza, pero no realizándose”, reflexionó. La joven pareja salió con 4.000 dólares y el auto antiguo, un Graham-Page de 1928, como salvavidas.

No habían salido de Argentina cuando se les terminaron los ahorros. “Aunque no me lo creas, y es difícil hasta de entender, lo mejor que pasó en el viaje fue quedarse sin dinero, porque en el viaje mientras teníamos dinero éramos esa gente que paseaba por los lugares, íbamos al camping, al mercado, íbamos a hacer lo que había que hacer para conocer el lugar y seguíamos”.

“Uno cuando quiere hacer un viaje o un sueño que sea muy grande, tiene que hacer como se hace cuando se come un elefante: de un mordisco por vez”, bromeó. “No íbamos a darle la vuelta al mundo, íbamos al próximo pueblo, y para llegar al próximo pueblo no necesitamos muchas monedas, y cuando llegamos a ese pueblo siempre encontramos la forma de hacer monedas para llegar al otro”.

Para seguir en movimiento vendieron artesanías, libretitas, postales y cuadros pintados por Candelaria. En Colombia se les ocurrió escribir un libro llamado "Atrapa tus sueños" sobre sus experiencias que tuvo muy buena recepción. Pero la clave estuvo en la ayuda de la gente que fueron conociendo y que les ofrecía lugar para quedarse y comer unos días.

El auto, su casa

“Nunca fui fierrero ni aprendí mecánica, y realmente el viaje en auto no lo veía viable por la cantidad de papeles, fronteras, repuestos y un montón de cosas”, rememoró Héctor. “Faltando tres meses para salir un señor me viene a ofrecer un auto antiguo y yo dije que no porque me estaba yendo a Alaska, pero cuando lo fui a ver me enamoré. Tiene más curvas que una mujer”.

El auto recorrió 362.000 kilómetros en los cinco continentes. Aún tiene el motor original, volante y ruedas de madera original. “Una sola rueda fue hecha de nuevo en Nueva Zelanda”, aclara el conductor. Fue la casa de camping, ya que se puede montar una carpa en el techo para los chicos y bajar los asientos para formar una cama matrimonial.

“El mejor amigo para este auto si se te rompe algo es un tornero porque son tan sencillas las piezas de copiar, de volver a arreglar, de rellenar, no son piezas electrónicas plásticas o de metales raros. Son todas cosas básicas”, dijo Héctor.

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Hubo muchas veces en las que la familia viajó en avión dejando atrás el auto en museos o lugares de exposición. “En los países árabes, donde nunca vieron un auto así, me lo querían comprar y yo les decía «hablemos mañana, hoy no se vende». Era ridículo lo que me ofrecían, les decía «¿para qué me ofrecen tanto si en internet lo pueden comprar por mucho menos?».

Es que el auto es realmente especial, y la familia causó sensación por cada lugar al que llegaban. “Cada tres o cuatro años volvíamos a Argentina para estar dos meses de vacaciones”, dijo el papá. De hecho, su segundo hijo nació en Argentina, cuando el matrimonio volvió porque la mamá de Candelaria estaba enferma.

Criar en movimiento

Ante la consulta sobre la convivencia, Héctor dijo: “O te matás los primeros dos tres meses o al contrario te une mucho mucho más. Juntos teníamos que avanzar y no solamente resolver problemas, sino disfrutar. Era más lo que disfrutábamos que lo que sufríamos”.

“Cuando Cande quedó embarazada (de su primer hijo) en vez de estar hipernerviosa y preocupada estaba hiperfeliz de que iba a ser mamá. Los controles se iban sumando en la ruta e íbamos haciendo trueques por cuadros, y pedíamos por favor que el informe sea en inglés para que en el próximo país lo puedan entender”, contó.

Las estadías en general no eran por más de tres días, excepto en ocasiones muy puntuales. Una de ellas, los partos. “Con Pampa (el primero) llegamos dos semanas antes a Carolina del Norte, y como yo había nacido en Estados Unidos sabía que es carísimo un parto, como mínimo en ese momento eran 12.000 dólares”.

Buscaron ayuda del gobierno y en los centros de salud pero no hubo caso para afrontar ese gasto. “Nos fuimos a un diario, una chica que estaba haciendo una pasantía nos hizo la nota, contando nuestra historia, contando el sueño, contando la situación y al final pusieron un cuadradito que decía si quieren ayudar a esta familia llamen a este teléfono que era de la familia donde nos estábamos quedando”.

“Durante cuatro días el teléfono no paraba de sonar, de iglesias, de clubes de auto, gente para comprar nuestros libros, nuestras artesanías, nos regalaron siete carritos para bebés”, recordó riendo.

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Para estudiar se manejaron con el Servicio de Educación a Distancia (SEAD) argentino, y mandaban sus progresos cada dos meses de forma online.

“Los chicos no solamente son hermanos sino también son sus mejores amigos, porque estando en un lugar dos o tres días hacían amigos muy provisoriamente, entonces entre ellos se hizo una amistad recontra linda y era muy raro que hubiera una pelea, discusiones sí pero pelear muy, muy raro”, dijo el papá.

En 2020 los Zapp estaban listos para volver a Argentina con auto y todo y cerrar el viaje, pero la pandemia retrasó los planes. Decidieron hacer una escala de un año en Brasil, una rareza en su estilo de vida tan nómade, pero allí escribieron dos libros más: "Atrapa tus sueños con ganas" y "Atrapa tus sueños de una vez".

“A eso venimos: a despertar sueños, a sacudir corazones. Que vean que no solo tenemos que tratar de llegar a fin de mes sino llegar al final de la vida, mirar para atrás y decir «qué buena que estuvo». Que no sea un montón de excusas perfectas para cada cosa, sino que haya intentos y logros y también muchas experiencias”, concluyó.

Escuchá la nota completa acá:

AHI VAMOS - 21.03.2022 HECTOR ZAPP - FAMILIA.mp3

Héctor Zapp, viajero argentino que recorrió el mundo por 22 años.

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