“Yo le pido perdón a la gente que estaba esperando por estas casas, pero yo también me cansé de esperar. Yo sé que está mal lo que estamos haciendo y a mí no me gusta estar acá de esta manera. Tengo un buen trabajo, recibo de sueldo, pero nunca pude acceder a una vivienda; mientras que éstas no sólo que están abandonadas, sino que las usan para hacer negocio”, dice Viviana a Diario UNO.
Aún con miedo a la represión, la usurpación se sostiene firme
Ella es una de las integrantes del grupo de mujeres y chicos que ocuparon el miércoles pasado al plan habitacional Nº 6.129 de 84 viviendas en construcción, correspondiente al programa Federal 1, ubicado en el extremo norte de la capital provincial, 100 metros al oeste de la avenida Aristóbulo del Valle, pasando Callejón El Sable.
El rumor de un desalojo por la fuerza alteró la tranquila mañana de sábado. Muchos de los vecinos se agrupaban para transmitir cada información difundida por los medios, a los demás.
En forma paralela, algunos cortaban el pasto frente a cada casita, otros preparaban el almuerzo, los chicos jugaban en las improvisadas veredas –hasta esta semana cubiertas por yuyos de hasta dos metros–; y a excepción de que en el lugar no existe ningún servicio básico como luz y agua potable, el plan habitacional se transformaba ayer en un barrio como los demás.
Autos y motos estacionados frente a los domicilios, gente que llegaba con bolsas de ollas y enseres, en las escasas viviendas en las que quedan aberturas las mismas estaban abiertas de par en par, con ropa y sábanas al sol, recién lavadas.
En la recorrida por las distintas casas, se puede observar que la mayoría de ellas no tiene el techo, porque hace meses que robaron las chapas; lo mismo ocurre con ventanas y puertas metálicas –los metales cotizan cada vez mejor en el mercado negro santafesino–.
Las familias más organizadas llevaron ya camas y mesas, algún sol de noche y garrafitas para cocinar. Como las hornallas no abundan, colaboran entre todos para hacer la comida por grupos. Un vecino se encarga de traer bidones de agua potable, aunque también un quintero de la zona les ofreció ayuda al respecto.
Negociaciones
En diálogo con Diario UNO, Viviana continúa: “Esperamos el lunes (por mañana) para reunirnos con funcionarios de Vivienda que nos pueda dar una solución. Por ahora, esperamos acá. Nadie nos va a sacar”.
—¿Cómo es la situación hoy?
—La verdad es que acá hay de a tres o cuatro familias por casa, en muchas de ellas. Es gente que se cansó de esperar, de pedir, de hablar con asistentes sociales, con Defensoría del Pueblo. Y encima de todo, nos tratan de “negros”. Es algo injusto. Nosotros no vinimos acá para que nos regalen nada, somos trabajadores. En las últimas horas, vino gente con plata a ofrecernos comprarnos la casita. Nadie aceptó acá; pero vinieron porque dijeron que en el otro plan, el de Santa Rita II, estaban vendiendo las viviendas a mil pesos. Algunos la entregaron por 600 pesos, porque agarraron más de una casita por familia.
—Este lunes, ¿qué van a pedir ustedes?
—Nosotros no queremos que nos regalen nada, al contrario. Yo tengo mi recibo de sueldo y pido una casa digna para pagar. Yo puedo pagar. Acá la mayoría tiene trabajo y muchos con recibo de sueldo.
—¿Aceptarían ustedes lotes y materiales para construir?
—No aceptamos, porque sabemos que esas son todas grandes mentiras. Todos sabemos cómo funciona esto. Los políticos vienen, te usan, te dan una bolsita de mercadería, te ofrecen un trabajo para dentro de una semana, y después del voto, se borran. Ésa es la verdad.















