Antes de la crisis de 2001 Alicia Kreig era ama de casa. Siempre le gustaron las manualidades y todo lo relacionado con la costura. Ese gusto lo incorporó de pequeña, junto a su prima, cuando su madre la mandaba a aprender a coser. Empezó a hacerse su ropa, luego le hizo la ropa a sus hijos y siempre estuvo haciendo las cosas que se necesitaban en la casa.
En la crisis de 2001 encontró su oportunidad para fabricar carteras
Cuando las cuentas empezaban a dejar de cerrar, Alicia decidió “ponerse las pilas”. Una chica que trabaja en la Municipalidad de Recreo, su ciudad, le dijo que había un plan que se llamaba Manos a la Obra. En ese programa otorgaban los insumos y las maquinarias para empezar con un proyecto que tuviese futuro.
“En ese momento hacía bolsos de bebés y una amiga me dijo que por qué no hacía bolsos pero para mujeres. Empecé con eso y en un local dejé algunos en consignación. La chica que lo atendía me dijo en ese momento que se usaban bolsos más chicos. Empecé a probar, gustaron y arranqué con el emprendimiento”, dijo Alicia al explicar su nacimiento como emprendedora.
En medio de la crisis económica, y al ver que las carteras salían, Ricardo Acebal, su marido, se sumó al emprendimiento trabajando el cuero y acompañándola en los viajes. “Ahora estamos trabajando los dos, incluso me ayudó mucho para empezar a viajar, cosa que yo sola no me hubiera animado. Empezamos a buscar la calidad del cuero y también trabajamos las telas de yakar, que son las de tapicería que son bien fuertes y que se usan para almohadones y sillones. Con eso empecé a hacer las carteras que también tienen herrajes y las aplicaciones y las manijas en cuero”, indicó.
Después fueron pasando los años y comenzó a fijarse en la moda y a actualizarse todo el tiempo. “Miro lo que se viene de Europa, cuidando la calidad de lo que hago. Siempre busqué distinguirme de lo que hacen los demás”, aseguró.
Luego añadió: “Cuando empecé yo compraba en Santa Fe las viejas correas de las máquinas de coser, que eran de cuero, y con eso les hacía las manijas. Después usaba la tela arpillera y las pintaba, les agregaba flores de tela. Luego empecé a trabajar con los yacarés lindos que los compraba acá. Como les vendo a los negocios, cuando empecé a conseguir clientes y veía que podía llegar a vender más, empecé a viajar a Buenos Aires para comprar los insumos”.
Para poner en funcionamiento ese proceso, Alicia siempre destaca la ayuda del Banco Solidario y de la Municipalidad de Recreo, aunque el mayor crecimiento lo hizo reinvirtiendo su capital. Todo lo que se genera vuelve al emprendimiento.
—¿Cuándo se dio cuenta de que el emprendimiento tenía futuro?
—Ni bien empezamos. Fui a una boutique de Santa Fe y de caradura entré a ofrecer mis carteras. Ahí me dijeron: “Está linda, pero si al cierre lo tapás y lo ponés de otra forma, vení y me lo mostras de nuevo”. Fui, lo cambié, volví, les gustó y me compraron. Después fui a otro negocio importante de la Peatonal San Martín. Eso fue un fin de año y me encargaron una cantidad de carteras que casi me agarra un ataque. Pero llegué a cumplir con el pedido. Eso me animó a empezar a viajar porque muchas veces los comercios te piden exclusividad. En Santa Fe hubo un momento donde sólo le vendía a un comercio que tenía varios locales, pero aprendí que todo va cambiando; cambian los clientes, los lugares, pero siempre mis carteras tienen aceptación.
La marca que la identifica es Alicia Kreig Diseños. Para hacer los modelos de cada temporada mira lo que viene desde Europa, dibuja o escanea los modelos, pone sobre la mesa un papel de diario, saca los moldes y se pone a crear. “Ahora se vienen el azul y el bordó para este invierno. En función del modelo y del formato de carteras que se vienen me voy a buscar a Buenos Aires los materiales que a mí me gustan. Después les voy agregando los herrajes. Muchas veces termino definiendo sobre la marcha cómo me gustan las carteras”, confesó.
Los viajes para hacerse de los insumos demandan su tiempo y una planificación. “Para comprar hay que hacer coincidir el color del cuero, con el del cierre, con el herraje, con el forro. Son muchas cosas. Me siento en un bar y empiezo a calcular con tantos metros de tela cuántas carteras me salen. Al otro día voy y compro todo. Mientras que acá vengo y las empiezo a hacer. Pero lo que más tiempo me lleva es diseñar. Porque también hay que tener en cuenta que de una temporada a la otra cambia todo. Incluso cuando visito a mis clientes para hacer la reposición cambio los modelos que les llevo. Eso me lleva mucho tiempo”.










