Santa Fe

“Estos hechos no deben ocurrir más”

Lo dijo el arzobispo local, durante la ceremonia realizada ayer por la tarde en la parroquia San Pedro en memoria de Analía Morales, la joven madre asesinada para sustraerle su moto. “Debemos unirnos todos: Iglesia, Sociedad, Estado y Fuerzas de Seguridad para evitar que estas cosas sigan pasando”, añadió.

Viernes 28 de Junio de 2013

Un más que emotivo, angustiante aunque finalmente esperanzador cuadro, se vivió durante y después de la Santa Misa celebrada por el arzobispo de Santa Fe, Monseñor José María Arancedo, ayer a la parroquia San Pedro, de Crespo al 3.770.

En su homilía, hizo una análisis de las principales variables y actores que intervienen en la problemática de la seguridad y reclamó “más y mejor compromiso de todos”. En tal sentido, refirió a la “problemática de la exclusión social, la marginación, el incremento de las adicciones y la falta de respuestas para los adictos que afrontan un problema de salud, la disgregación de la familia, la crisis de valores”, entre otras.

Sobre los responsables de los problemas de fondo, en mayor o menor grado, no dejó de mencionar a la propia “Iglesia, a la Sociedad, al Estado todo y a las fuerzas de Seguridad. Todos debemos unirnos y hacer lo que a cada uno nos corresponde para que hechos como éste no sigan pasando”, exhortó con énfasis el religioso. En la primera fila de los bancos de la parroquia estaban los pequeños tres hijos de la joven asesinada, la madre, el padre, la hermana, entre otros familiares y gente cercana, que escuchaba con atención aún sumidos en el llanto y con pocas fuerzas para mantenerse en pie, cuando el Santo ritual así lo demandaba.

Una vez concluida la celebración, el padre, Roberto Morales, habló con la prensa. “Mi hija era un soldado de Dios. Murió luchando por su bien y siempre eligió el camino del bien”, dijo con los ojos

vidriosos y aseguró que “solamente creo en la Justicia Divina”. Evidentemente creyente, trabajador –tiene en su casa desde hace años una verdulería y despensa– ya fue asaltado tres veces. En la

última recibió un balazo, aunque salvó su vida. “Todos en el barrio viven enrejados, con alambres de púas, con temor permanente. Yo no. No les tengo miedo a los delincuentes a pesar de todo. Ellos son como los cazadores. Están acechando, esperando que la gente salga del encierro de sus casas para atacarlos. En cambio si uno anda sin miedo y hasta se relaciona con ellos desde la  comprensión, la cosa es mejor. Son personas marginadas, destruidas por el hambre y las drogas y no han tenido la gracia o la posibilidad de elegir el camino del bien, el camino de Dios”, dijo con

serenidad y resignación.

Arancedo, por su parte, y volviendo a la homilía, pidió a Dios “por el descanso eterno de la joven y que sea recibida en el Cielo”, recordando que “a pesar de la dolorosa muerte en este mundo el Señor le tiene deparada la esperanza de la vida eterna y una mansión” junto a Él. Ese espíritu de resignación y esperanza fue de algún modo compartido por Roberto Morales, quien sin embargo no ahorró críticas contra el sistema judicial. “Las tres veces que me asaltaron, los autores quedaron libres. Su abogada era siempre la misma. Yo no creo en esta Justicia. Además, el presunto autor del asesinato es menor. Qué puedo esperar. Muy poco. Ojalá se haga verdadera justicia y reciba el castigo que se merece, todos los años que se merece”, expresó en ese sentido.

A primera hora Fue el propio arzobispo el que, en persona, fue ayer a las 8 en la casa de los familiares de Analía, “para llevarles consuelo, contenerlos y unirse en el dolor”, lo que fue de ayuda para ellos. En declaraciones a otro medio, el religioso enfatizó: “La gran pregunta que demanda una respuesta de carácter urgente es «¿qué nos pasa a los santafesinos?»... Es un llamado de atención a la ciudadanía toda porque la inseguridad no puede ser tema de agenda permanente”. Posteriormente, declaró al mismo medio que el asesinato de Analía “es un llamado de atención para toda la dirigencia política, el gobierno, el sector empresarial. Qué hacer es una pregunta que no puede postergar una respuesta”.

En relación a la responsabilidad que a la Iglesia le exige, dijo en la homilía: “Cada vez que me entero que un templo se abre en un barrio marginal, una esperanza se renueva. Sabemos que un catequista llevará la Palabra de Dios, que un sacerdote hará su trabajo pastoral – que va más allá de todo ello y apunta a la contención– convirtiéndose en una alternativa para escuchar y vivir otro mensaje”.

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