La historia del santafesino que reclama la pensión como veterano de Malvinas

La historia del santafesino que reclama la pensión como veterano de Malvinas

Con la ayuda de un abogado, comenzó los trámites hace tiempo pero no recibe respuestas del Ministerio de Defensa

Martes 02 de Abril de 2019

Apenas volvió a caminar, Luis Santos Camargo –entonces de 20 años– volvió unos días a Helvecia, su lugar de nacimiento. Hacía días que contaba las horas para poder ir a ver a su familia. Una internación por congelamiento en las piernas debido a su actividad como personal naval en la guerra de Malvinas lo tuvo inmóvil un tiempo. Sin embargo, al llegar a casa, la angustia y el dolor de perder a los amigos que había hecho en el Ejército lo llevaron a buscar olvidar con una nueva vida en soledad.

Camargo, hoy de 57 años, se levanta antes de que salga el sol para trabajar en las cosechas de los campos en Santa Rosa del Calchines y vuelve a descansar por unas horas a la siesta antes de seguir con la jornada laboral. "Para mí ser soldado fue un sueño. Cuando iba a la escuela, de chico, quería ser parte de algo así. Después de eso, gracias a Dios volví sano y ahora puedo contar mi historia", dice con tono pausado y tranquilo el veterano en diálogo con UNO Santa Fe.

El excombatiente prestó servicio en la Armada Argentina desde el 3 de agosto de 1981 hasta el 1 de octubre de 1982. Sobre los días de guerra, recuerda: "Nosotros no sabíamos nada y nos llevaron los jefes. Fuimos los primeros marineros que navegamos a Malvinas. El destino quiso que tengamos que cumplir. Hubo tiempos buenos, y muchos malos con frío en el mar. Por lo menos volvimos con vida".

Al ser consultado por las amistades perdidas en batalla, Camargo prefiere no hablar: "Puedo contar la historia, pero tranquilamente. Hoy hay momentos en que me siento muy mal y pienso. Lo siento mucho por mis amigos que quedaron allá y por los que desaparecieron. Duele recordar pero fue el destino nuestro. Dios más adelante dirá por qué, pero lo que pasó pasó. Busco no pensar tanto en eso porque no me hace bien". Asimismo, sobre la relación actual con otros excombatientes reveló a UNO Santa Fe que si bien tiene un contacto fluido con veteranos en Helvecia, para este 2 de abril no podrá acercarse a los actos de su localidad al no tener dinero para los pasajes.

Al mismo tiempo, describe cómo sin asistencia (ni de salud, ni económica) del Estado sobrevivió los años que vinieron después: "Cuando volví estuve ocho años en el norte, en Santiago del Estero, para despejarme de todo lo que había pasado. Y algo me olvidé, la mayoría. Dejé de lado todos los pensamientos. No me bancaba las cargadas que muchos hacían, no me sentía bien. Había noches en que me despertaba como en sueños, que me tiraba de la cama y salía corriendo. Me chocaba la puerta o las paredes, a veces. Sentía los ruidos de la guerra. Últimamente, me pongo medio mal pero qué va a ser. Trato de superarlo, quiero estar bien, tratar de recuperarme para poder tener mis cosas, mi casa. Hoy no tengo nada. Espero que me ayuden, nada más".

En soledad

Camargo hoy vive solo y su familia compuesta por hermanos y sobrinas lo acompañan desde las distancias de localidades santafesinas como Helvecia y San Javier:  "Hay momentos en que me pongo nervioso por cualquier cosa. Por eso estoy solo. Mejor estoy así, solo, porque me altero mucho. No quiero estar cerca de los demás, me da miedo que pueda terminar mal".

Los papeles

El año pasado, Camargo llegó junto a otros tres hombres a la oficina del abogado David Rojkin en Santa Fe para resolver un problema laboral. Según describe Rojkin, los hacían trabajar "en negro, a destajo y en condiciones calamitosas todos las años durante lo que dura toda la temporada, lavando zanahorias para uno de los tantos quinteros de Santa Rosa de Calchines".

Entre mates a solas, Camargo le comenzó a relatar al abogado las pesadillas recurrentes que sufría. Luego de escuchar largas historias en donde se expresaban las secuelas que dejó que el Estado haya decidido sobre el cuerpo y voluntad del joven soldado, el abogado describe a UNO Santa Fe: "Me confesó que tenía sueños seguidos, todos debidos a su pasado como excombatiente de Malvinas. Me dijo que siempre había querido ser reconocido y poder cobrar la pensión que le corresponde, pero nadie lo había ayudado. A medida que pasó el tiempo, tomé su causa como la mía. Siempre me emocionó mucho el tema Malvinas porque lo siento muy reciente. Mi tío es excombatiente y me parece que tranquilamente de haber nacido unos años antes, yo podría haberlo sido también. Me duele todo lo que sucedió con esos pobres pibes y que este hombre no sea reconocido como es debido me partió el alma en dos".

Para poder acceder a la pensión para veteranos de guerra que administra Ansés, primero Camargo debe ser reconocido por el Ministerio de Defensa de la Nación como tal. Así, Rojkin comenzó a recolectar toda la documentación para hacer, ad honórem, la solicitud a la cartera nacional: "Me puse en contacto con el Ejército y me dijeron que debía enviar por carta la solicitud del reconocimiento como excombatiente y adjuntando copia de toda la prueba de la que disponía. Camargo tiene su documento viejo donde se lo reconoce como excombatiente. Además del certificado expedido cuando le otorgaron la baja dos meses después de finalizado el conflicto".


En el certificado de la Dirección Nacional del Personal Naval firmado en 1982 por el subjefe de la Guardia Marina, Miguel O. D. Dalmiro, se expresa: "El desempeño de sus funciones y quien fue su superior: vivió el conflicto como Personal del Destacamento Naval de Playa que desembarcó en Malvinas en el ARA Cabo San Antonio al mando del Jefe de Guardia Marina Dalmiro (hoy fallecido) que es quien firmó su baja del Ejército. Él debería figurar como parte del registro APOSVINA Operación Rosario al mando del Almirante Busser", describe Rojkin.

Sobre su situación económica, Camargo le describe a UNO Santa Fe: "Me vine a Santa Rosa de Calchines porque en Helvecia no conseguí trabajo. Ahora recolecto zapallitos, verduras de temporada. Trato de quedarme acá para trabajar y poder vivir. Ahora estoy esperando esto que ojalá se pueda resolver. Yo quiero estar bien. Por ahí ando de una casa a otra. Este año dejé de alquilar porque no me alcanzaba. No tenía trabajo. Tengo un compañero que me presta una piecita y acá estoy parando pero no me siento bien porque no es mío".

No le responden

Pero lo que comenzó como un papeleo burocrático se convirtió en un viaje a la angustia: "Envié todos los documentos en noviembre del año pasado que me pidieron y nunca me respondieron. Empecé a llamar de manera reiterada e insistente. Una y otra vez fui agarrado para el chiste por los empleados del Ministerio de Defensa. Me dejan esperando en línea por horas, se escucha cumbia de fondo. Nunca me reconocieron que la carta no la encontraron, que se extravió. Por suerte mandé copia y no la original. Me he visto burlado por quienes están a cargo de esta oficina. Hace unos meses me pidieron que envíe todo escaneado por mail pero tampoco recibí una respuesta", lamenta Rojkin.

Por su parte, Camargo añora: "Hace 20 años que vengo a las vueltas, que tengo que firmar esto o lo otro pero hasta ahora nada. Espero que se pueda encontrar una solución. Ojalá me puedan ayudar porque lo necesito".

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