Hipólito Ruiz
Ribas, el artesano de la música
Diario UNO Santa Fe
Julio Ribas es un apasionado de la música. A los 17 años comenzó a tocar la guitarra y con los años se fue dedicando a arreglar y construir los instrumentos. “Arranqué arreglando y pintando mis guitarras. Fue a puro ensayo y error. Me hice amigo de un luthier, que era Serafín Acosta, y con él empezamos a hacer guitarras eléctricas, porque él se dedicaba sólo a las españolas. Con un amigo les fuimos llevando nuestras guitarras, empezamos a copiarlas y así arrancamos”, le dijo a Diario UNO.
“Lo que me motivó a dedicarme a esto fueron las ganas de tener una guitarra hecha por mí. Pero desde un principio a todas mis guitarras nuevas las desarmaba y las pintaba. Nunca tuve una guitarra original, siempre le metía mano. Las guitarras no me duraban ni una hora que ya las desarmaba. Durante un tiempo me dediqué a otros trabajos, pero hace cinco años que me volqué a esto a full”, señaló.
Ribas se dedica a reparar todo tipo de guitarras y a fabricar las eléctricas y bajos. En su taller de Salvador del Carril 2.172, el luthier no sólo construye instrumentos, sino también sus herramientas. De manera constante busca en internet y en las revistas especializadas las máquinas que le pueden ayudar a perfeccionar su trabajo y las reproduce. “A medida que voy viendo en internet o en las revistas diferentes herramientas, las voy copiando. Siempre estoy construyendo guitarras y herramientas. Todas las semanas me hago alguna herramienta”, asegura.
Además, asegura que sus trabajos son únicos. “Por empezar me tiene que gustar a mí el instrumento que voy a fabricar porque yo lo hago como si fuera para mí. Por eso elegimos lo mejor, las maderas, los accesorios. Sino no lo hago y me dedico sólo a la reparación. Las guitarras que hago son exclusivas. No hago producción en serie”, remarcó.
“El cliente me cae con una idea y vamos conversando hasta llegar a algo que nos guste a los dos. A veces se enojan, pero si no me gusta lo que me piden directamente no lo hago. Una vez me pidieron una viola de Steve Vai, de tres mástiles, y los chinos te la hacen por dos mangos. Se creen que acá esa guitarra les va a salir más barata. Pero como además eso no me gusta, no lo hago”, expresó.
“Cada instrumento es un desafío; cada instrumento es un mundo nuevo para mí. Si bien el procedimiento para fabricar los instrumentos es parecido, porque hay que cortar y calar la madera, fresar, entre otras cosas, esto tiene mucho trabajo a mano. Este laburo es muy artesanal. Diría que en un 90 por ciento se hace a mano y las máquinas son para terminarlo prolijo. Las máquinas me permiten acelerar el trabajo, pero sobre todo perfeccionarlo”, explicó.
Actualmente trabaja en un bajo semiacústico que es una réplica del que hace un luthier estadounidense con un proceso absolutamente artesanal. En ese sentido, Ribas dijo: “Para hacer ese instrumento tuve que dibujar todo el plano a mano. Tratamos de hacerlo lo más parecido posible. Es un bajo que no se consigue, imposible de traerlo. Vale una fortuna en Estados Unidos y por eso me puse a hacerlo. Nunca había hecho algo parecido a este bajo. Eso es lo que me gusta de este trabajo”.
Para Ribas, es una ventaja saber cómo tiene que sonar el instrumento al momento de tener que fabricarlo. Y de acuerdo al sonido que se le quiere dar es la madera que se va a elegir. “Por eso Gibson y Fender tienen muchísima diferencia de sonido. Gibson es bien grave y Fender más agudo y brilloso. La madera tiene un 80 por ciento del sonido, pero el micrófono también tiene que ser bueno. Todo tiene que ser de primera para que el instrumento sea bueno”, aseguró.
Por eso depende del cliente y del instrumento que vaya a construir cuál será la madera a elegir. “Si un cliente me pide una Telecaster –añadió–, ésa es una guitarra que lleva fresno americano, maple, palo rosa. Pero todo depende del cliente. Igual acá hay maderas buenísimas. Me estoy haciendo una guitarra con todas maderas nacionales y va a sonar perfecto”.
“Las maderas argentinas no tienen nada que envidiarle a las extranjeras. En Europa venden la madera argentina como exótica. Acá tenemos la guayubirá, las maras bolivianas que hoy se están usando para las Gibson y que son muy buenas”, agregó.
Fabricar un instrumento de forma artesanal lleva su tiempo. Ribas estima que el plazo se puede extender entre los seis meses y el año. Por ejemplo, a un mástil de una guitarra, luego de cortarlo, se lo debe dejar estacionado unos cuatro o cinco meses para ver si no se mueve. “Si pasan ese tiempo ya les sigo dando forma. Si pasa el verano de Santa Fe con el calor y la humedad, está listo para armarlo”, afirmó.
Además, hay que tener sumo cuidado en respetar todas las medidas. Para poder hacer una guitarra, Ribas tiene todas las plantillas que le permiten hacer un trabajo exacto. “Medio milímetro en una guitarra sería una catástrofe. Si errás en la medida no se puede afinar”, advirtió.
Al ser consultado sobre cuál fue la mayor satisfacción que le dio su oficio, Ribas dijo: “Tener mi guitarra propia y poder tocar con mi instrumento. Saber que la hice de cero, pasé de tener un pedazo de madera a mi guitarra y por eso es el que más me gusta. Es una réplica de la de Van Halen porque yo soy fanático de ese guitarrista y me decidí a hacerme una guitarra igual. Tomé todos los materiales originales y la armé. Tiene hasta la última rayita, es una réplica exacta”.
Al momento de hablar de precios entra a jugar el tipo de instrumento, los materiales que se necesitan, entre otras variables. “Pero un instrumento hecho a mano, sólo el mueble, sale entre 7 y 8.000 pesos. A eso hay que sumarle los accesorios. Pero al lado de una guitarra original es barato. Hay instrumentos originales que cuestan 4.000 dólares y que hay que ir a comprarlos a Estados Unidos, por eso me buscan a mí para que hagamos la réplica”, aseguró.
Para lograr eso se deben utilizar los mejores accesorios. Sin embargo, las trabas a las importaciones hoy están dificultando la tarea. “El otro problema –explicó– es que la gente se cree que una guitarra a mano va a salir más barata que una china, y no tiene en cuenta que esto lleva muchísimas horas de laburo. El cálculo es que cada guitarra demanda entre 200 y 300 horas de trabajo. Si uno divide lo que cobra por una guitarra por las horas de trabajo, se da cuenta que no da mucha ganancia”.
Hasta el momento, el luthier santafesino debe tener en su haber cerca de 30 guitarras, “todas de primer nivel”, aclara.
Entre sus trabajos más recordados también cuenta con una copia de un bajo Gibson Ripper, de los años 70. “En el país creo que hay dos originales. Es imposible conseguirlo. El que me lo encargó es zurdo, y le quedó espectacular”, dijo y agregó: “Mis instrumentos tienen muchísimo trabajo a mano, artesanal. Como yo toco la guitarra hace muchos años los hago como si fuesen para mí. Por eso, una vez que los termino, me cuesta entregarlos”.
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