Pilo Monzón
Se cumplen dos años de un alevoso procedimiento de la ex Drogas
Director Periodístico de Diario UNO
Este domingo se cumplen dos años de aquel 11 de noviembre de 2011, una jornada imposible de olvidar para la familia Montaño. Era de noche y había llegado la hora de cenar. Manuel, su esposa Natalia –que por aquel entonces estaba embarazada de 8 meses–, y su hijita de casi 2 años, intentaban comprar algo para cenar en una despensita ubicada en San Jerónimo al 7.200, en el corazón de barrio Transporte.
Al fracasar en su propósito y cuando se dirigían a la búsqueda de otro lugar, en fracción de segundos, un Volkswagen Polo blanco, sin patente, se les interpuso en el camino y pudieron ver cómo desde el interior del vehículo, se bajaban dos hombres armados que les gritaban y los apuntaban con armas de fuego. Manuel y Natalia entraron en pánico en el interior de la Kangoo en la que circulaban. En una desesperada maniobra, y creyendo que se trataba de un asalto, esquivaron a las dos personas y al coche que les habían interpuesto. Fue allí que escucharon el ruido seco de los disparos. Fueron dos tiros. El chirrido hueco de la chapa impactada, los gritos y la desesperación por llegar a Aristóbulo del Valle, generaron una pesadilla que sólo por milagro no tuvo ribetes más trágicos.
Manuel como pudo, le preguntó a su mujer si estaban bien. En la loca carrera por Aristóbulo del Valle rogaba por encontrarse con algún patrullero para conjurar tanto miedo. Pero al llegar a avenida Galicia fueron interceptados por una camioneta de la ex Drogas Peligrosas. Intentaron explicarles que ellos habían sido víctima de una emboscada, pero comenzaron a ver que algo andaba mal.
La gente de Drogas Peligrosas no entendió razones y peor aún, los pistoleros estaban al lado de ellos. Manuel fue esposado y convidado a realizar un involuntario tour hacia la zona donde tenía su aguantadero un vendedor de estupefacientes. Luego del pretendido reconocimiento visual, los policías querían que firmase una suerte de confesión de un delito que no cometió. Como no lo firmó y los vituperó en público, fue detenido hasta las 15 del día siguiente bajo los cargos de tenencia de estupefacientes, resistencia a la autoridad, portación de armas y otros cargos que se diluyeron con el paso de las horas.
Tras tomar estado público el mal accionar policial, el por entonces ministro de Seguridad, Álvaro Gaviola, pasó a disponibilidad al oficial César Caraballo y al agente Ariel Baella, hombres de la ex Drogas Peligrosas que era liderada en ese momento por el comisario Hugo Tognoli. Ambos efectivos de la cuestionada repartición resultaron procesados por la justicia provincial bajo los cargos de abuso de autoridad, amenazas y daños entre otros delitos. Tiempo después, Tognoli ocuparía el cargo jefe de policía provincial.
Como alguna vez señalamos desde estas páginas, el caso Montaño fue la punta de un iceberg que aún no termina de emerger.
Un balance familiar
A dos años de la noche más infausta de sus vidas, Manuel dialogó con Diario UNO. “Yo soy trabajador, me desempeño como matarife, tengo un servicio gastronómico y estamos atendiendo ahora el buffet del Jockey Club. Trabajo todo el día y mi familia siempre fue gente de trabajo. Te imaginás lo que significó para nosotros todo esto”, relató el hombre confundido con un narco de barrio Transporte.
“El balance que yo hago hoy es triste, porque desde el gobierno provincial mantuvimos varias reuniones con altos funcionarios donde se nos prometió que se iban a ocupar de las posibles secuelas psicológicas del tiroteo, de las psicosis que nos aparecen muchas veces, que nos iban a poner profesionales a nuestra disposición y que nos acompañarían en las tareas de contención de la familia. Nada de eso sucedió, no tomaron contacto con nosotros luego de ese primer momento de efervescencia, no se comunicaron más”, dijo apesadumbrado Montaño.
“No queríamos llegar a presentar una acción civil contra la provincia. Presentamos en su momento un pronto despacho para acelerar algún tipo de respuesta del gobierno, máxime teniendo en cuenta que decían públicamente que tenían una especial disposición para los temas donde había que actuar en contra del narcotráfico. Pero no nos llamaron. Nosotros no tuvimos la respuesta que esperábamos por el pésimo accionar de estos policías hacia nosotros”, añadió el hombre dedicado al rubro gastronómico que fue atacado en forma demencial por hombres del riñón operativo del comisario Hugo Tognoli, hoy detenido por sus vinculaciones con el narcotráfico.
Para Manuel Montaño, “hoy soportamos secuelas directas de todo eso: insomnio, miedos de salir a la calle, sobre todo mi mujer. Es decir, nos vimos involuntariamente envueltos en un episodio que nos cambió la vida y vos sabés cómo es Santa Fe, muchas veces tuvimos que salir a decir o a aclarar que no tenemos nada que ver con la barbaridad que hicieron estos policías, y mucho menos con las drogas y todo eso. Por eso vamos a la justicia a cerrar todo este episodio”, concluyó Manuel.














