Santa Fe

Víctima de abuso eclesiástico: “No debería haber prescripción para estos delitos”

Un santafesino contó su historia a UNO y reclama que no haya plazos para denunciar y que se investiguen los abusos cometidos por miembros de la Iglesia Católica

Domingo 07 de Abril de 2019

A los 16 años R. M. formaba parte de Acción Católica en la ciudad de Gálvez, ubicada a 81 kilómetros de la capital provincial. Junto a su familia participaba de distintas actividades religiosas en la Iglesia. Su padre era secretario pastoral, y con la madre iban a los cursillos para matrimonios. El nivel de confianza que los M. tenían en los noventa con los párrocos era tal que era frecuente que abrieran las puertas de su casa para compartir con ellos cenas o almuerzos.

La denuncia eclesiástica por abuso sexual a Luis Alberto Brizzio, quien por esos tiempos se desempeñaba como vicario de la parroquia local y era coordinador del grupo de jóvenes al que el adolescente asistía, pudo ser formulada por R. 20 años después. Con los plazos vencidos para poder realizar acciones legales de carácter penal en el Poder Judicial, buscó apoyarse en la fe que tenía en la institución para alcanzar algún tipo de justicia. Sin embargo, con los meses, las oscuras tramas para acceder a respuestas se fueron haciendo cada vez más visibles.

Las primeras reuniones se dieron con el entonces obispo Edgardo Storni en Santa Fe, a través del contacto que ejerció el cura Daniel Achkar, quien fue el párroco de Gálvez y una de las primeras personas a quien el muchacho le contó lo que le estaba pasando. Ya bajo el mando del arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, se abrió una investigación canónica a cargo del vicario González Grenón sobre el caso. R. M. recibió una respuesta negativa de la Congregación de la Doctrina de la Fe, de Roma, en la que le notificaron que "analizadas las actas de la investigación previa, se concluye que al producirse el hecho era mayor de edad".

En diálogo con UNO Santa Fe, hoy R. M. –quien solicitó que se resguarde su identidad– de 41, describe: "Cuando empiezo a averiguar para hacer una denuncia me dijeron que el caso estaba prescripto por la cantidad de años que habían transcurrido. Si bien con la ley Piazza se había extendido el plazo, no tanto como cuando yo decido hacer algo. Más allá de que hay quienes han intentado batallar algo similar en los tribunales, y algunos por más que estaban prescriptas les ha ido muy bien, no me sentía en condiciones de poder afrontarlo en ese momento. No debiera haber prescripción para estos delitos. Viví situaciones muy traumáticas. A las personas que tienen experiencias de haber sido abusadas sexualmente les lleva muchos años poder contarlo, afrontarlo y asumirlo. En ese momento no se podía ni hablar. A quién le iban a creer: ¿al cura o al uno que denunciaba? Cuando era chico fue algo que me lo dijeron claramente: ¿quién te va a creer a vos?".

Según relata R., desde el arzobispado santafesino al principio se mostraron interesados en brindarle ayuda: "Todavía no creía que la Iglesia era toda corrupta, que había engaños y encubrimientos, fue un proceso que en lo personal fui recorriendo. Hice la denuncia eclesiástica con la esperanza y la creencia de encontrar una respuesta. Al mismo tiempo veía publicaciones que hablaban de tolerancia cero en relación a los abusos sexuales, abusos de menores y la pederastia. Realmente creí que era el momento, pero no fue así. Tenían un discurso que era mentira".

En cuanto a la resolución que publicó la institución religiosa, la víctima evaluó: "Ellos consideran que según el derecho canónico con 16 años sos mayor de edad. Lo cual me parece una barbaridad una aberración, y si así hubiera sido había una relación de desigualdad y de poder diferente. Es un abuso total de parte del sacerdote sobre un laico en cualquier situación, en cualquier edad, la que fuera. En lo que describen, no niegan el hecho, solo que yo era mayor de edad".

Sin acceso al expediente

Ni R. ni su familia pudieron saber jamás qué fue lo que investigó Congregación de la Doctrina de la Fe: "No me dieron acceso a ninguna información sobre qué declararon las personas que ellos entrevistaron. Me negaron las copias. Cuando recibí la notificación de la resolución lo llamé a Grenón para preguntarle cómo podían hacerme esto, no podía creer que actuaran en complicidad con Brizzio. Y entonces hasta me amenaza y me dice «más vale que no me llegues a nombrar, ni vos ni tu abogado en ninguno de los medios porque nos vamos a ver en los tribunales». Ese es el interés que tiene esta gente por las víctimas. Ahí me cerró todo: los tan buenitos no lo eran tanto. Nos hicieron ir a todos a Santa Fe a declarar, a contar esta versión de la historia para que después digan acá no pasa nada para que no se publicara, y quedara en la nada todo. Grenón fue compañero de seminario de Brizzio, se conocen entre todos", lamenta.

Y sigue: "Cuando a mí me ocurre esto mi familia y yo no sabíamos que Storni era abusador, ni que tenía denuncias de abuso. Con los años cuando eso se supo públicamente ahí entendí que no era que no habían hecho nada sino que lo habían encubierto. Veo a los chicos cuando empiezan a transitar por esto que en un comienzo todavía creen y piensan en que les van a responder, que los van a ayudar, lo van a resolver, hacerle algo al cura y ni siquiera Grassi, que tiene una condena ratificada por la Corte Suprema de Justicia le quitaron el oficio de sacerdocio, ni siquiera a él. Qué pueden esperar los otros".

Asimismo, advierte: "Con los años fui leyendo lo que ocurría con la Iglesia respecto a estos casos. Vi el caso de Julieta Añazco que me empezó a servir como un camino como para tratar de hacer algo con esto, para que eso no quedara tapado ni en el olvido".

Moneda corriente

A pesar de que la cantidad de denuncias por abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica que toma como víctimas a menores de edad no se detiene y son de público conocimiento, y que incluso, impulsó que se realice el mes pasado una Cumbre antipederastia en el Vaticano, hoy al navegar las páginas oficiales de Acción Católica en Argentina (ACA) se pueden encontrar distintas informaciones en relación a lo que implica ser un militante –término que se utiliza internamente– dentro de la organización.

Haciendo clic aquí se puede descargar un material "preparado por las Comisiones de Aspirantes de ACA y Jóvenes conjuntamente con Ignacio Del Castillo" con "precauciones de tipo legal" que deja ver las estructuras básicas de una organización que se preocupa por proteger a los adultos que trabajan con niños sin profundizar en la desigualdad de poder entre los grupos etarios: "Niños y jóvenes son incapaces de defenderse y de responder por sí mismos ante la sociedad y la ley. Por este motivo, quienes trabajamos con menores de edad somos más vulnerables a las miradas de los demás. Por eso pretendemos presentar una serie de normas de conducta que pretenden proteger a nuestros menores, al mismo tiempo de resguardarnos de reproches y demanda por cualquier daño que reciban", es uno de los ejemplos que se puede leer en ese documento. Al mismo tiempo se sugiere: "Todo reporte sobre una conducta sexual inadecuada de un delegado, debe ser comunicado inmediatamente al consejo parroquial y al consejo diocesano", pero no se indica llamar a especialistas, autoridades estatales, ni comunicarse con un centro oficial de denuncias o las fuerzas de seguridad.

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Este mapa fue originalmente publicado en Cosecha Roja

Con la denuncia de R. a principios de 2015, el cura Brizzio fue separado de la Basílica de Esperanza –donde se encontraba en ese momento–, y enviado a Buenos Aires. 

Modus operandi

Unos de los motivos que encontró R. para denunciar a Brizzio hace cuatro años fue que un día, al googlearlo, vio fotos en la que el denunciado se encontraba junto a grupos de jóvenes de ACA: "Pensaba cuántos chicos estaban corriendo el riesgo de que un tipo con una cabeza tan perversa como la de él estuviera cerca. Entonces esa fue mi intención, que a otros no les ocurriera lo mismo. Fue una situación muy fea para mí, que aparte traté de resolver y donde siempre me responsabilizaban a mí".

"Era un tipo que me hacía sentir culpable y me hacía confesar por algo que él estaba haciendo. Como lo hace la mayoría de estos curas.
A mí me costó mucho superar todas esas cuestiones para vivir mi vida libremente y poder superar esta horrible experiencia", continúa el hombre que encontró contención al contactarse con la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico. 

Una luz

Al ser consultado por UNO Santa Fe sobre cómo fue encontrarse con personas con historias similares en la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico (Red) –son más de 70 de todo el país–, R. se mostró aliviado: "Me ayudó a poder hacer algo porque hasta entonces para mí esta historia había quedado relegada a algo traumático, angustiante que solo podía tratar en terapia. Les empecé a escribir por Facebook lo que me había pasado y después por WhatsApp y después por teléfono hasta que comencé a conformar parte del grupo. Hasta ese momento yo estaba solo con un problema que nunca había resuelto. Sentía que a mí no me habían creído".

Apostasía para la alegría

Para R. alejarse de las creencias de la Iglesia Católica fue un proceso: "Después que hice la denuncia eclesiástica, el Papa hablaba de los abusos de menores, y creía en eso. Al conocer todos los casos de chicos de la Red y ver cómo se defienden los curas entre ellos, todo el sistema de defensa que tienen, dejé de creer. Creo que es una institución de alto poder y jerarquía  en el abuso sexual infantil. Para mí hay toda una red de pederastas, muy grande, conocida por ellos y con un gran encubrimiento. Realmente los veo defenderse con saña horrible. Llamaban a toda mi familia sin que nunca le hubiéramos dado los teléfonos para que de inmediato fueran a declarar, nos tocaban el timbre sin que les diéramos la dirección. Intimidan en la forma en que se manejan".

Una de las maneras que encontró R. de cerrar las heridas que le provocaron, fue tramitar la apostasía: "Estas agrupaciones que están organizando que se haga de forma colectiva me sirvió, yo lo hice hace poco. Presentar el pedido fue una alegría, siento que me liberé de una gran mentira. Siento que durante todos esos años pertenecí a una literal secta. Una religión con tantos antecedentes tan nefastos que para mí debería estar prohibida. Para mí es un culto peligroso".

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