Mariano Ruiz Clausen
"Vivimos en sociedades ansiosas y Santa Fe no escapa a esta condición"
Diario UNO Santa Fe
Osvaldo Chiarlo es licenciado en Psicología por la UCSF, posee diversos posgrados en Adicciones y Drogodependencia con Orientación en Prevención y Asistencia (UNC, entre otras universidades) y es docente de posgrado en esas temáticas, que aborda no solamente desde corrientes cognitivo conductuales sino fundamentalmente integrativas.
Desde esas diversas perspectivas, expuso algunos “síntomas” actuales, que puede observar en su práctica clínica, en diálogo con Diario UNO. También, aseguró que la provincia de Santa Fe "viene planteando un mirada y abordaje muy completo y en congruencia con lo que se propone la nueva Ley de Salud Mental, aunque, no obstante, hay instituciones privadas u ONG que necesitan ser puestas bajo la lupa de los órganos de contralor".
—¿Cuáles son los principales problemas subjetivos, psicológicos y psicofísicos que observa en su experiencia cotidiana en Santa Fe y sobre los que también hablan las investigaciones o la literatura?
—Bien, primero debo aclarar que me es imposible hablar de subjetividad sin antes contextualizar esa subjetividad. La sociedad se forma por un entramado de subjetividades. Tampoco me es posible hablar de “problemáticas psicológicas” sin abordar las problemáticas físicas o psicofísicas. El ser humano es un ser bio-psico-socio-espiritual, por lo tanto, quien haga un recorte de algunos de estos “sistemas”, está cayendo en un reduccionismo. Cada uno de estos sistemas, es tan importante individualmente como en su integración, pero sin integración no hay explicación científica que la avale. La subjetividad se entiende como los procesos “internos” que sirven al ser humano para la comprensión del mundo externo, como así también, su mundo interno (Inteligencia Emocional o Inteligencia Intrapersonal). El concepto de subjetividad varía según desde qué autor nos paramos para comprenderla. Freud habla de tópicos, por ejemplo el Inconsciente; Beck refiere a sesgos o esquemas cognitivos; Ellis habla de creencias, etcétera. Lo importante es que cada uno de ellos habla de algo que no se ve, y que está presente de forma “funcional o disfuncional”. Y esa funcionalidad o disfuncionalidad lleva a concretarse en los hechos, en lo que podríamos denominar, signos y síntomas, o bien “problemas psicológicos”. Bien. Explicados así algunos conceptos de modo superficial e incompleto, contextualizaré cada una de las respuestas desde mi experiencia clínica profesional (se deberá comprender que la misma no es una muestra representativa aplicable a “toda” la sociedad santafesina), y también, desde mi experiencia académica y formación teórica.
Inmediatez y exitismo
“Actualmente –precisó Chiarlo en ese sentido– la sociedad se caracteriza por un sistema que gratifica la cantidad en vez de la calidad, todo o casi todo «debe» solucionarse «YA». El exitismo fagocitó al sentido de realidad, y ese exitismo no se basa en la calidad de las acciones, sino en la cantidad y superficialidad de las mismas. Una sociedad con características «adictivas», probablemente se caracterice por una sociedad impulsiva. El concepto de sociedad adictiva fue desarrollado por Arnold Washton en su libro Querer No es Poder. En uno de sus capítulos caracteriza a la sociedad norteamericana, de los años noventa, como una «sociedad adicta», con rasgos de superficialidad, consumista. Una sociedad caracterizada por la inmediatez que supera (o deja escaso espacio) a la reflexión; lo efectivo es más efectivo que la eficiencia, y la evaluación de los procesos”.
—¿Podemos usar ese concepto para comprender lo que nos pasa?
—No quisiera parafrasear a Washton, así que hablaré de “sociedades ansiosas”. La sociedad es el reflejo de lo individual porque las problemáticas individuales son un síntoma de las problemáticas sociales. Hablar de problemáticas que llegan a la clínica psicológica, me obliga a distinguirlas. Por un lado, aquellas que son de demanda individual y otras que son de demanda familiar. Comenzando por lo individual, debo aclarar que el proceso de inicio y desarrollo de un “problema individual” se da en un contexto familiar-social. Cuando la demanda es individual, por ejemplo, por ataques de pánico, me es imposible no desarrollar un mapa mental de núcleos de convivencia del “paciente”, como una forma de realizar un abordaje “integral” de la persona en su particularidad.
Del mandato al deseo
—¿Podría hacer alguna suerte de generalización, aun cuando tengamos en cuenta todo lo que ya explicó?
—Veamos. Las problemáticas psicológicas que llegan a consulta, y según algunos autores –como Prochaska y DiClemente– son la minoría, y están relacionadas con una marcada ansiedad disfuncional, siendo la base de las problemáticas del tipo ansioso, como los Trastornos de Ansiedad Generalizada, los TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y un marcado proceso de disfunción comunicacional entre los pacientes y sus familias. En mi experiencia clínica, muchas demandas fueron expresadas en consulta, relacionadas con problemas de comunicación con su pareja, malestar “existencial” de no poder cumplir con las expectativas laborales, académicas y familiares. Estas personas se caracterizan por poseer demandas muy rigidizadas, del tipo “Debo”, “Él Debe…”. Según Ellis, los “debo” “deben” ser modificados –filosófica y cognitivamente– por “deseo”.
—Y en las familias, ¿qué se observa?
—A ese nivel las demandas o consultas provienen de personas que se caracterizan por estar pasando una crisis “evolutiva” familiar (es normal y esperable), por poseer uno o más miembros en la preadolescencia y/o adolescencia. Estas familias suelen confundir límites con autoritarismo, y el límite es una relación de amor cuando es asertivo (sin agresión o “excesos”). Del mismo modo que un árbol tiene un tutor cuando comienza a tumbarse, así deben ser los límites de los padres hacia los hijos.
—¿Y cómo impacta todo esto en lo “orgánico”?
—Las problemáticas antes mencionadas (dejando de lado muchas más), se caracterizan por la activación del Sistema Simpático, entre otros, que no me explayaré, que trae aparejado problemas digestivos, cardíacos, problemas a la hora de conciliar el sueño, entre otros, que se abordan en conjunto con la medicina. Por último, y tal vez por mi formación, en la consulta ambulatoria, se han incrementado las demandas de familias con miembros adolescentes y adultos que abusan de sustancias.
—¿Qué plantean los padres?
—Los padres llegan, lógicamente, desesperados, desbordados, llenos de mitos, sobre las adicciones, que están muy alejadas de las investigaciones científicas o de lo real. Estos mitos potencian la desesperación de las familias, por un lado, y por otro, dan seguridad a los adolescentes para seguir transgrediendo límites que, para ellos, “deben” transgredirse. La adolescencia, entre otros importantes rasgos, se caracteriza por la sensación de omnipotencia, a veces hasta los adultos sufrimos eso. La ecuación es sencilla: falta información o hay información desvirtuada y familias desbordadas por el desconocimiento. Lógicamente, esta demanda es abordada de dispositivos familiares, como otras consultas individuales que luego son abordadas del mismo modo si el caso lo requiere.
Intervenciones
—¿Cómo se trabaja en casos tan complejos?
–El abordaje de las adicciones debe hacerse tanto desde dispositivos individuales como familiares y sociales, con profesionales con rigurosa y acreditada capacitación. En mi corta experiencia en instituciones que trabajan en la problemática, pude observar características del tipo en lo vinculado a la organización de los dispositivos y al abordaje, aunque una carencia significativa de formación académica específica, y el no cumplimiento de la nueva ley de salud mental.
—¿Qué desafíos plantea la norma, según su perspectiva?
—Bien. Retomando el concepto de sociedad ansiosa, y vinculándolo con una de la problemáticas que marcadamente asola el mundo, creo que el desafío está, en primer lugar, en pensar, intervenir y abordar las adicciones, desde lo integral. Se habla mucho de “inclusión”. Y está muy bien que así sea. Aunque la inclusión se logra cuando antes ya se integró. Esta distinción “semántica” no es menor, creo yo. Para integrar es necesario satisfacer necesidades básicas, aliviar, sanar, rehabilitar, educar, capacitar y asegurar condiciones para el ingreso al universo del trabajo. Y ahí podemos hablar recién de “inclusión”. Es decir, que el desafío es grande. Y excede estrictamente al amplio campo de la salud mental. Vale aclarar que cuando hablo de abordaje integral, me refiero a interdisciplinario, por un lado. Interdisciplinarios son los dispositivos asistenciales psicológicos, médico-clínicos, psiquiátricos, con profesores de educación física, nutricionistas, trabajadores sociales, acompañantes terapéuticos, capacitadores en oficios, arte y cultura general, etcétera. Para que los chicos no vuelvan a elegir las sustancias, primero debemos educar, ofrecer alternativas, y luego tratar. Abordar la problemática de la persona en su complejidad y luego su dependencia. Por otro lado, y como ya he dicho, cuando hablo de abordajes integrales, refiero a dispositivos que atiendan tanto a lo individual como a lo familiar y social. Las teorías que han demostrado evidencia de sus resultados son importantes individualmente, pero más eficientes son cuando las utilizamos de modo integrativo, no quiero decir con esto ecléctico. Finalmente, si bien la provincia de Santa Fe viene planteando un mirada y abordaje –creo yo, humildemente– muy completo y en congruencia con lo que se propone, hay instituciones privadas u ONG que necesitan ser puestas bajo la lupa de los órganos de contralor. La nueva ley es el oxígeno que la problemática de las adicciones necesitaba para que las políticas en salud no se ahogaran luego de veinte años de hacer siempre lo mismo.














